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diciembre 24, 2019

La oportunidad de restaurar el amor

Shin Se-hee, desde Seúl, Corea

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“¿Dios está descendiendo?”

Cuando era niña, murmuraba mirando la luz del sol salir de las nubes grises y brillando directo hacia la tierra. Aunque nadie me lo había enseñado, estaba convencida de que Dios existía. Por eso asistía a una iglesia protestante desde que estaba en la escuela primaria. Después de convertirme en universitaria, estaba entusiasmada con mi vida religiosa; incluso tocaba la guitarra en la calle para predicar.

Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, los sermones que eran como nubes llevadas a la deriva en el aire, no emocionaban mi corazón en absoluto. Cada vez que hacía algo para la iglesia, al final me sentía vacía. Al ver la vida secular de los miembros de la iglesia y lo incorrecto que actuaba la iglesia, dejé de asistir. Decidí dejar de lado la iglesia y creer en Dios solo en mi corazón.

Cerca de un mes después de dar a luz a mi primer hijo, la madre de un bebé que vivía unos pisos arriba de mi casa, con frecuencia me preparaba comida, diciendo que no me sería fácil prepararla mientras cuidaba a mi hijo. En ese momento, no pude tener un adecuado cuidado posnatal porque mi madre estaba muy ocupada. Esto me afectó mucho. Personalmente, no me gustaba causar ningún tipo de inconveniente a nadie, ni siquiera en las cosas más mínimas, pero me sentía cómoda estando cerca de ella. Sin pensar que podría ser una molestia para ella, la visitaba con frecuencia como si fuera a mi propia casa, y conversábamos.

En aquel entonces, ella me enseñó las palabras de la Biblia como el Día de Reposo y la Pascua por primera vez. Las profecías de la Biblia que se habían cumplido exactamente según lo profetizado, eran sorprendentes e interesantes. La Iglesia de Dios, que llegué a conocer a través de ella, era diferente de las demás iglesias. Todos los miembros de la iglesia se veían muy bien. Sobre todo, estaba muy contenta porque solo obedecían las palabras de Dios. Gustosamente recibí la bendición de una nueva vida y gradualmente comprendí la voluntad de Dios todos los días, guardando sus leyes. Estaba feliz por comprender con mi corazón a Dios Padre y Dios Madre.

Sinceramente esperaba que mi esposo también sintiera lo mismo. Sin embargo, solo era un deseo. De todos modos mi esposo ya estaba disgustado conmigo por ir a la iglesia y, ya que había escuchado información equivocada de la Iglesia de Dios de parte de sus colegas, se opuso fuertemente a mi fe. Me entristecí porque se enfurecía cada vez que hablaba de la iglesia, aunque solía ser amable y cariñoso.

Pasaron muchos años desde que mi esposo y yo habíamos estado luchando. Un día, mi esposo se sintió culpable por alguna razón. Quizá como consuelo, dijo que iría a la iglesia. Entonces recibió la bendición de una nueva vida. Fue una sorpresa que mi esposo, que estuvo en contra de mi fe por algunos años, fuera a la iglesia por su propia voluntad. ¡Y luego se convirtió en hijo de Dios! No lo podía creer aunque lo veía como mis propios ojos.

Sin embargo, mi esposo no fue a Sion por más de un año. Cuando le pedía guardar el culto, alzaba la voz y decía: “Estoy muy ocupado trabajando. ¿Cómo puedo ir?” Y cuando un poco después mencionaba algo decepcionante, no podía contener mi ira y me decía neciamente: “¡Nunca más le predicaré!”

Sabía que debía predicar con el corazón de la Madre, pero me era difícil poner en practicar esta lección al menos con mi esposo. Si se hubiera tratado de otro miembro, habría podido calmar mi mente. Pero con mi esposo, puse mi orgullo como barrera. Esto sucedió porque desde que empezamos a salir, tuve una fuerte idea fija de que él tenía que cuidarme y amarme más. Además, estaba muy decepcionada pensando que él no me estaba considerando aunque yo estaba haciendo bien los quehaceres de la casa y criaba a nuestro hijo con dedicación.

Después de comprender que estaba equivocada, dejé de estar decepcionada de él. Hasta en una situación en la que le hubiera hablado con una actitud rígida, me calmaba y entendía la situación de mi esposo. Él no conocía a Dios completamente; así que lo más importante para él era cuidar de su familia trabajando duro, en vez de guardar los mandamientos de Dios. Al decirle que deseaba que él recibiera bendiciones, debe de haberle parecido como si lo hubiera golpeado muy fuerte. Él podría haber mantenido a la familia con más alegría si lo hubiera hecho en las bendiciones de Dios. Me sentí apenada por él, arrepintiéndome por haberlo tratado emotivamente.

Como había empezado a entenderlo sinceramente, mi esposo también comenzó a cambiar. Dijo que iría a Sion y estudiaría la Biblia. Había sido difícil hasta que llegara a Sion, sin embargo, una vez que llegó y estudió la Biblia, se sorprendía cada vez que estudiaba la verdad.

Mi esposo solía ir a la iglesia católica desde que era joven. Dijo que le asustaba la estatua de la virgen María. Y cuando siguió a su amigo a la iglesia protestante, se horrorizó al ver la cruz. “¿Acaso no soy hijo de Dios? ¿Por qué estos símbolos de Dios me asustan? Ya que se sentía incómodo por estas cosas, no pudo ir más a la iglesia. Cuando aprendió que la veneración de la cruz o de la estatua de la virgen María es una idolatría, se sintió muy aliviado y dijo que había aclarado sus dudas.

Ya que sus preguntas fueron resueltas una a una, acudía a Sion con más frecuencia. Yo estaba muy complacida por ir a Sion con él, y estaba muy agradecida de que su fe creciera día a día. Un día, después del culto del Día de Reposo, él se disculpó conmigo: “Lo siento por malinterpretarte hasta ahora”. Todos los dolores y heridas que había tenido hasta ese momento, desaparecieron como la nieve que se derrite.

Una vez tuvo dificultades para entender la verdad de Dios Madre, pero fue temporal. Al tercer día después de luchar hasta el amanecer con la Biblia y los Libros de la Verdad para comprender la verdad claramente, dijo con ojos llenos de confianza:

“¡Dios Madre es el verdadero Dios!”

Después de esto, mi esposo participó activamente en todos los asuntos relacionados a Sion, diciendo que viviría pidiendo perdón a la Madre así como Pedro llevó una vida de arrepentimiento después de negar a Jesús tres veces. Se unió al coro e hizo un gran esfuerzo por salvar almas.

Primero visitó a sus padres. Mi suegra había sido católica durante 40 años. A diferencia de mí, que ni siquiera se me había ocurrido predicarle, mi esposo la visitaba cada vez que el tiempo se lo permitía y predicaba la palabra sin dudar. Al llenarme de valor, también puse todo mi corazón en guiarla, junto con él. Al principio ella se mostraba indiferente, pero al poco tiempo recibió voluntariamente la bendición de una nueva vida, diciendo: “Si lo desean tanto…” Fue realmente como un sueño. Ese día, mi esposo me dijo que había comprendido por qué yo había intentado guiarlo a Sion con tanta fuerza. Él dijo que no podía dejar de predicar a su madre porque la amaba, así como yo quise dar las mejores cosas a mi amado.

Después de oír sus palabras, alguien vino a mi mente. Era mi padre. Aunque mi esposo predicó con todo su corazón y alma a su madre, yo no hice lo mismo con mi padre. Fue porque sentía resentimiento hacia él por haberle hecho pasar malos ratos a mi madre cuando eran jóvenes, en lugar de sentir lástima por él. Quizá porque todavía lo culpaba en mi mente, él rechazó la verdad obstinadamente cuando le prediqué, mientras que mi madre y mi hermana la recibieron obedientemente.

Al criar a dos hijos, comprendí qué preocupado y solitario debe de haber estado mi padre como jefe del hogar. En ese tiempo, él estaba mal de salud. No podía quedarme sin hacer nada cuando finalmente lo había entendido. Oré para que mi padre recibiera la promesa de la vida eterna antes de que fuera demasiado tarde, y fui a verlo.

“Papá, vamos juntos al cielo.”

Estas eran las palabras que le había dicho durante años, sin cambiar ni una sola palabra. Sin embargo, nunca había estado tan triste como ese día.

Cuando las palabras “está bien” salieron de sus labios, rompí en llanto. Todo pudo haberse hecho si solo hubiera cambiado mi corazón como si volteara una hoja de papel. Solo necesitaba amarlo, abandonando todo el odio y el resentimiento de mi mente. ¿Por qué lo había considerado como algo imposible durante tanto tiempo?

El día que mi padre recibió una nueva vida, sonrió como un niño y yo lloré porque estaba muy agradecida.

Al ver a mi familia siendo guiada a Sion, pude entender un poco qué clase de amor desea Dios. Era de mente muy estrecha; pensaba que los miembros de mi familia entenderían mi carácter porque eran mi familia y me amaban. No intenté comprenderlos y aceptarlos primero. Solo insistía en las obligaciones familiares; cuando no llenaban mis expectativas, solo me sentía frustrada y crecía mi angustia. El amor es comprender y considerar a los demás. Sin embargo, perdí lo más grande aunque pensaba que obedecía las palabras de Dios.

Ahora puedo comprender por qué los hijos de Dios deben predicar el evangelio. Durante un largo tiempo había olvidado el significado de la familia, que se hace una en nombre del amor. El evangelio es el proceso para restaurar el amor. Si no hubiera predicado el evangelio, probablemente aún estaría pensando que estoy siguiendo la voluntad de Dios correctamente.

Aunque me tomó mucho tiempo, estoy muy contenta porque al fin he comprendido. Voy a entregar la voz de Dios con amor a los miembros de la familia celestial a quienes debo buscar y cuidar. Doy gracias a Dios desde lo profundo de mi corazón por permitir a esta hija imperfecta en muchos aspectos, la oportunidad de amar a través del evangelio.

Quiero difundir el evangelio y amar sin descanso hasta el día en que regrese a nuestra patria celestial. ¡Dios ama a esta hija débil! ¡Yo también los amo, Padre celestial y Madre celestial!

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