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En lugar de mis padres

Lailahni Efa Rose Tuaila, desde San Diego, CA, EE. UU.

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Soy la mayor de ocho hermanos. Cuando era joven, me ocupaba de las tareas del hogar y cuidaba a mis hermanos menores en lugar de mis padres que trabajaban. Mi madre trabajaba por turnos como auxiliar de enfermería certificada. Por esa razón, cuando se iba a su trabajo, no podía verla durante treinta y dos horas, a veces incluso sesenta y ocho horas. Le preparaba los alimentos, lavaba y planchaba su ropa de enfermera para que pudiera descansar cómodamente cuando llegaba a casa del trabajo. Ella solía pedirme lo siguiente:

“Mi amor, gracias por ser mi mano derecha. Ayuda a tus hermanos menores a alistarse para la escuela. Cuando vayas con ellos a la parada del autobús, asegúrate de que estén delante de ti y síguelos para protegerlos. Y cuando tu papá llegue a casa del trabajo, trátalo como a un rey.”

Mi padre, que era camionero, solía estar tan agotado que ni siquiera podía quitarse los zapatos cuando llegaba a casa después de trabajar muchas horas. Le quitaba los zapatos de sus pies hinchados, preparaba agua para la ducha, y tostadas. También preparaba inyecciones de insulina, ya que tenía diabetes. Cuando mi madre llegaba a casa del trabajo, mi padre se iba a trabajar.

Aunque mis padres estaban ocupados, pasaban tiempo con nosotros en sus días libres. Nos cocinaban platos deliciosos, y nos llevaban a lugares con hermosos paisajes naturales. En los días de nuestros juegos deportivos, eran los que más nos vitoreaban en las gradas. Mis padres nunca se tomaban un descanso así. Trabajaban incansablemente para dar amor y alegría a sus ocho hijos. Sin embargo, no pensaba en el arduo trabajo de mis padres, y a veces me quejaba: “¿Por qué yo? ¿Por qué tengo que hacer todo? ¿Por qué debo cuidar a mis hermanos menores? ¿No pueden hacer algo?”.

Mis padres me encomendaban las tareas del hogar y a mis hermanos menores, pero yo tenía pensamientos muy inmaduros. Qué difícil debe de haber sido para mis padres alimentar y vestir a sus ocho hijos. En retrospectiva, fue una bendición para mí poder ayudar a mis padres como hija mayor, porque ese tiempo me entrenó y la experiencia de esa época se ha convertido ahora en un buen nutriente para mí.

No importa lo difícil que sea, el tiempo nunca pasa en vano. Doy gracias a Dios por permitirme experimentar una vida así para poder comprender profundamente el amor infinito de mis padres y seguir su ejemplo.