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marzo 12, 2019

“Estuve dentro de mi mamá”

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Los niños a veces bromean: “Creo que mi mamá es un dios. Aunque lo hice a escondidas, ella sabe que fui yo. No solo sabe cuándo estoy contento y feliz, sino que también sabe cuándo estoy enfermo, triste o dolorido. Es como si me conociera mejor que yo mismo”. Eso no es todo. Ella defiende a sus hijos incluso ante la amenaza de muerte.

No necesitamos mencionar el caso de un bebé prematuro de 27 semanas de edad, que regresó de la muerte después de haber sido sostenido en los brazos de su madre durante dos horas, para mostrar el milagro de las madres que han salvado a sus hijos que estuvieron al borde de la muerte. Las madres tienen un milagroso instinto de lograrlo todo por sus hijos sin temer a nada. A esto se le llama maternidad. ¡El poder de la maternidad que surge de un cuerpo delicado! ¿De dónde proviene toda esta fuerza?

El cerebro de una madre la identifica con sus hijos

Para contestar la pregunta anterior, en mayo de 2011 se realizó por primera vez un experimento en relación al amor de una madre, y fue transmitido por un canal de televisión educativo. El departamento de psicología de la Universidad de Corea llevó a cabo el experimento, utilizando la IRMf (Imagen por resonancia magnética funcional) para escanear el cerebro.

En total, 22 madres que tenían hijos en secundaria participaron en este estudio; once eran coreanas y once estadounidenses. La duración del experimento fue de diez minutos, y en él se entregaron cerca de 150 adjetivos relacionados con la personalidad y las emociones. Las madres hacían clic para seleccionar las palabras que pensaban que las describían. Después se les pidió que seleccionaran las que describían a sus hijos y por último, las palabras que describían a los demás de igual manera.

El experimento reflejó la diferencia de los pensamientos de las madres relacionados consigo mismas, con sus hijos y con los demás. El cerebro humano utiliza lo que se llama la Corteza Prefrontal Medial cuando alguien opina sobre sí mismo. Esta región del cerebro, que se encarga de la información social, se activa y se utiliza para describir pensamientos de uno mismo. Por otro lado, la Corteza Prefrontal Dorsal Medial se activa y se utiliza cuando una persona describe o da una opinión de los demás.

Durante el experimento, se visualizó la actividad cerebral de las madres participantes mediante resonancia magnética funcional. Cuando las madres elegían las palabras que pensaban que las describían, se activaba la corteza prefrontal medial (la región del cerebro asociada con la información social). Y como se anticipaba, cuando elegían las palabras que pensaban que describían a los demás, se activaba la corteza prefrontal dorsal medial.

Entonces, ¿cómo reconoce el cerebro de las madres a sus hijos, que no son ellas mismas ni los demás? El resultado de este experimento fue sorprendente. Cuando las madres juzgaron la información sobre sus hijos, se activó la corteza prefrontal medial (la región del cerebro que se activa cuando se piensa sobre uno mismo). La misma respuesta se observó tanto en las madres coreanas como en las estadounidenses.

Entonces, ¿qué nos dice este resultado acerca del instinto maternal? Nos muestra que las madres se consideran a sí mismas y a sus hijos como un mismo ser. En otras palabras, el cerebro de las madres reconoce a sus hijos como si fueran ellas mismas, como un clon.

Acerca de este resultado, los expertos en psicología declararon: “El cerebro de una madre reconoce a su hijo como si fuera ella misma”, y agregaron: “Universalmente, las madres piensan en sus hijos como si fueran ellas mismas, por lo tanto, el instinto maternal existe biológicamente”. El programa de televisión concluyó que, como las madres consideran a sus hijos como a ellas mismas, pueden tener amor infinito hacia ellos, el amor maternal que no considera ni a la muerte.

Entonces, ¿por qué el cerebro de las madres reconoce a sus hijos como iguales? ¿Será porque existe un vínculo muy fuerte entre la madre y el hijo desde el nacimiento? Cuando examinamos los resultados que los científicos expusieron, esta debe de ser la respuesta.

Imagen 1. La región cerebral que se activa cuando una madre juzga sobre sí misma (Corteza Prefrontal Medial, de color amarillo). La región que se activa cuando la madre juzga a los demás (Corteza Prefrontal Dorsal Medial, de color azul)
Imagen 2. La región cerebral que se activa cuando una madre juzga sobre sus hijos (la misma parte)
Las imágenes son del documental EBS TV, “Mother Shock” parte 2: “Hay un hijo en el cerebro de mamá”.

Microquimerismo, el vínculo entre una madre y sus hijos

Según un experimento científico, madres e hijos están entrelazados por un misterioso mecanismo llamado microquimerismo.

Micro significa pequeño. Quimera 1 significa síntesis de dos o más elementos que tienen diferentes orígenes. Todos los mamíferos comparten su ADN y sus células con sus fetos cuando conciben. El microquimerismo es la presencia de un reducido número de células originarias de otro individuo y que, por lo tanto, son diferentes genéticamente de las células del individuo huésped.

Lo mismo sucede con los seres humanos. Todas las personas tienen células de su madre obtenidas en el momento en que estaban en su vientre. Hace unos 60 años, los científicos descubrieron el microquimerismo maternal, que es el fenómeno en el cual las células de la madre se arraigan en su feto.

Un reporte de ese tiempo mostró que las células de cáncer de piel de una madre se compartieron con el feto. Desde ese momento, los biólogos expertos empezaron a entender que existen maneras en que las células maternas se compartan también con sus fetos. El inmunólogo J. Lee Nelson junto con un grupo de colegas del Centro del Cáncer Fred Hudchinson de Seattle, EE. UU., realizaron muestras de sangre a 32 mujeres sanas y descubrieron que siete de ellas tenían leucocitos de sus madres.

Entonces, ¿es posible que los fetos compartan células con sus madres y sus células se arraiguen en el cuerpo de la madre? Sí lo es. Durante el embarazo, la madre y el feto intercambian células mutuamente.

Los científicos descubrieron que las mujeres que habían experimentado embarazos, tenían células de sus hijos en ellas. El proceso de recibir células de los fetos, llamado microquimerismo celular fetal, fue descubierto en 1893 por un patólogo alemán que encontró células fetales en los pulmones de madres que habían muerto de hipertensión durante el embarazo. Después, Leonard A. Herzenberg y sus colegas de la facultad de medicina de la Universidad Stanford, descubrieron un cromosoma Y —el cual determina que un feto sea varón— en las células sanguíneas de mujeres que estuvieron embarazadas de hijos varones.

Las mujeres tienen dos cromosomas X. Por consiguiente, era seguro que el cromosoma Y hallado en su sangre era de los fetos durante su embarazo. También Diana W. Bianchi, genetista del Centro Médico Tufts, encontró ADN masculino en las madres que habían experimentado embarazos de varones.

En base a los resultados de la investigación, las células microquiméricas entre las madres y los fetos se hallaron en diferentes partes del cuerpo como el corazón, el hígado, los pulmones, los riñones, la medula ósea, la piel, la sangre, la glándula tiroides, etc. Los científicos analizan que el cromosoma Y, que se encuentra en la sangre de las madres, proviene del feto varón cuando estuvo embarazada. El ADN del feto puede encontrarse en la sangre del 80 o 90 % de mujeres embarazadas. Esto se debe a que las células fetales entran en el cuerpo de la madre pasando a través de la placenta cuando está en el vientre.

Sin embargo, el hecho de que el cromosoma Y se encuentre en el cuerpo de las mujeres no significa que la madre intercambie células solo con su hijo varón. La razón por la que es difícil encontrar células fetales femeninas en la madre es que ambas tienen cromosomas X. Los científicos explican que los fetos femeninos también dejan rastro en muchas regiones del cuerpo de su madre tanto como los fetos masculinos.

Las células microquiméricas entre la madre y el feto se encuentran en varias partes de su cuerpo. (La parte donde las células microquiméricas se depositan entre la madre y el feto.)
Your Cells Are My Cells, J. Lee Nelson, Scientific American, febrero de 2008

Las células de los hijos que viven en sus madres

¿Qué rol desempeñan las células de un hijo que se han implantado en el cuerpo de la madre a través del microquimerismo? Generalmente las células que se transfieren a los demás mediante un trasplante de médula o transfusión sanguínea, generan efectos secundarios debido al rechazo inmunológico, o desaparecen después de algún tiempo al ser atacadas por los mecanismos de defensa del sistema inmunológico.

Sin embargo, las células fetales que migraron a la madre a través del microquimerismo, continúan aumentando en número y crecen durante años. Las células microquiméricas son halladas en la sangre de la madre incluso 25 años después de dar a luz y en las células de los tejidos hepáticos después de 20 años.

Las células microquiméricas, que permanecen en la sangre de la madre incluso después del parto, se involucran en el sistema inmunológico. En este caso existen algunos efectos negativos, tales como causar enfermedades; pero es sabido que casi siempre las células fetales en el cuerpo de la madre migran a sus heridas y regeneran los tejidos.

Se dice que las células fetales actúan como células precursoras (células madre que se han desarrollado hasta el punto de convertirse en cualquier tipo de célula sanguínea) en el proceso de regenerar tejidos, y ayudan al cuerpo de la madre. En realidad, está comprobado que las células fetales desempeñan el importante rol de mejorar y aliviar el cáncer de mama de la madre y el reumatismo. Algunos científicos incluso dicen que la razón por la que las mujeres viven más que los hombres es por las células frescas que reciben de los fetos.

Las células fetales que fluyen en el cuerpo de las madres también las ayudan a recuperarse de problemas cardíacos. Un equipo de médicos, incluyendo a Hina Chaudhry, del Centro Médico Monte Sinaí en Nueva York, llevaron a cabo un experimento para examinar por qué las mujeres embarazadas se recuperaban más rápido que otras enfermas de miocardiopatía o infarto agudo de miocardio, y para comprobar si las células fetales proporcionaban asistencia en esto.

Como resultado, en noviembre de 2011, una revista académica de la Asociación Estadounidense del Corazón, publicó el descubrimiento de que las células de un bebé ratón que entraban en el corazón de la mamá ratona durante el embarazo, se convirtieron en un nuevo tipo de células miocárdicas y proporcionaron asistencia para la recuperación de su corazón. La Dra. Chaudhry declaró: “Las células fetales que entran en el cerebro de las madres también se convertirán en nuevas células nerviosas”, y prosiguió: “No hay duda de que las células fetales proporcionan asistencia en la protección del cerebro de la madre contra enfermedades”.

Una madre vive toda su vida teniendo a sus hijos en su cerebro

Hasta hace pocos días, los científicos insistían en que las células microquiméricas fetales que estaban distribuidas en el cuerpo de la madre, se hallaban en todas partes de su cuerpo excepto en el cerebro en el caso de los seres humanos; pensaban que era imposible que ocurriera el microquimerismo en el cerebro humano entre la madre y el feto, debido a la barrera hematoencefálica.

Todos los humanos tienen una barrera hematoencefálica en el cerebro. Tal como el nombre lo indica, es una barrera entre la sangre y el líquido que cubre el cerebro, una densa capa de células estrechamente unidas que recubren los capilares del cerebro, para protegerlo de cualquier objeto extraño que intente entrar en el cerebro. Por consiguiente, bloquea cualquier tipo de químicos medicinales, patógenos y sustancias dañinas que van hacia el sistema nervioso central a través de la sangre. Por eso los científicos pensaban que no había espacio para el flujo de las células fetales en el cerebro de las madres, porque la barrera hematoencefálica impide el intercambio de células entre la madre y el feto.

Sin embargo, los científicos encontraron el cromosoma Y en el cerebro de la ratona. No había duda de que la ratona hembra había recibido este cromosoma de su feto masculino durante el embarazo. A partir de esto, el Centro de Investigación del Cáncer Fred Hudchinson, comenzó un experimento cuestionando la posibilidad de la migración de las células fetales al cerebro de la madre, y si así fuera, cómo logró pasar la barrera hematoencefálica. El 26 de septiembre de 2012 presentaron estos resultados mediante la revista científica internacional PLOS ONE. La conclusión fue que se encontró el cromosoma Y en varias regiones del cerebro de las mujeres que habían experimentado el embarazo. Este fue el primer descubrimiento de ADN masculino en el cerebro de mujeres.

El equipo del Dr. William F. N. Chan del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hudchinson, tomó muestras de tejido cerebral de 59 mujeres que habían fallecido a una edad promedio entre 31 y 101 años para ver si había cromosomas Y. Como resultado, el equipo de investigación descubrió que cerca del 63 % de las mujeres tenían el cromosoma Y en su cerebro. Ellos afirmaron que el cromosoma Y fue transferido de sus fetos durante el embarazo. El Dr. Chan declaró a los medios de comunicación: “Cuando una mujer está embarazada, hay un cambio en su barrera hematoencefálica y los tejidos del feto masculino pueden entrar fácilmente en el cerebro. A través de este experimento, descubrimos que este microquimerismo es posible”.

El equipo de investigación añadió que, así como las células fetales proporcionan asistencia en la recuperación de las enfermedades de la madre, las células fetales del cerebro de la madre también ayudan en la recuperación del Alzheimer y la demencia. Se descubrió que las mujeres con demencia tienen menos células fetales en su cerebro que las mujeres que no tienen demencia. Esto se debe a que el cromosoma Y proporciona ayuda para proteger el cerebro de la madre.

También descubrieron que las células fetales que pasaron a través de la barrera hematoencefálica se mantuvieron en el cerebro de la madre por largos períodos. En este experimento, la mujer con más edad que tenía el cromosoma Y tenía 94 años. Esto demuestra que el cromosoma Y permanece en el cerebro de las mujeres por varias décadas después de su embarazo. Esto significa que las madres viven durante toda su vida con sus hijos en su cerebro.

Las madres están programadas para vivir para la vida de sus hijos

Muchos científicos han llegado a la misma conclusión de que cuando una mujer se convierte en madre, se transforma en un ser completamente diferente. Cuando una mujer se embaraza, comienza a tener la mentalidad de un guerrero, como si fuera el ángel de la guarda de sus hijos. Los expertos afirman que las células fetales desempeñan el importante rol de convertir a una madre en un guerrero, como la Mujer Maravilla, cuando se implantan en su cuerpo. Los psicólogos también explican: “Las células fetales entran en las venas de la madre y fluyen a sitios específicos del cerebro que hacen florecer el deseo de proteger a sus hijos”. La maternidad hace nacer el instinto maternal.

Desde el momento en que una madre tiene un bebé, vive como si su propósito fuera únicamente su hijo, esforzándose por el bien de su vida. Ella ignora por completo el dolor y las heridas que sufre en el proceso. Está dispuesta a atravesar cualquier tipo de dolor y sacrificio cuando se trata de sus hijos, incluso dejando su propia vida. Esta clase de amor y de sacrificio es posible solo porque es madre.

Dios ha diseñado que el bebé viva dentro del cuerpo de su madre durante nueve meses, y durante ese período, él deja sus células en muchas partes diferentes del cuerpo de su madre, incluyendo el cerebro. Por lo tanto, una madre está programada para vivir con las células de sus hijos en su cuerpo, solo para el bienestar de sus hijos, incluso abandonando su propia vida.

De esta manera, las madres han sido creadas como las que logran su cometido solo después de cuidar de sus hijos y proteger su vida con inmenso cuidado, amor y sacrificio.

“A la mujer le dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; […]” Gn. 3:16

“[…] Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes” Gn. 3:20

Una madre es un ser elegido para cargar con su hijo durante un largo período de nueve meses, darlo a luz con severo dolor y vivir solo para proteger la vida de su hijo. Después de revelar el misterio de la maternidad y del amor maternal que permite que una mujer incluso abandone voluntariamente su propia vida por el bienestar de su hijo, hemos descubierto que nuestras madres nos tienen en cada parte de su cuerpo. Ellas nos tienen en su cerebro durante toda su vida.

Referencias 1) Documental EBS TV, “Mother Shock” parte 2: “Hay un hijo en el cerebro de mamá”, 31 de mayo de 2011 2) Your Cells Are My Cells, J. Lee Nelson, Scientific American, febrero de 2008, pp. 72-79 3) News Release of Fred Hutchinson Cancer Research Center, Men on the Mind: Study Finds Male DNA in Women’s Brains, 26 de septiembre de 2012 4) Male Microchimerism in the Human Female Brain, William F. N. Chan, PLOS ONE, 26 de septiembre de 2012 5) Medical News Today, Female Brain Contains Male DNA, 27 de septiembre de 2012 6) En el cerebro de las madres viven sus hijos e hijas, Lee Yeong-wan, Chosun Ilbo, 10 de octubre de 2012

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