La Gran Asamblea de la Pascua 2024 se celebró simultáneamente la noche del 24 de marzo (el día catorce del primer mes según el calendario sagrado) en 7500 Iglesias de Dios de 175 países. Al día siguiente (el 25), se celebró la Gran Asamblea de la Fiesta de los Panes sin Levadura, y el día 31 (el día siguiente del primer Día de Reposo después de la Fiesta de los Panes sin Levadura) se celebró la Gran Asamblea del Día de Resurrección, conforme a las ceremonias registradas en la Biblia. Los miembros de todo el mundo participaron en las fiestas solemnes dando gracias a Cristo, quien mediante su sacrificio en la cruz concedió el perdón de los pecados, resucitó al tercer día y les infundió la esperanza viva de la resurrección.
La última cena es una obra maestra de fama mundial, pintada por el artista italiano Leonardo da Vinci a lo largo de unos cuatro años a partir de 1495. Sin embargo, pocos saben que esta obra retrata la escena en la que Jesús guardó la Pascua del nuevo pacto con sus discípulos, prometiendo a la humanidad el perdón de los pecados a través de la Pascua.
En La última cena, el pan y el vino que representan la carne y la sangre de Jesús están colocados ante Él y sus discípulos. Jesús declaró: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna”, estableciendo así el “nuevo pacto” (Mt 26:17-28, Lc 22:7-20, Jn 6:53-54).
En la Gran Asamblea de la Pascua, celebrada en el Templo de la Nueva Jerusalén en Pangyo, la Madre ofreció una oración dando profundas gracias al Padre, quien mediante su preciosa sangre abrió el camino de la salvación para la humanidad, que estaba condenada a la muerte por el pecado cometido en el cielo. Oró fervientemente para que todos sus hijos que guardan la Pascua establecida por el amor de Dios y que han recibido la promesa de la vida, se asemejen a Dios y guíen hacia la salvación a quienes viven atemorizados por diversos desastres.
La Pascua se lleva a cabo en dos partes: la Ceremonia del Lavado de Pies y la Santa Cena. Siguiendo el ejemplo de Jesús, quien se humilló para lavar en persona los pies de sus discípulos, los miembros se lavaron los pies unos a otros antes de participar en la Santa Cena (Jn 13:3-15).
El Primer Pastor Kim Joo-cheol declaró con firmeza: “Aun sabiendo el sufrimiento que padecería en la cruz, Jesús deseó ansiosamente guardar la Pascua únicamente por la salvación de sus hijos”, refiriéndose a la Pascua como “el precioso legado que Jesús dejó para la salvación de la humanidad”. Y añadió: “Mantener viva la verdad que Jesús estableció y siguieron los apóstoles es el camino hacia el reino de los cielos. Aunque la verdad del nuevo pacto se distorsionó después de la época apostólica, Cristo Ahnsahnghong restauró la Pascua y fundó la Iglesia de Dios en 1964. Sigamos la voluntad de Dios, que desea la salvación de toda la humanidad, y guiemos a ocho mil millones de personas del mundo hacia el reino de los cielos, donde no hay tristeza, dolor ni muerte” (Mt 7:21-23, Ex 12:21-44, 13:8-10, Jos 5:10-12).
Los miembros comieron el pan y bebieron el vino de la Pascua bendecidos grabando profundamente en sus corazones el amor infinito de Cristo y el valor de la verdad del nuevo pacto.
Frente al mural original de La última cena se encuentra la obra La crucifixión, pintada por Giovanni Donato da Montorfano. Representa la escena en la que Jesús sufre en la cruz junto a dos ladrones, uno a cada lado. Al día siguiente de guardar la Pascua, tal como estaba profetizado en la Biblia, Jesús murió en la cruz para expiar los pecados de la humanidad; este día es la Fiesta de los Panes sin Levadura.
Al conmemorar la Fiesta de los Panes sin Levadura en la que se recuerda el sufrimiento de Jesús, la Madre ofreció gratitud y gloria al Padre, quien soportó un inmenso dolor en la cruz para perdonar los pecados de la humanidad. Oró para que todos sus hijos, con un corazón de amor y sacrificio como el del Padre, cumplieran la misión de salvar almas.
El Primer Pastor Kim Joo-cheol enfatizó: “La Fiesta de los Panes sin Levadura contiene el sacrificio y la entrega de Dios, quien cargó voluntariamente la cruz para salvarnos. Tengamos también este ‘espíritu de la Fiesta de los Panes sin Levadura’ y sigamos el camino del evangelio y las huellas del sufrimiento que Dios recorrió”. La Biblia da testimonio de que todo el severo padecimiento que Dios tuvo que soportar en la carne se debió a nuestros pecados y transgresiones (Is 53:1-12). El Primer Pastor Kim Joo-cheol insistió en esto y predicó: “Debemos grabar en el corazón su sacrificio que tomó nuestro lugar y recibió el castigo que merecíamos, deshagámonos de los pecados y transgresiones del pasado y llevemos una vida de arrepentimiento, compartiendo con la humanidad el amor que hemos recibido de Dios” (Lc 15:7, 10, 1 Ts 2:3-4, 2 Co 3:6).
Conforme a las palabras de Jesús: “Vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán” (Mr 2:20), los miembros participaron ese día en el sufrimiento de Cristo mediante el ayuno y elevaron en voz alta oraciones, comprometiéndose a llevar una vida digna de arrepentimiento y a salvar muchas almas.
En este mundo donde incontables vidas florecen y se marchitan, todo nacimiento termina en la muerte. Para la humanidad, que no tenía manera de conocer la vida y el mundo después de la muerte, el Día de Resurrección es el día histórico en que Cristo concedió la esperanza de la resurrección. La Biblia registra que los que murieron en Dios resucitarán cuando Cristo descienda, y que los santos que están vivos serán transformados en cuerpos espirituales para recibir a Dios (1 Ts 4:14-17).
Los miembros de todo el mundo asistieron a la Gran Asamblea del Día de Resurrección con gran ilusión, esperando el día de la resurrección y la transformación. La Madre ofreció una oración de gratitud al Padre, quien, con el amor de entregar su propia vida, concedió a la humanidad la esperanza de la resurrección. Oró para que sus hijos, siguiendo el ejemplo de ese amor, proclamaran diligentemente el nuevo pacto y, avanzando en la fe con gratitud, fueran suficientemente dignos de entrar en la resurrección de vida”.
El Primer Pastor Kim Joo-cheol enseñó: “Los santos de la Iglesia primitiva, que fueron testigos de la resurrección de Jesús, predicaron el evangelio con valentía, sin doblegarse ante ninguna persecución, con la fe y el gozo de que, aunque murieran, volverían a vivir. Confiemos hasta el final en la bendición y la promesa de la resurrección, que nos transformará en la hermosa forma de ángeles, y permanezcamos en Dios. Esforcémonos en predicar el evangelio para que a todos se les abran los ojos espirituales, reciban al Dios verdadero, y así todos juntos disfrutemos del gozo” (1 P 1:3-4, 1 Co 15:12-19, 42-44).
Después del culto de la tarde, la Madre alentó a los miembros que guardaron piadosamente la fiesta y expresó su deseo de que despertaran a muchas personas que viven sin conocer la gloria de la resurrección y la transformación, para que todos juntos vivieran con gozo y gratitud en la esperanza de la resurrección y las bendiciones del reino de los cielos.
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Ese día, los miembros partieron el pan del Día de Resurrección. Esto se basa en el hecho de que Jesús, resucitado hace dos mil años, abrió los ojos espirituales de sus discípulos, quienes no lo reconocían, mediante el pan que bendijo (Lc 24:13-31). Fortalecidos por la bendición de la fiesta, los miembros se comprometieron a proclamar con fuerza la verdad de la salvación hasta Samaria y hasta los confines de la tierra, como los santos de la Iglesia primitiva, que se levantaron con audacia y una fe ardiente.
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