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Bendiciones de Dios para toda mi familia

Seok Min-seo, desde Seúl, Corea

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En el verano de 2017, mi feliz sueño finalmente se hizo realidad. Había soñado que toda mi familia cantaba al unísono y compartía la esperanza del cielo en Dios. Al guardar el culto de la mañana del Día de Reposo con mi amada familia, mis ojos se llenaron de lágrimas de felicidad.

En mi corazón siempre tuve fe en Dios y esperanza en el cielo desde que estaba en la escuela primaria. Sin embargo, dejé de ir a la iglesia, al ver muchos problemas del cristianismo, y después llegué a saber de la Iglesia de Dios. Estudiando la verdad del nuevo pacto, sentí confianza de entrar en el cielo y recibí la verdad con gozo.

Aproximadamente dos meses después de empezar a ir a la iglesia, mi esposo de repente comenzó a llegar a casa más temprano del trabajo; en realidad, siempre estaba tan ocupado en el trabajo que apenas tenía tiempo para estar con su familia. Sin embargo, nos llevaba a comer o le decía a nuestro hijo mientras comíamos cosas como: “Ji-ho, te llevaré a comer más seguido mientras esté contigo. Disfruta tu comida”, y lo miraba a los ojos con mucha ternura. Sabía que algo estaba pasando. Así que le pregunté cuidadosamente qué estaba sucediendo. Me contó que recientemente algunos de sus compañeros de trabajo se habían enfermado y que uno de ellos hasta había muerto, lo cual le había hecho pensar que eso también podía sucederle. También me dijo que había comenzado a pensar en la muerte porque eran las 4:44 cuando se despertó y miró la hora, y el número 4 sobresalía de todos los números mientras caminaba por la calle (en Corea, el número 4 se pronuncia igual que la palabra muerte en caracteres chinos). El corazón de mi esposo se había debilitado tanto que relacionaba todo con la muerte.

Le expliqué la verdad de la Pascua que tiene la promesa de la protección contra los desastres y la bendición de la vida eterna, porque temblaba de miedo ante la muerte, ya que no podía ver nada delante de él en la vida. Al escucharme, se levantó incluso antes de terminar de comer y se dirigió a Sion. Al verlo recibir la promesa de la salvación como si lo hubiera estado esperando, pensé que ninguna de las cosas que sucedieron fue una coincidencia. Parecía que todo había sido el plan de Dios para salvar a mi familia: cómo había escuchado la verdad dos meses antes, y cómo mi esposo había comenzado a temer a la muerte repentinamente.

No podía dejar de pensar en mi cuñada a quien le habían diagnosticado cáncer de pulmón a una edad temprana y estaba a punto de enfrentar la muerte. Cuando se sometió a una operación porque le descubrieron células cancerosas la primera vez, todos pensaron que se recuperaría pronto; su cáncer era muy pequeño en ese momento. Sin embargo, después de extraer dos tercios de su pulmón, se descubrieron más células cancerosas, por lo que tuvieron que extirparle el resto del pulmón. Cuando ya no tenía más pulmón que extirpar, el cáncer reapareció y tuvo que llevar una vida dolorosa en un centro de salud, recibiendo quimioterapia cada tres semanas. Esperando que mi cuñada, que había estado sufriendo de cáncer por un largo tiempo, tuviera una vida feliz sin dolor en el reino de los cielos, mi esposo y yo oramos ansiosamente y le entregamos las noticias de salvación.

Mi cuñada se convirtió con agrado en hija de Dios y mostró una fe tan asombrosa que era difícil creer que fuera una paciente crítica. Aunque había recibido decenas de sesiones de quimioterapia, de la cual algunos dicen que es más difícil que el mismo cáncer, venía a Sion conduciendo su automóvil una hora y media para guardar el Día de Reposo cuando tenía fuerzas para hacerlo; cada vez que venía, siempre traía a alguien del centro de salud, fuera un miembro nuevo al que había guiado a la verdad o alguien interesado en la verdad. La razón era simple: solo quería que las personas enfermas del centro de salud conocieran a Dios que había venido como el Médico espiritual y recibieran una nueva vida. Mi cuñada no solo nos conmovió a mi esposo y a mí, sino también a los hermanos de Sion, y su esfuerzo vino acompañado de las bendiciones de Dios. Cuando recibió la verdad, le habían dado seis meses de vida, pero ha estado guardando su fe durante tres años y se está volviendo más saludable en Dios física y espiritualmente; antes era muy delgada, pero ahora ha ganado diez kilogramos.

Al ver a mi cuñada disfrutar de gran alegría y bendiciones en la verdad, deseé ansiosamente la salvación de mis padres. Les prediqué la verdad varias veces a mis padres, que eran católicos, pero ni siquiera fingieron escuchar. Traté de rogarles como miembro de su familia, llorar o forzarlos, pero parecía solo una gota en el océano.

Pensé en rendirme, cansada de su terquedad, pero luego comprendí que solo les había entregado el conocimiento de la Biblia, sin confiar en Dios. Arrepintiéndome de mi arrogancia, me armé de valor y volví a visitarlos.

“Mamá y papá, Dios ha puesto a alguien como yo, que cree en esta verdad, cerca de ustedes, porque Él los ama. Creo que Dios cambiará sus corazones”.

Mis padres asintieron con la cabeza mientras yo hablaba, y pronto abrieron sus corazones, que parecía que nunca se abrirían, y recibieron la bendición de una nueva vida.

Cuando mi cuñada, mi esposo y yo fuimos testigos de cómo Dios guio la obra del evangelio, comenzamos a orar en unidad por la salvación de mis suegros. En ese tiempo, a mis suegros, que eran confucianos, ni siquiera les agradaba visitarnos porque estaban impresionados por la noticia de que el hijo mayor de la familia del hijo mayor hubiera comenzado a asistir a una iglesia. Esto hizo difícil pensar en predicarles la verdad.

Los visitábamos frecuentemente, practicábamos el amor como habíamos aprendido de la Madre celestial, y les entregábamos cuidadosamente las noticias de la iglesia y la verdad, pero mostraban una respuesta fría. Era como conducir en una larga carretera sin intersecciones.

Pero entonces, un día, mi suegro dijo que había comprado un libro sobre la Biblia en una librería cristiana y lo había leído. Me sonaba como: “Estoy tratando de entenderte. Queremos estar con ustedes”. Justo en ese momento, comenzó la temporada de vacaciones, así que los invitamos a quedarse con nosotros. Se suponía que sería una visita de cinco días, pero se extendió a una semana, porque increíblemente mis suegros recibieron la verdad durante su visita y quisieron estudiar más la Biblia antes de marcharse.

Estudiaron la Biblia en Sion hasta que se fueron a casa, y ahora todos los Días de Reposo se preparan desde temprano y se dirigen a una Sion cercana. Un día, llamé a mi suegra para preguntarle cómo estaba. Ella dijo: “Estoy practicando para encontrar los versículos”. ¿Cómo puedo describir el gozo de orar y alabar a Dios con un solo corazón con los amados miembros de mi familia?

Después de guardar el primer culto del Día de Reposo, mi suegra nos contó lo que había estado pensando. Nos dijo que estaba decepcionada de que sus hijos decidieran recorrer un camino de la fe distinto, pero lo que más le molestaba era su preocupación de que algo malo pudiera pasarnos. Dijo que lloraba más por preocuparse que por molestarse. Cuando mencionó que estaba muy feliz de estar con sus amados hijos, pude sentir el amor de los padres una vez más. Además, pude entender un poco el corazón de Dios; Él ora con lágrimas por cada hijo, deseando que seamos bendecidos y compartamos la felicidad del cielo.

Cuando pienso en cómo mi esposo, mi cuñada, mi primo, mis padres y mis suegros fueron guiados a Sion, puedo ver que Dios ha designado un determinado tiempo para que cada alma sea salva, y guía la obra de la salvación en el momento preciso que ha planeado. Toda mi familia participará con todo el corazón en la obra de la predicación a siete mil ochocientos millones de personas, que se logrará por la gran voluntad de Dios.