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Madre de sacrificio y amor

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La Biblia dice que Dios es amor (1 Jn. 4:8). Hasta llegar adonde estamos hoy, ha sido Dios Padre quien estableció el nuevo pacto, la verdad de vida, a través de su sacrificio, y Dios Madre, que no escatimó esfuerzos para guiarnos al eterno reino de los cielos incluso en este momento.

El amor del Padre es inconmensurable, y el amor de la Madre es aún más insondable, por eso no podemos llegar a comprender la profundidad de su amor por nosotros. De la Madre viene el poder que permite que los miembros de Sion se ayuden unos a otros y estén unidos en amor. El sacrificio y amor interminables de la Madre están venciendo todos los impedimentos de Satanás en el invisible mundo espiritual, y nos están guiando a nosotros, sus hijos, a la victoria. Ahora, dediquemos un tiempo para confirmar este hecho a través de la Biblia.

Un amor espléndido

Hace mucho tiempo, un maestro y sus estudiantes hicieron un largo viaje para obtener entendimiento. Yendo por el camino, discutían sobre cuál sería el amor más grande del mundo. Cuando llegaron a la aldea, encontraron muchos huesos humanos apilados. Probablemente había ocurrido un accidente o desastre repentino en esa aldea.

Mirando esa cantidad de huesos humanos retorcidos y mezclados, el maestro de pronto pareció ser invadido por un pensamiento, y preguntó a sus alumnos si podían encontrar el hueso de una mujer entre aquellos huesos. Ellos solo se miraron unos a otros, incapaces de seleccionar fácilmente los huesos de una mujer.

Entonces el maestro recogió uno de los huesos, y dijo que ese era el hueso de una mujer. Los alumnos entonces preguntaron cómo podía reconocer tan fácilmente el hueso de una mujer entre tantísimos huesos. El maestro les explicó la razón:

“Primero piensen en la vida de una mujer. Cuando es joven, es tratada como inferior al hombre solo porque es mujer. Cuando se casa y queda embarazada, provee todos los alimentos de su cuerpo para su hijo que aún no nace. Cuando da a luz a su hijo, tiene que derramar sangre. Además, cuando amamanta a su bebé, todos los nutrientes de su cuerpo pasan a su hijo por medio de la leche materna. Ya que hace esto, ¿cómo pueden permanecer los nutrientes en sus huesos? Esa vida amarga y sacrificada de una mujer ha dejado sus huesos ligeros y oscuros como este.”

Al escuchar al maestro, todos los alumnos recordaron a sus madres. “Esa es la vida de una madre. Ella lo da todo para sus hijos, pero no puede hacer nada para sí misma.” Al comprender esto, hubo una solemnidad en ellos por un instante. Estaban profundamente conmovidos de escuchar a su maestro decir que una madre lo da todo para sus hijos, hasta el tuétano de sus huesos, durante el embarazo, el parto y la crianza. Al pensar en sus propias madres, todos derramaron lágrimas.

Una madre es la que da amor incondicional a sus hijos. Ella solo da a sus hijos todo lo que tiene. ¿Por qué la vida de todas las madres de esta tierra es tan dedicada? ¿Por qué Dios hace que las madres sean seres tan sacrificados?

Una madre trata de dar todo a sus hijos con una cuidadosa preocupación por ellos, deseando que tengan éxito y prosperidad en la vida, aunque ella misma sufra mucho. Este amor y sacrificio es la naturaleza de una madre. Creo que Dios ha puesto el espíritu de amor y sacrificio en los corazones de las madres de esta tierra, porque esta es la naturaleza espiritual de nuestra Madre celestial.

Los que aman a Jerusalén y los que no sirven a Jerusalén

Como los alumnos de la historia anterior, que obtuvieron una comprensión de lo que su maestro dijo y quedaron conmovidos hasta las lágrimas, pensando en sus madres, nosotros también debemos comprender el sacrificio y amor de nuestra Madre espiritual y grabarlo profundamente en nuestros corazones.

『Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella; para que maméis y os saciéis de los pechos de sus consolaciones; para que bebáis, y os deleitéis con el resplandor de su gloria. Porque así dice Jehová: He aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río, y la gloria de las naciones como torrente que se desborda; y mamaréis, y en los brazos seréis traídos, y sobre las rodillas seréis mimados. Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo. Y veréis, y se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos reverdecerán como la hierba; y la mano de Jehová para con sus siervos será conocida, y se enojará contra sus enemigos.』 Is. 66:10-14

En Gálatas está escrito: “Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre” (Gá. 4:26). Por eso, “los que aman a Jerusalén” significa “los que aman a su Madre espiritual”. La Madre nos ha dado todo: su carne y su sangre, hasta sus huesos, hasta no tener nada que dar y sus huesos se debiliten. Debemos comprender cuánto nos ha dado la Madre y cuánto dolor y pena soporta secretamente.

Dios concede sus bendiciones sobre los que comprenden el amor de la Madre Jerusalén, y derrama su ira sobre los que no comprenden su amor y se vuelven de ella.

『Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos. […] ¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes, y como palomas a sus ventanas? Ciertamente a mí esperarán los de la costa, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro con ellos, al nombre de Jehová tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado. […] Porque la nación o el reino que no te sirviere perecerá, y del todo será asolado.』 Is. 60:1-12

Esta profecía de Isaías canta la gloria de Jerusalén que ha de aparecer en el futuro. También proclama la advertencia de Dios de que en el último día él juzgará a todas las personas y naciones que no sirvan a Jerusalén.

Proclamen la gloria de Jerusalén a todo el mundo

A fin de que el pueblo de Dios, que es pequeño y débil, pueda llegar a ser una nación poderosa, deben expandir la gloria de Jerusalén a todo el mundo. Dios Padre nos dijo que proclamemos la gloria de Jerusalén al mundo entero sin reposar.

『Tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme. El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.』 Is. 60:21-22

『Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra.』 Is. 62:6-7

La Biblia nos pide con insistencia que no dejemos de expandir la gloria de Jerusalén a todo el mundo. Si comprendemos el sacrificio, el amor y el dolor ilimitado de la Madre, debemos proclamar su gloria hasta los fines de la tierra.

Por medio de las madres en esta tierra, podemos comprender incluso un poco más el sacrificio y el amor de la Madre celestial. Todo sistema terrenal, todo lo que ha sido hecho en esta tierra, es figura y sombra de lo que hay en el cielo, y Dios creó todas las cosas por su voluntad (He. 8:5, Ap. 4:11).

Si el amor de un padre es un cerco invisible que nos rodea y nos da seguridad, el amor de una madre trabaja más directa y cercanamente a sus hijos. Suponga una situación urgente en la que los hijos están atrapados en el fuego. Cuando esto pasa, los padres tienden a juzgar la situación racionalmente, pero las madres lo juzgan sensitivamente. Los padres son más propensos a hacer un juicio racional: “Ya que el fuego se ha expandido tanto, si no logro sacarlo del fuego con éxito en unos segundos, ambos moriremos”. Por el contrario, las madres primero corren al fuego para salvar a sus hijos. El amor de una madre es tan incondicional.

La victoria dada a través del sacrificio y el amor de la Madre

Además, estamos creciendo en el amor de la Madre que sacrifica magníficamente todo para salvarnos a nosotros, sus hijos. Es por esta razón que nosotros, la descendencia de la mujer, podemos ganar la guerra espiritual contra Satanás al final.

『Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.』 Gn. 3:15

Dios dijo que pondría enemistad entre la serpiente y la mujer. La mujer es descrita como la “madre de todos los vivientes” (Gn. 3:20). La mujer (la Madre) y la serpiente (Satanás) son enemigas. La descendencia de la mujer y la descendencia de la serpiente también son enemigas.

Nuestro enemigo el diablo crea toda clase de trampas y engaños para tentarnos a desobedecer la santa voluntad de nuestra Madre celestial. Él inventa numerosas conspiraciones para hacernos perder el tiempo en las cosas terrenales que son insignificantes y pasajeras.

A fin de resistir las tentaciones de Satanás y obtener la victoria sobre él, necesitamos esforzarnos absolutamente en obedecer a la Madre Jerusalén y poner en práctica sus palabras, con amor por ella. La Madre celestial está trabajando incluso en este momento, sin escatimar dolores, por nosotros, sus hijos. ¿Y qué hacemos nosotros? ¿Qué estamos haciendo ahora? ¿No estamos absortos en lograr nuestra comodidad y placer físicos, desperdiciando nuestro tiempo en cosas tan despreciables? ¿O estamos tratando de salvar almas dando y compartiendo, junto con la Madre? Necesitamos reflexionar sobre nosotros mismos.

『Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.』 Ap. 12:9

『Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.』 Ap. 12:17

El gran dragón fue lanzado fuera, y se descubrió que su identidad es la serpiente del huerto del Edén. La serpiente fue expulsada del cielo, y se opone a la mujer en esta tierra.

En la Biblia, el dragón o la serpiente se refiere a Satanás el diablo. Satanás se enfureció con Dios Madre y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que obedecen los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo. Aunque Satanás está reinando sobre numerosas personas como la arena del mar, está destinado a perder todas las guerras.

『Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió. Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.』 Ap. 20:7-10

La guerra espiritual entre la serpiente y la mujer (entre la descendencia de la serpiente y la descendencia de la mujer) ha de terminar con el castigo del dragón en un fuego que no se apaga en el que será atormentado eternamente.

Satanás nunca triunfará sobre la Madre. Ya que la Madre tiene “amor”, que es el poder más grande, ¿cómo podría ganar Satanás?

El poder que permite que los hijos de Dios salgan victoriosos es el interminable amor de la Madre que protege a sus hijos, incluso arriesgando su propia vida. Por eso, los que aman a Jerusalén expanden su gloria donde van, y proclaman su amor y sacrificio santo hasta los fines de la tierra.

La salvación alcanzada por medio del sacrificio

Satanás está condenado a ser atormentado en el eterno fuego del infierno. Ahora, veamos a dónde nos guía Dios Madre a sus hijos.

『Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.』 Ap. 22:1-5

Nuestro Dios Madre nos protege constantemente a sus hijos amados de toda estrategia malvada de Satanás, para guiarnos al camino de la vida eterna y finalmente criarnos como el sacerdocio real del cielo que reinará para siempre. Hasta conseguir esto, espiritualmente su carne y sus huesos se han debilitado. Todo lo bueno ha sido tomado por sus hijos. Ella ha dado a sus hijos todas las cosas que pueden ayudarles. El largo período de seis mil años ha sido una serie de luchas espirituales. Podemos comprender esto completamente aunque no escuchemos la explicación, considerando qué débiles y frágiles son los huesos de la mujer.

Los que no comprenden el amor de nuestra Madre Jerusalén, no pueden estar en la posición del sacerdocio real del cielo. Ellos no pueden resistir ni vencer el poder de Satanás. Solo cuando apreciemos el amor de la Madre y lo pongamos en práctica, podremos llegar a ser “los que vencen” (Ap. 3:12), así como la Madre ha obtenido la victoria eterna.

Predicar sin amor es inerte. Es solo como un metal que resuena, o címbalo que retiñe. Solo cuando llenemos nuestros corazones con el santo amor de Dios, podremos predicar sinceramente y practicar el verdadero amor. El amor de la Madre que obra en nosotros nos permite cuidar de los demás, corregir al que tiene un pensamiento equivocado y ayudar al que se extravía del camino, para poder entrar juntos en el reino de los cielos.

Compartamos el amor que hemos recibido de la Madre con nuestros hermanos y hermanas, y con nuestro prójimo y con todas las personas del mundo, que aún no han recibido la verdad, para que el camino de la gloria sea abierto para todos ellos y vuelen a los brazos de la Madre celestial como nubes, como palomas a sus nidos, según la profecía de Isaías. Como hijos de la Madre, también debemos cuidar a todas las personas de nuestro alrededor con amor por ellos, recordando siempre que la fuente del amor es la Madre celestial, y debemos retribuir a la Madre el amor que hemos recibido de ella. Deseo sinceramente que todos nuestros hermanos y hermanas de Sion sigan a la Madre por dondequiera que vaya y le den gloria, alabanza y gratitud en todo momento.

El Padre y la Madre celestiales quieren que todos nosotros seamos un real sacerdocio en el cielo. Dios Elohim nos ha dicho que no perdamos la posición gloriosa sino que la retengamos, para que nadie tome nuestra corona (Ap. 3:11). Sirviendo a la Madre celestial y recibiendo su abundante amor, prediquemos el amor de vida lleno de gracia (el amor celestial) a todas las personas del mundo, y démosles amor tanto como podamos, para que todos juntos vayamos al eterno reino celestial.

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