El gozo del pecado y el gozo del cielo

776 visualizaciones
Escuchar 51:32

La vida cambia según dónde pongamos nuestro punto de referencia. ¿Nos embriagaremos con los placeres mundanos de esta tierra, o viviremos por la gloria del cielo que Dios ha preparado y prometido? En el camino de la fe, siempre podemos enfrentarnos a esta encrucijada.

Tal como Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”, el camino que sigue la vida de Cristo conlleva sufrimientos (Mt 16:24). Asimismo, todo aquel que quiera vivir piadosamente en Dios, enfrentará necesariamente persecuciones, ya sean grandes o pequeñas (2 Ti 3:12). A través de la Biblia, examinemos qué gozo debemos valorar más en nuestra vida de fe: ¿el gozo del pecado o el gozo del cielo?

El sufrimiento que conlleva el camino de la fe

Una vida entregada a la gloria del reino de Dios no siempre es feliz, brillante o placentera bajo los estándares del mundo; en ella, inevitablemente, surgirán dificultades.

Si observamos la historia de Daniel, hubo un grupo que le impedía hacer incluso una sola cosa: orar a Dios. Sin embargo, aun sabiendo que el rey había emitido un decreto que condenaba a ser arrojado al foso de los leones a cualquiera que orara a alguien que no fuera el rey, Daniel no dejó de orar, sino que oró tres veces al día hacia Jerusalén (Dn 6). Esta es la actitud de alguien que valora más el gozo del cielo. Si Daniel se hubiera aferrado al gozo del pecado, habría tenido miedo de ser devorado por los leones y ni siquiera habría podido orar adecuadamente.

Recordemos también la trayectoria de Sadrac, Mesac y Abed-nego. Aunque existía un mandato real de que quien no se postrara ante la imagen de oro sería arrojado a un horno de fuego ardiente, ellos aceptaron ese resultado terrible (Dn 3). Esto fue así porque consideraron la gloria y las bendiciones del cielo como algo mucho más grande que el gozo del pecado.

Sadrac, Mesac, Abed-nego y Daniel eligieron una vida semejante a la cruz, porque consideraron que el gozo y la gloria eternos que disfrutarían en el reino de Dios eran mucho más grandes y valiosos que el gozo del pecado en esta tierra. Detrás de ello, estaba el futuro glorioso prometido por Dios. Dios les concedió una vida mucho más llena de gracia y hermosa a quienes tomaron la decisión correcta.

En la parábola del rico y el mendigo Lázaro mencionada por Jesús, la vida del rico se desarrolló soñando solo con riquezas y placeres mundanos, mientras que la vida de Lázaro fue verdaderamente humilde y escasa. Sin embargo, después de que ambos murieron, el rico fue al infierno y Lázaro, que había sufrido, fue acogido en el seno de Dios. A través de este marcado contraste, Dios nos pregunta hoy si elegiremos el gozo del pecado o el gozo del cielo (Lc 16:19-31).

Esaú y Jacob: la diferencia en la elección

A través de la historia de Jacob y Esaú, podemos descubrir el principio sobre el gozo del pecado y el gozo del cielo.

“Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob. Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.” Génesis 25:27-33

Esaú cambió su primogenitura por un plato de lentejas. Diciendo que no le servía de nada porque estaba a punto de morir, se la entregó a Jacob bajo juramento. Aunque pudo calmar su hambre y disfrutar de una breve saciedad y placer en ese momento, debido a ello, todas las bendiciones pasaron íntegramente a Jacob.

Esaú dio por sentada su primogenitura y no la valoró lo suficiente como para apostar su destino por ella. Por otro lado, Jacob siempre pensaba en las bendiciones que Dios otorga y en el gozo del cielo, preguntándose: “¿Cómo puedo recibir más bendiciones?”, “¿Cómo puedo recibir más gracia de Dios?”. Se podría decir que uno se regocijó más en el gozo del pecado y el otro valoró más el gozo del cielo. No debemos ser como Esaú, embriagándonos con el gozo del pecado de este mundo, sino convertirnos en personas como Jacob, que se regocijan más en el gozo del cielo.

El final de aquellos seducidos por el gozo del pecado

Examinemos también el caso de Judas Iscariote, uno de los doce discípulos de Jesús.

“Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.” Mateo 26:14-16

Judas Iscariote, a quien conocemos muy bien, fue quien entregó a Jesús por treinta piezas de plata. Aunque pudo haber disfrutado del dulce gozo del pecado por un instante, en realidad ni siquiera pudo disfrutarlo plenamente.

“Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.” Mateo 27:3-5

Judas Iscariote estaba en un estado en el que había renunciado a todo el gozo que obtendría en el cielo, seducido por el gozo del pecado momentáneo. Se puede decir que, cuando vendió a Cristo, que vino a salvar a la humanidad, por treinta piezas de plata, su mundo espiritual ya era un infierno y estaba devastado. Después, podemos encontrar en la Biblia la escena en la que devuelve ese dinero a los principales sacerdotes y se enfrenta a un final trágico (Hch 1:15-19).

En Génesis capítulo 19, también está registrada la historia de aquellos que perecieron buscando el gozo del pecado.

“Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar; porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo. Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba. Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad. Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad. Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.” Génesis 19:12-17

En el momento de la destrucción de Sodoma y Gomorra, todos en la ciudad, excepto la familia de Lot, estaban inmersos en los placeres de la carne. Aquellos que buscaban el gozo del pecado y sin reparos cometían incluso las cosas que Dios prohibía, terminaron pereciendo a causa de la lluvia de fuego y azufre que descendió del cielo (Gn 19:1-26).

La historia bíblica pasada está registrada para nuestra enseñanza (Ro 15:4). Se puede decir que Esaú, Judas Iscariote y la gente de Sodoma y Gomorra son ejemplos de quienes renunciaron fácilmente al gozo del cielo, embriagados por el gozo momentáneo del pecado. Aunque todos se arrepintieron profundamente, ya era demasiado tarde. Mirando la historia pasada, les pido que no vivan embriagados por el gozo del pecado de esta tierra, sino que vivan dirigiéndose al cielo como hijos de Dios.

Una vida que elige el gozo del cielo

El hecho de que guardemos diligentemente el día de reposo y la pascua, y sigamos los estatutos y leyes de Dios, es también porque aspiramos a la gloria del reino de los cielos eterno. Por el contrario, la razón por la que la gente no acepta las palabras de Dios, aunque estén claramente escritas en la Biblia, es porque prefieren el gozo del pecado al gozo del cielo. Debido a que ponen su esperanza en la gloria del mundo y desean ser reconocidos por los demás, eligen una vida como la de Esaú o la de Judas Iscariote.

No debemos perder el gozo del cielo al quedar cegados por el gozo del pecado. Si pensamos en las bendiciones y la gloria del reino de Dios que compartiremos con Él, en lugar de centrarnos en el breve gozo del pecado, podemos soportar y vencer las dificultades, disfrutando así del eterno gozo del cielo. Moisés es un buen ejemplo de ello.

“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.” Hebreos 11:24-26

Aunque Moisés estaba en una posición en la que podía heredar el trono de Egipto como hijo de la hija de Faraón, valoró más sufrir con el pueblo de Dios que disfrutar de los deleites temporales del pecado. La frase que dice que consideró el vituperio de Cristo como mayor riqueza que todos los tesoros de Egipto significa que valoró más el cielo. Nosotros también, establezcamos correctamente las coordenadas de nuestra vida sobre por qué vivir, y avancemos diligentemente hacia ese camino.

“Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. […] El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” Romanos 8:12-18

“Las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera”, esta es la fe de quienes abandonan el gozo del pecado por el gozo del cielo. No se puede obtener todo lo de esta tierra y todo lo del cielo al mismo tiempo. Para obtener lo del cielo, se debe renunciar en cierta medida a lo de esta tierra; y para obtener mucho de esta tierra, se debe abandonar lo del cielo en igual medida.

Aunque nadie desea el sufrimiento en sí, quien ha elegido la gloria del cielo debe sobrellevar ciertas dificultades y dolores en esta tierra. Dios nos está advirtiendo que nunca cometamos la insensatez de renunciar a lo eterno por algo momentáneo. La enseñanza de la Biblia es que vivamos imitando la vida de Cristo como hijos de Dios, en lugar de vivir según la carne siguiendo el breve gozo del pecado.

“[…] que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente […] los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” Efesios 4:17-24

Dios ha renovado nuestras vidas, que antes perseguían el vano gozo del pecado, para que vivamos por el gozo del cielo. Por tanto, como personas del reino de Dios, equipémonos con el carácter y la correcta actitud de fe; aunque suframos pérdidas en esta tierra, no cedamos nunca las bendiciones celestiales y, como Jacob, esforcémonos hasta el final por recibirlas.

Siguiendo el ejemplo de Cristo

Examinemos una vez más nuestra fe para ver si valoramos el gozo del pecado de esta tierra o el eterno cielo, y corramos diligentemente por la gloria del reino de Dios. Jesús también cargó con la cruz por el gozo puesto delante de Él, es decir, el gozo del cielo.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12:1-2

Jesús, incluso mientras sufría toda clase de burlas y tribulaciones en la cruz, soportó y sobrellevó todo con el único propósito de salvar a sus hijos. Para abrirles el camino de regreso al cielo, por la redención y el perdón de los pecados de la humanidad, y por la gloria y el gozo que se desplegarán en el eterno reino de los cielos, se entregó a sí mismo en medio del sufrimiento y la persecución, sin menospreciar en lo más mínimo el oprobio.

Este es el camino que recorrió el Padre, el camino que está recorriendo la Madre y el camino que nosotros debemos seguir. Como nuestro destino es el cielo, no volvamos nuestros ojos al mundo, sino dirijamos nuestra mirada y establezcamos nuestra dirección hacia el reino de los cielos, viviendo correctamente como ciudadanos celestiales. ¿No podríamos convertirnos en personas como Daniel, Sadrac, Mesac, Abed-nego, el apóstol Pablo o Pedro si hacemos eso? Aquellos que siguieron las palabras de Dios en cualquier situación eran personas que valoraban más la gloria del cielo que la gloria de esta tierra y ponían mayor valor en el gozo del cielo.

En esta época, Dios nos ha dado una gran meta y misión. “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mt 28:18-20). Esta obra no es el camino de la gloria mundana que el mundo admira, sino el camino de la gloria del reino de Dios. Tal como está escrito que los que enseñan a la multitud la justicia brillarán como las estrellas por toda la eternidad (Dn 12:1-3), los santos eligen ese camino dejando atrás los placeres de esta tierra, porque al final del camino hay muchas recompensas, gracias y bendiciones preparadas por Dios. Para quienes priorizan el gozo del pecado de este mundo, este camino puede resultar arduo y sentirse como un castigo; sin embargo, para aquellos que contemplan la gloria del cielo, es una tarea más que natural, y todo lo que experimentan en el proceso es sumamente lógico y debido.

En cualquier momento y lugar, vivamos por el gozo y el placer eternos del cielo en lugar de disfrutar el gozo del pecado de esta tierra por un momento. Siguiendo el camino de vida que Cristo caminó, prediquemos el evangelio hasta lo último de la tierra; y cuando Dios pese nuestra fe en la balanza, les pido que todos seamos familias de Sion que se presenten ante Dios sin mancha ni arruga, con una fe pura en la que el gozo del pecado no aparezca ni en un por ciento.

El gozo del pecado y el gozo del cielo

51:32
0:00 51:32

Velocidad de reproducción

1x

Esta voz ha sido generada por IA. Pueden producirse ligeras variaciones.