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La Fiesta de las Trompetas

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La Fiesta de las Trompetas es la primera de las fiestas de otoño entre las siete fiestas de tres tiempos. La Fiesta de los Tabernáculos, que es el tercer grupo de las tres fiestas representativas, incluye la Fiesta de las Trompetas, el Día de Expiación y la Fiesta de los Tabernáculos. En la Fiesta de las Trompetas, cuando se tocaban las trompetas, según las reglas de esta fiesta los israelitas tenían tiempo de arrepentirse, purificando sus corazones, hasta el Día de Expiación.

Las trompetas son instrumentos musicales que añaden fuerza y vitalidad a una melodía; se utilizan para diversos fines, como corneta que anuncia la mañana, una alarma de señal de guerra, etc. En la Fiesta de las Trompetas, una de las fiestas solemnes de Dios, se utilizaban para anunciar el Día de Expiación e instar al pueblo al arrepentimiento. ¿Por qué Dios ordenó a los israelitas tocar las trompetas del arrepentimiento? En esta época, ¿qué trompeta debemos tocar y de qué pecados debemos arrepentirnos? Averigüemos el significado contenido en la Fiesta de las Trompetas.

El origen de la Fiesta de las Trompetas

Como las otras fiestas anuales, la Fiesta de las Trompetas también encuentra su origen en las obras de Moisés. Después de cruzar el Mar Rojo, los israelitas llegaron al desierto de Sinaí. Como Moisés no bajaba del monte después de cuarenta días, los israelitas pensaron que había muerto. Entonces hicieron un becerro de oro, un ídolo, como un dios que los guiara. Olvidando la gracia y el poder de Dios, que los sacó de Egipto y les concedió la libertad, adoraron al becerro de oro. Como resultado, la ira de Dios ardió contra los israelitas.

Cuando Moisés descendió del monte con las tablas de los diez mandamientos después de cuarenta días, se enfureció al ver a los israelitas adorando lascivamente el ídolo, y arrojó las tablas de sus manos y las quebró al pie del monte. Ese día, estalló una guerra en el campamento, y murieron unas tres mil personas que habían participado en la idolatría.

Los israelitas comprendieron que habían olvidado a Dios Todopoderoso y se habían apartado de sus leyes y mandamientos. Luego se despojaron de sus atavíos y oraron ansiosamente a Dios arrepintiéndose. Finalmente, Dios le ordenó a Moisés que subiera al monte Sinaí nuevamente para recibir los diez mandamientos, el primer día del sexto mes según el calendario sagrado. Después de ayunar otros cuarenta días, Moisés recibió los diez mandamientos por segunda vez y bajó del monte el décimo día del séptimo mes. Dios designó este día, el día en que Moisés descendió del monte, como el Día de Expiación, y diez días antes, el primer día del séptimo mes, como la Fiesta de las Trompetas.

“Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de reposo, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación. Ningún trabajo de siervos haréis; y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.” Lv 23:23-25

“En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas. Y ofreceréis holocausto en olor grato a Jehová, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto; y la ofrenda de ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero, y con cada uno de los siete corderos, una décima; y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros, además del holocausto del mes y su ofrenda, y el holocausto continuo y su ofrenda, y sus libaciones conforme a su ley, como ofrenda encendida a Jehová en olor grato.” Nm 29:1-6

El primer día del séptimo mes según el calendario sagrado es la Fiesta de las Trompetas, que se conmemoraba con toques de trompeta. El décimo día del séptimo mes es el Día de Expiación, cuando los israelitas eran perdonados de todos sus pecados cometidos durante el último año. Para prepararse devotamente para el Día de Expiación, anunciaban que el día se acercaba tocando trompetas diez días antes, en la Fiesta de las Trompetas. El toque de trompetas en la Fiesta de las Trompetas tiene un significado simbólico; nos insta a arrepentirnos, recordándonos que debemos ser más puros de corazón y reverenciar a Dios porque quedan diez días hasta que nuestros pecados sean expiados de acuerdo con la promesa de Dios.

El arrepentimiento y la expiación están inseparablemente relacionados, como lo están la Fiesta de las Trompetas y el Día de Expiación. Solo cuando alcancemos el verdadero arrepentimiento podremos recibir la gracia de la expiación de Dios.

Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado

Jesús también instó a la gente a arrepentirse cuando vino a la tierra hace dos mil años.

“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Mt 4:17

Lo primero que la gente debe hacer a medida que se acerca el reino de los cielos es arrepentirse. Es porque los que no se arrepienten verdaderamente no pueden obedecer la voluntad de Dios, y como resultado no entrarán en el reino de los cielos.

A veces, oímos en las noticias de los periódicos y la televisión sobre delincuentes que cometen crímenes terribles y, sin embargo, no se sienten culpables. Los que no tienen conciencia de pecado ni saben si sus acciones fueron correctas o incorrectas no pueden arrepentirse de sus pecados aunque sean castigados severamente y fracasarán en enmendarse. Espiritualmente sucede lo mismo. Los que no reconocen sus pecados son incapaces de arrepentirse, y sin arrepentimiento no pueden tener fe, obediencia ni verdadero amor por Dios. Aunque la Biblia dice: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo”, no pueden comprender por qué necesitan poner en práctica estas palabras.

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.” 1 Jn 1:8-10

La Biblia dice: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”. Somos pecadores. Aquí, nuestros pecados se refieren fundamentalmente a los pecados cometidos en el cielo antes de vestirnos de la carne. Jesús nos ayudó a comprender que somos pecadores, diciendo: “Arrepentíos”, y nos explicó nuestros pecados y transgresiones a través de la siguiente parábola.

“También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; […] el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. […] Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. […]” Lc 15:11-21

El hecho de que el hijo menor regresara a su padre significa que se arrepintió en su corazón. El núcleo de la enseñanza de Jesús en la parábola del hijo pródigo es el arrepentimiento.

En la parábola, se describe nuestro pecado simplemente como el acto de malgastar la riqueza del padre. Sin embargo, cuando leemos la Biblia con atención, podemos comprender que los pecados que cometimos en el mundo angelical no fueron veniales ni leves. La Biblia nos muestra que éramos ángeles del cielo, pero nuestro corazón se enalteció tanto a causa de nuestro desbordante esplendor que pecamos y fuimos arrojados a esta tierra (ref. Ez 28:11-17, Is 14:4-15). Los pecados que cometimos son tan graves que merecemos la muerte (Ro 6:23).

No reconocimos qué tipo de pecado cometimos en el cielo y solo perseguimos los deseos de la carne en esta tierra; éramos como el hijo pródigo. En la parábola, cuando el hijo se arrepintió, recordó el amor de sus padres y regresó a casa. Del mismo modo, cuando nos arrepentimos, podemos comprender la gracia y el amor del Padre y la Madre que perdonan nuestros pecados y nos reciben con alegría, y podemos regresar a nuestro hogar celestial.

Dios se complace con los que se arrepienten

A través de la Fiesta de las Trompetas, debemos comprender correctamente la voluntad de Dios que nos insta a arrepentirnos sinceramente, para que podamos amar y honrar verdaderamente a Dios y dirigirnos al eterno reino de los cielos. Si hemos sido inconscientes de nuestros pecados pasados y no hemos obedecido completamente la voluntad de Dios, debemos arrepentirnos de todos nuestros pecados a partir de ahora. Dios se complace mucho cuando las almas que estaban destinadas a morir se arrepienten en verdad y reciben la salvación.

“Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. […] Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, […]” Lc 15:22-32

“Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.” Lc 15:3-7

Dios está esperando ansiosamente en la puerta del cielo que sus hijos se arrepientan de sus pecados y vayan a Él. Entendiendo el corazón del Padre y la Madre, debemos arrepentirnos completamente de nuestros pecados.

Cristo perdonó nuestros pecados

Hasta que fuéramos liberados del pecado, Cristo se sacrificó y pagó nuestros pecados con su preciosa sangre. Jesús derramó su sangre preciosa en la cruz para expiar nuestros pecados y murió en vez de nosotros, redimiéndonos de nuestros pecados a los que estábamos condenados a la muerte eterna a causa del pecado.

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. […] Adán, el cual es figura del que había de venir. […] porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.” Ro 5:12-19

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. […]” Fil 2:5-11

Jesucristo sufrió tanto que incluso oró: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa”. Sin embargo, sabía que era imposible expiar los pecados y transgresiones de sus hijos sin pasar por ese proceso. Entonces, llevó nuestros pecados, siendo obediente a la voluntad de Dios hasta la muerte, de acuerdo con las profecías de la Biblia. Mediante su sacrificio en la cruz liberó a toda la humanidad de las cadenas del pecado y guio a todos al camino de la salvación.

Cristo vino a la tierra para buscarnos y perdonó todos nuestros pecados a través de su preciosa sangre de expiación. Por lo tanto, ya no debemos enredarnos en el pecado. Los que se arrepienten completamente nunca más pecan. Como la Biblia nos dice que si hemos resucitado con Cristo, nos despojemos del viejo hombre, debemos desechar todos nuestros hábitos pecaminosos y revestirnos del nuevo ser, como pueblo de Sion. La Biblia enseña que la Esposa del Cordero se viste de lino fino, las acciones justas de los santos (Ap 19:6-8).

A menos que nos arrepintamos, no podemos guiar al mundo al arrepentimiento. Si entendemos correctamente el sacrificio de Dios por nosotros, necesitamos reflexionar sobre nuestra vida y arrepentirnos por completo de nuestros pecados y transgresiones, confesándolos a Dios, para que podamos vivir santa y piadosamente conforme a su agradable voluntad.

Toquemos la trompeta del arrepentimiento al mundo

La Fiesta de las Trompetas no es solo la fiesta en la que los israelitas tocaban las trompetas en preparación para el Día de Expiación en los tiempos del Antiguo Testamento, sino que también muestra qué clase de trompeta debemos tocar en esta época. Nosotros, que vivimos en la última época del evangelio, debemos tocar la trompeta del arrepentimiento al mundo entero. Dios nos ha concedido la Fiesta de las Trompetas porque desea que nos arrepintamos de nuestros propios pecados y también que toquemos la trompeta del arrepentimiento a todas las personas.

El profeta Jonás huyó de Dios, pero en cuanto se arrepintió, tocó fuertemente la trompeta del arrepentimiento, y guio al arrepentimiento a ciento veinte mil personas de la ciudad de Nínive. Pedro negó a Jesús, pero después de arrepentirse, predicó el evangelio de Cristo y guio a tres mil personas al arrepentimiento en un solo día, para que pudieran recibir la verdad. Nosotros también debemos arrepentirnos con contrición y guiar a las personas al camino de la salvación tocando la trompeta del arrepentimiento hacia el mundo entero.

Esta trompeta anuncia las buenas nuevas: “El reino de los cielos se ha acercado. Por lo tanto, vayamos al cielo, después de ser redimidos de todos nuestros pecados”. Los que oyen el sonido de la trompeta, y se arrepienten y se dan cuenta de sus pecados, pueden venir a Dios y recibir el perdón de pecados. De esa manera, la Fiesta de las Trompetas tiene ese gran significado espiritual para nosotros.

La historia de la Biblia muestra que siempre hubo victorias después de que sonara la trompeta. Cuando Gedeón y sus trescientos guerreros tocaron las trompetas, pudieron derrotar al vasto ejército madianita de ciento treinta y cinco mil hombres y triunfaron. Cuando el ejército de Josué rodeó la ciudad de Jericó siete veces y tocó las trompetas, los muros de la ciudad colapsaron. Solo confiaron en Dios e hicieron como Él les había ordenado. A pesar de no saber lo que sucedería, avanzaron con fe creyendo que Dios les daría la victoria de todas maneras.

Lo mismo sucede con la trompeta del evangelio que debemos tocar en esta última época, la época del Espíritu Santo. Sin duda, tocar la trompeta nos dará la victoria. Si sostenemos la trompeta pero no la tocamos, ¿de qué sirve? Toquemos la trompeta del evangelio con claridad y enérgicamente hacia todas las personas del mundo, arrepintiéndonos con todo nuestro corazón, para que podamos estar de pie sin mancha e irreprensibles ante Dios cuando entremos en el reino de los cielos.