La Gran Asamblea de la Fiesta de las Trompetas, el Día de Expiación y la Fiesta de los Tabernáculos 2024

Demos a la humanidad el don de la vida eterna con el poder del Espíritu Santo

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En 2024, año del 60.º aniversario de la fundación de la Iglesia de Dios, los miembros de todo el mundo recuerdan el amor de Dios, quien se dedicó a la salvación de la humanidad, y predican con más diligencia el evangelio del nuevo pacto. En medio de esto, al llegar la Fiesta de los Tabernáculos, una de las fiestas del tercer tiempo, los miembros de todos los países asistieron a cada culto con el anhelo de completar el movimiento de predicación dirigido a los ocho mil millones de personas mediante el poder detonante del Espíritu Santo de la lluvia tardía.

Las fiestas de otoño, que se extendieron desde la Gran Asamblea de la Fiesta de las Trompetas el 3 de octubre hasta el Último Día de la Fiesta de los Tabernáculos el 24, fueron un tiempo de bendición lleno de oraciones fervientes y pasos de predicación.

Fiesta de las Trompetas: reflexionando sobre nosotros mismos para alcanzar el arrepentimiento verdadero

Cuando Jesús fue bautizado a los treinta años y comenzó a predicar el evangelio del reino, lo primero que exclamó fue: “Arrepentíos” (Mt 4:17). Esto es porque, para que la humanidad, que descendió a la tierra tras pecar en el cielo, pueda regresar al reino de los cielos, es necesario primero lamentar y corregir sus errores, es decir, “arrepentirse”.

La Fiesta de las Trompetas es la que exhorta al arrepentimiento antes del Día de Expiación. Es la primera de las fiestas del tercer tiempo, entre las siete fiestas de tres tiempos, y al igual que las fiestas del primer y el segundo tiempo, tiene su origen en las obras de Moisés durante el éxodo. Después de quebrar las tablas de los diez mandamientos por adorar al becerro de oro, el pueblo de Israel se arrepintió de todo corazón, y Dios le concedió las segundas tablas de los diez mandamientos en señal de perdón. El día en que Moisés descendió del monte Sinaí con las segundas tablas de los diez mandamientos es el décimo día del séptimo mes según el calendario sagrado, es decir, el Día de Expiación. Y el día establecido diez días antes (el primer día del séptimo mes según el calendario sagrado) para tocar la trompeta que exhorta al arrepentimiento y preparar así el Día de Expiación es la Fiesta de las Trompetas (Ex 34:1-29, Lv 23:23-24). En el Nuevo Testamento, durante los diez días que siguen a la Fiesta de las Trompetas, se guarda la Semana de Oración con cultos por la madrugada y por la noche. Los miembros se examinan a sí mismos, confiesan sus pecados a Dios y oran pidiendo el perdón.

En la Gran Asamblea de la Fiesta de las Trompetas, celebrada el 3 de octubre (el primer día del séptimo mes según el calendario sagrado) en el Templo de la Nueva Jerusalén en Pangyo, la Madre oró para que los hijos de Sion alcanzaran un pleno arrepentimiento por medio de la oración ferviente y fueran renovados hermosamente ante los ojos de Dios.

El Primer Pastor Kim Joo-cheol enfatizó: “El ‘arrepentimiento’ es el mensaje principal que transmite la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El arrepentimiento y la salvación están estrechamente relacionadas. Cuando recordamos que somos pecadores espirituales, podemos establecer nuestra identidad como verdaderos creyentes y seguir plenamente todas las enseñanzas de Dios” (Sal 7:10-13, Ez 18:30, Lc 13:2-3, Hch 2:37-38, Mt 28:18-20). Además, subrayó: “Recordando el noble sacrificio de Dios, que recorrió el camino del sufrimiento en la cruz hasta salvarnos con su preciosa sangre, demos siempre gracias a Dios y toquemos con fuerza la trompeta del arrepentimiento para que toda la humanidad se vuelva a Dios” (Hch 26:18-20, Ro 2:5-11, 2 P 3:6-9, Jl 2:12-14, 2 Cr 7:12-14).

Los miembros, que grabaron estas palabras en su corazón, comenzaron la Semana de Oración con un corazón contrito y una súplica sincera deseando presentarse rectamente ante Dios mediante un pleno arrepentimiento.

Día de Expiación: Dios habita con el corazón contrito

El 12 de octubre (el décimo día del séptimo mes según el calendario sagrado) se celebró la Gran Asamblea del Día de Expiación. El Día de Expiación es la fiesta en la que nuestros pecados son perdonados por completo, y, al observar la ceremonia del Día de Expiación en el Antiguo Testamento, podemos comprender el proceso y la providencia de la expiación. Los pecados que el pueblo cometía en tiempos ordinarios eran transferidos temporalmente al santuario mediante el sacrificio de animales. Al llegar el Día de Expiación, el sumo sacerdote echaba suertes sobre dos machos cabríos: uno se ofrecía a Jehová como ofrenda por el pecado, y sobre el otro, escogido para Azazel, el sacerdote le imponía las manos sobre la cabeza y trasladaba a él los pecados del pueblo y luego lo enviaba al desierto deshabitado. Cuando el macho cabrío por Azazel moría después de vagar por el desierto, el pecado también se destruía junto con él (Lv 16:5-22).

La Madre oró con ansias para que todos los hijos, que ofrecieron oraciones de arrepentimiento día y noche durante la Semana de Oración, recibieran el perdón de todos sus pecados, y para que, dedicando todo su corazón, su alma y su voluntad a guiar a los pecadores espirituales al arrepentimiento, se convirtieran en hijos de amor que salvan a las almas.

El Primer Pastor Kim Joo-cheol explicó el significado del Día de Expiación y enseñó: “El santuario que temporalmente carga nuestros pecados y el sacrificio ofrecido para la expiación de los pecados representan a Dios, mientras que el macho cabrío por Azazel representa a Satanás. Quien haya comprendido la gracia de Dios, que lleva y sufre por nuestros pecados hasta que estos son transferidos por completo a Satanás y destruidos, nunca más debe involucrarse en el pecado” (Lv 17:12-14, Jn 1:29, Is 53:1-6, Ef 1:7, Ap 20:10, He 10:4-7, 26-29). Además, subrayó: “Ahora que hemos recibido la gracia de la expiación, llevemos una nueva vida teniendo en nuestro corazón solo a Dios y no el pecado. Tomemos como nuestra mayor misión el arrepentimiento y la salvación de la humanidad, lo que Dios más desea, y cumplamos fielmente su voluntad” (Ga 2:20, Fil 1:20-21, Lc 19:10, 1 Ts 2:3-4).

Fiesta de los Tabernáculos: añadiendo amor al Espíritu Santo de la lluvia tardía

La Fiesta de los Tabernáculos llega en la época de abundancia y alegría tras concluir la cosecha, cuando se compartía con generosidad. Su origen también es una continuación de la historia de las segundas tablas de los diez mandamientos. Moisés, al descender del monte Sinaí, transmitió la voluntad de Dios de construir el tabernáculo para guardar los diez mandamientos, y el pueblo reunió voluntariamente los materiales para el tabernáculo. Junto con esta historia, Dios estableció la Fiesta de los Tabernáculos para conmemorar la vida del pueblo en cabañas durante su travesía por el desierto. En el Antiguo Testamento, el pueblo reunía ramas para construir cabañas y habitaba en ellas durante siete días, compartiendo alegría. En el Nuevo Testamento, durante este mismo periodo se lleva a cabo la Asamblea de Predicación para reunir a los miembros que representan los materiales del templo espiritual (Lv 23:33-43, Neh 8:14-18, Jer 5:14, Ef 2:20-22).

El 17 de octubre (el día quince del séptimo mes según el calendario sagrado), el 80.º Grupo de Visita del Extranjero participó en la Fiesta de los Tabernáculos en el Templo de la Nueva Jerusalén en Pangyo. Los miembros de distintos países se reunieron para celebrar la fiesta, compartiendo la alegría del reencuentro, con la expectativa y la emoción de recibir la bendición del Espíritu Santo.

La Madre oró para que el Espíritu Santo de la lluvia tardía llenara los corazones de todos sus hijos, purificados al guardar el Día de Expiación, e imploró que todos se unieran en amor, llevaran el fruto del Espíritu y adelantaran la culminación de la obra del evangelio. También bendijo a los miembros del extranjero que visitaron Corea, para que, guardando las fiestas con fe, se convirtieran en obreros maduros del evangelio que manifiesten la gloria de Dios.

El Primer Pastor Kim Joo-cheol predicó: “La Fiesta de los Tabernáculos encierra el significado de buscar y reunir a los hijos de Dios, representados por los materiales del templo, es decir, a nuestros hermanos dispersados del cielo. Nuestra misión es predicar con esfuerzo y participar en la culminación del templo espiritual, tal como lo mostró Jesús, quien vino como el Salvador” (Jn 7:1-2, 14, 37-39, Mr 1:35-38, Ap 3:11-12). Además, mencionó que los apóstoles que recibieron a Jesús fueron transformados al ser revestidos del Espíritu Santo e instó: “También a nosotros, que hemos recibido al Espíritu y la Esposa, los Salvadores de esta época, se nos ha prometido el Espíritu Santo de la lluvia tardía. Roguemos por el Espíritu Santo durante la Fiesta de los Tabernáculos para que cada uno dé un salto de fe y complete la obra del evangelio que Dios ha predestinado” (Zac 14:16-19, 1 Co 12:4-11, 25-31, Hch 1:8).

Los miembros, que durante la Asamblea de Predicación de siete días se esforzaron en propagar el evangelio como los santos de la Iglesia primitiva, asistieron con alegría al culto del Último Día de la Fiesta de los Tabernáculos el 24 de octubre (el día veintidós del séptimo mes según el calendario sagrado). Hace dos mil años, en el Último Día de la Fiesta de los Tabernáculos, Jesús concedió el Espíritu Santo comparado con “el agua de la vida”. El Primer Pastor Kim Joo-cheol, en su sermón de la mañana, volvió a enfatizar: “Hace dos mil años fue Jesús, y hoy son el Espíritu y la Esposa quienes dan el Espíritu Santo. La condición para recibir el Espíritu Santo es recibir a los Salvadores de esa época”, y animó: “Apoyados en el poder del Espíritu Santo, cumplamos la misión de predicar el evangelio del reino hasta Samaria y los confines de la tierra” (Jn 20:19-23, Ez 47:1-2, Ga 4:26).

La Madre declaró que los miembros recibieron plenamente ese día el Espíritu Santo que habían suplicado durante los últimos diez días, y enseñó en su sermón de la tarde bajo el tema “Alegraos siempre”. La Madre recordó el sacrificio del Padre celestial, quien durante 37 años recorrió día y noche el camino del evangelio para salvar a los pecadores del cielo, y deseó que los hijos usaran el don del Espíritu Santo con el mismo amor del Padre para salvar a muchas almas. Además, los animó: “Ustedes, que avanzan hacia el reino de los cielos, donde les espera una gran recompensa, son verdaderamente personas bendecidas. Como Dios nos protege, hay mucho de qué alegrarse. Vivamos siempre con un corazón alegre en la fe y regalemos a toda la humanidad la alegría de la salvación y la bendición de la vida eterna por el poder del Espíritu Santo” (1 Ts 5:16-18, Fil 4:4, Mt 5:8-12, Sof 3:14-20, Sal 91:5-7, Dt 28:1-6).

Los miembros, con una fe aún más firme, se unieron en el propósito de cumplir las palabras de la Madre. La hermana Ayana Oita, de Tokio, Japón, manifestó: “Tengo muchas carencias, pero, como he recibido el Espíritu Santo de la Fiesta de los Tabernáculos, predicaré con valentía y asumiré mi parte en la obra del evangelio en Japón”. El hermano Kwon Soon-il, de Seongnam, Corea, expresó: “Quiero compartir con las personas agotadas y agobiadas en esta sociedad competitiva la risa a través de las buenas obras y la esperanza de la salvación a través de la Pascua, tal como nos ha enseñado la Madre. Espero que el sincero corazón de Dios, quien desea regalarnos la vida eterna, llegue a muchas personas”.

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