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La prueba y la esperanza

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Todo el mundo tiende a juzgar y entender las cosas sobre la base de sus propias experiencias. Ya que solo conocen lo que han experimentado, su conocimiento es tan limitado que muchos no creen en las profecías de la Biblia. Las personas del mundo no creen ni comprenden las profecías de la resurrección y la transfiguración y la gloria que recibirá el pueblo de Dios en el futuro, porque no lo han experimentado. Lo que han experimentado hasta ahora no lo es todo en el mundo. No deben negar ciegamente algo que no han experimentado; deben aceptar y creer en la verdadera palabra de Dios en lugar de rechazarla obstinadamente. Espero que nuestros hermanos y hermanas de Sion tengan fe y esperanza para vencer todas las pruebas, con las profecías de la Biblia como un poste señalizador.

La esperanza para las cosas invisibles y eternas

Una vez hubo una fuerte discusión entre algunas personas sobre el lugar de la salida y la puesta del sol. El pescador definía que el sol se levantaba por el este del mar y que se ponía por el oeste del mar. El cazador que vivía en la montaña de una aldea lo refutó diciendo que el solse levantaba por el este del valle y que se ocultaba por el oeste del valle. Los esquimales insistían en que el sol se levantaba por el este de la llanura más allá de los icebergs y que se ocultaba por el oeste de la llanura. El pastor que cuidaba de las ovejas en el campo dijo que el sol se levantaba por el este de la pradera y que se ocultaba por el oeste de la pradera. El comerciante urbano negó todas sus insistencias, y alzó la voz diciendo que el sol se levantaba por el este del bosque de edificios y que se ocultaba por el oeste del bosque de edificios. Ya que todos ellos discutían una y otra vez basándose en sus propias experiencias, su discusión no se resolvió mediante un acuerdo mutuo, y no pudieron comprobar qué palabras eran ciertas. De acuerdo con sus insistencias, deberían existir cinco soles moviéndose en su propio camino en el cielo. Pero en realidad, eso no es verdad. Esta historia es un ejemplo que muestra que realmente el conocimiento de la experiencia de la gente es incierto y limitado.

Hay muchas personas en el mundo que piensan que el mundo que han experimentado lo es todo. Sin embargo, la Biblia habla del misterioso mundo que no hemos experimentado. La Biblia es la palabra de la profecía que Dios nos ha dado como una esperanza, por lo que va más allá del sentido común de la gente y la experiencia. La mayoría de las personas no creerían en lo que no han experimentado. Sin embargo, tienen que abandonar el mal hábito de tratar de negar ciegamente las cosas que no han experimentado personalmente.

Cuando nos encontremos con pruebas en nuestra vida de fe, superémoslas con esperanza, en lugar de sentirnos frustrados y desanimados concentrándonos en nuestras propias experiencias personales. Hay un mundo hermoso y glorioso esperándonos: el mundo más allá de la imaginación humana y la experiencia.

“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.” 1 Co. 2:9

Todas las cosas que Dios ha preparado para nosotros, sus hijos amados, son las cosas misteriosas que nunca hemos experimentado. Este misterioso y eterno reino de los cielos está esperándonos. El glorioso reino que Dios ha preparado para nosotros es nuestro destino final.

No hay nada eterno en este mundo. Nada de lo que podamos hacerpuede satisfacer por completo nuestros ojos, oídos y el corazón. Incluso Salomón, que experimentó todo la opulencia, riqueza y honor del mundo, dijo: “Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír” (Ec. 1:8). La tierra es un lugar lleno de cosas vacías e insignificantes; es una “ciudad de refugio” espiritual.

Sin embargo, Dios ha preparado el misterioso mundo que nadie antes ha experimentado, para nosotros sus hijos amados. En el momento en el que termine nuestro dolor y pena, encontraremos el glorioso mundo.

“y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.” Ro. 8:23-25

Lo que esperamos no es el mundo que ya hemos experimentado. Este es un mundo preparado por Dios, que no hemos sido capaces de experimentar. Por lo tanto, la Biblia nos dice que debemos esperarlo con paciencia, soportando y superando los sufrimientos y pruebas presentes.

En obediencia a la voluntad de nuestro Padre y nuestra Madre celestiales, hemos estado corriendo hacia el mundo eterno hasta el día de hoy. Continuemos corriendo la carrera con fuerza hacia el cielo hasta el final, para que nuestra carrera no sea en vano.

La gloria y la esperanza de la transformación

La Biblia explica en detalle el momento de la transfiguración que nunca hemos experimentado.

“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitadosincorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” 1 Co. 15:50-58

Como la Biblia dice: “Todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos”, sin falta vendrá el momento en que nosotros, el pueblo de Dios, seamos transformado. Esta es una de las muchas cosas que Dios ha preparado para nosotros, sus hijos amados. Dios ha dicho claramente que ese glorioso momento llegará.

Pensemos en cómo nos veremos cuando seamos transformados en un instante. Lo que Dios ha preparado para sus amados hijos es algo que ningún ojo ha visto, ni oído ha escuchado, ni ha subido en corazón de hombre. Si recorremos el camino de la fe con esta esperanza y objetivo, Dios nos concederá sin falta la gloria de la vida eterna.

Para los que discutían sobre los cinco soles, nunca habrían encontrado la respuesta si continuaban negando un mundo nuevo, porque no lo habían experimentado. Pensando en el reino de los cielos, el reino de la vida eterna que nunca hemos experimentado, debemos creer firmemente en la promesa de Dios y superar todo el dolor y la tristeza, y cada tentación y prueba en esta tierra.

“pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.” 1 Co. 15:38-41

Dios ha dado a sus criaturas dos tipos de cuerpos: cuerpos celestiales y cuerpos terrenales. Ahora tenemos cuerpos terrenales, pero tarde o temprano Dios dará a cada uno de nosotros un hermoso cuerpo celestial.

Si quieren tener un hermoso aspecto en el cielo, por favor lleven la vida de la fe hermosamente, orando continuamente, predicando fervientemente el evangelio, estudiando diligentemente la palabra de Dios, y llevando los frutos del Espíritu Santo. Dios nunca ha dicho nada sin su voluntad. Cuando Dios nos manda a hacer algo, quiere darnos bendiciones a través de esto (Dt. 8:16). Si obedecemos lo que Dios dice, podemos ser transformados en hermosos ángeles.

Poseeremos el reino de los cielos hasta el siglo, eternamente y para siempre

Dios permitió que se escribieran en la Biblia muchas palabras llenas de gracia que nos dan esperanza.

“Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra. Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre.” Dn. 7:17-18

Está profetizado que nosotros, el pueblo de Dios, disfrutaremos de la gloria y la alegría eternas en el reino de los cielos, que nunca hemos experimentado hasta ahora. Por tanto, ¿no debemos vencer las tentaciones y dificultades que sufrimos temporalmente mientras vivamos en este mundo?

Ahora estamos haciendo esfuerzos para recibir ese glorioso mundo en herencia. Superar las pruebas, orar diligentemente y predicar fervientemente, todo esto es parte de nuestro esfuerzo por recibirlo.

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertosen Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” 1 Ts. 4:14-18

Recibir al Señor en el aire también es algo que nunca hemos experimentado hasta ahora. Nosotros, el pueblo de Dios, siendo transformados, viviremos con nuestro Padre y nuestra Madre celestiales para siempre en la hermosa y eterna patria celestial preparada por Dios.

El reino de los cielos es definitivamente real, aunque no lo hemos experimentado. Esperando el eterno reino de los cielos, superemos un poco más nuestros sufrimientos y pruebas. Dios nunca deja que sus hijos solamente sufran. Tenemos que saber que Dios nos quiere hacer espléndidos ángeles celestiales a través de pruebas.

“Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.” Ap. 22:1-5

El lugar donde está el árbol de la vida que cada mes da su fruto y donde no hay noche, es el misterioso mundo que nunca antes hemos experimentado. Se acerca el momento en que iremos a ese glorioso lugar.

Tenemos esta esperanza y meta, y es por eso que estamos siguiendo sin vacilar el camino de la verdad del nuevo pacto por donde el Padre y la Madre celestiales nos guían. El reino de Dios es un mundo donde no hay muerte, ni dolor, ni tristeza. Ya que la gente de esta tierra nunca ha visto ese mundo, no creen en él. Sin embargo, Dios ha preparado ese hermoso mundo y está esperando que sus hijos corran hacia él.

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.” Ap. 21:1-5

Dios nos ha prometido como herencia el glorioso reino de los cielos: el mundo donde no hay muerte ni dolor. Este es el destino final de nuestra fe.

Solo creer en Dios a ciegas, sin una meta o dirección, es un tipo de vida religiosa totalmente insignificante. La razón por la que obedecemos los mandamientos de Dios y guardamos la fe, es para obtener el reino de los cielos. Las personas de éxito en el mundo trabajan muy duro desde muy temprano hasta altas horas de la noche para conseguir lo que quieren. Incluso los que ponen su corazón en el mundo visible, hacen esos esfuerzos para adquirir cosas terrenales. Entonces, ¿no es natural que el pueblo de Dios, que pone su corazón en el invisible mundo eterno, se esfuerce por obtener el reino de los cielos?

Es necesaria la paciencia para entrar en el cielo

El reino de los cielos se acerca. Ahora tenemos que pensar nuevamente en cuánto nos estamos esforzando por entrar en el cielo. El reino de los cielos es una herencia que el pueblo de Dios, que tiene esperanza en él, disfrutará para siempre. La Biblia nos enseña a soportar un poco más y a ser fieles hasta la muerte por este glorioso reino.

“No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” Ap. 2:10

Para que tengamos la vida eterna y gocemos para siempre en el glorioso reino de los cielos, Dios ha preparado todo lo que ningún ojo ha visto, ni ningún oído ha escuchado, ni ha subido en corazón de hombre, y nos está esperando. Esperando el mundo eterno, siempre debemos hacer nuestro mejor esfuerzo por hacer la obra de Dios. Ni un solo instante del tiempo que usamos para el evangelio es insignificante. Aunque Dios nos dé algo muy pequeño para hacer, es realmente significativo e incluso los ángeles nos envidian por esto.

Estudiemos diligentemente la palabra de Dios, oremos continuamente y prediquemos fervientemente el evangelio para que podamos ser transformados en hermosos ángeles. A fin de poder estar de pie ante Dios sin mancha ni defecto en el día en que seamos transformados, obedezcamos la palabra de Dios, estando hermosamente unidos con los demás, y cultivemos un buen carácter. Si no corremos diligentemente hacia la meta de los cielos, sino que vivimos igual que las personas del mundo, ¿cómo podríamos decir que tenemos la ciudadanía del cielo? Estamos corriendo hacia un ideal y objetivo más alto que ellos no pueden anhelar. No importa qué pruebas y tentaciones caigan en nuestro camino, superémoslas y entremos sin falta en el reino de los cielos.