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El grande y poderoso

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Hoy por hoy, la luz del evangelio del nuevo pacto se está expandiendo con mucha rapidez. Entretanto, Satanás el diablo emplea toda clase de tácticas posibles para interrumpir la obra del evangelio.

En esta guerra contra los malos espíritus, nosotros estamos obteniendo la victoria con toda la armadura de Dios escrita en el capítulo 6 del libro de Efesios, es decir, con absoluta fe en Dios, esperanza en la salvación, firme decisión de defender la verdad hasta el final, y pies calzados con el apresto del evangelio de la paz. Aunque nuestro enemigo el diablo nos resiste con toda clase de maldades, estamos predicando el evangelio con la fe firme y creyendo que lo venceremos de todas formas, por lo cual la obra del evangelio no se detiene sino que alumbra su luz con más fuerza, y más almas están siendo salvadas.

El hombre fuerte es el que confía absolutamente en Dios

Hermanos y hermanas, ¿quién piensan que es el hombre más grande y fuerte? Si respondemos según la Biblia, es aquel que confía absolutamente en Dios.

Hasta ahora hemos visto muchos héroes muy influyentes en sus épocas, pero todos ellos han vuelto al polvo de la tierra. Tal parece que en este mundo no hay nadie grande y poderoso.

Por medio del libro de Jeremías, aprendamos cómo llegar a ser grandes y poderosos.

『Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.』Jer. 9:23-24

¿De qué puede jactarse un hombre? Si el hombre vuelve a la tierra, toda su sabiduría, valentía y riquezas desaparecen. Lo que sabemos es que solo Dios hace juicio; por ello, si de algo nos alabamos, es de conocer a Dios. A veces, la gente se jacta de sus relaciones con algún hombre poderoso. Por lo mismo, nuestra estrecha relación con Dios el Creador puede ser la fuente más importante de nuestro orgullo: conocemos al Dios Todopoderoso, y el grande y santo Dios está con nosotros y se ha convertido en nuestro Padre y nuestra Madre. ¿Existirá orgullo o jactancia mayor que esta?

『Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.』Sal. 121:1-2

Cuando pidamos la ayuda de una persona, ¿quién nos ayudará? A veces nos encontramos con que nuestros amigos íntimos o personas de las que esperamos ayuda, nos dan la espalda y se unen a nuestros enemigos. Pero nuestro Dios está siempre a nuestro lado.

Aunque nos preocupemos y alteremos, sin comer ni dormir, ¿qué podremos hacer con nuestra propia sabiduría y esfuerzo? Todos los hombres son como la hierba y el rocío de la mañana, que aparecen y se desvanecen en un momento. ¿Y qué pasó con los que creyeron y confiaron absolutamente en Dios? Llegaron a ser los más grandes y fuertes, y ahora son alabados como héroes bíblicos.

David confió completamente en Dios

David, uno de los héroes bíblicos, tuvo esa firme fe en Dios y pudo vencer a Goliat y coronarse rey de Israel. Cuando David luchó contra Goliat, que era un veterano hombre de guerra filisteo, había muchas personas, pero ninguna pudo ayudarlo. David sabía que únicamente Dios lo ayudaría, y confió solo en él y pudo obtener la victoria sobre Goliat.

¿Quién en la tierra podría vencer a quien es ayudado por Dios? Aunque un hombre fuere poderoso en este mundo, ¿cómo podrá vencer a aquel a quien Dios ayuda? ¿y cómo podrá hacer algún daño a la persona protegida por Dios?

『Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; lo oirá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra. Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.』Sal. 20:6-7

Si confiamos en los hombres, en las riquezas o en el poder de este mundo, pereceremos. Los hombres son, en esencia, los mismos. Aunque tengan mucho poder, ante Dios son como el rocío de la mañana que desaparece. ¿Confiaremos en hombres tan débiles?

Debemos comprender que el hombre no puede hacer nada solo. Su excelente físico, su buena familia y su salud no lo hacen poderoso. Lo que hace a un hombre grande y poderoso, es qué tan absoluta es su fe y confianza en Dios. Esto es lo más importante y el factor principal para llegar a ser el más grande y poderoso.

Continuemos averiguando cómo pudo David vencer a Goliat y cuál fue el resultado de su absoluta fe y confianza en Dios.

『No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. […] Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Vé, y Jehová esté contigo. […] Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. […] Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos. […] David se dio prisa, y corrió a la línea de batalla contra el filisteo. Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra.』1 S. 17:32-54

¿Quién era fuerte, David o Goliat? Aparentemente Goliat era grande y fuerte; pero como perdió su vida horriblemente ante David, el joven e inexperto muchacho, este último debe de haber sido el más fuerte.

Mientras Goliat confiaba en la espada y en la lanza en el campo de batalla, David confiaba en el nombre de Jehová de los ejércitos sin espada ni lanza ni escudo ni armadura, creyendo firmemente que Dios estaba con él. Con su honda en la mano, se mostró intrépido. Como su armadura era la protección de Dios, y su arma el poder de Dios, David se quitó la armadura que Saúl le había puesto. Se paró en el campo de batalla con la sola confianza de que Dios lo salvaría. El resultado de la batalla ya estaba decidido. ¿Quién sería capaz de vencer a David, que confiaba en Dios Todopoderoso? Todos los filisteos y hasta los israelitas temían a David y lo envidiaban porque Dios estaba con él. Ya que Dios estaba siempre con David y lo ayudaba, dondequiera que iba flameaba la bandera de la victoria.

『Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles. […] Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él, y se había apartado de Saúl;』1 S. 18:7-12

Saúl había pasado por muchas batallas, ¿pero por qué temía a David? La razón no era que David fuera fuerte, sino que Saúl sabía que Dios estaba siempre con David. El pueblo también alababa a David –que había vencido a sus enemigos confiando absoluta y únicamente en Dios– más que a Saúl, que era el rey de Israel.

Al principio, Saúl había ganado fama por confiar absolutamente en Dios, y había sido alabado como hombre poderoso; pero luego de subir al trono, se enorgulleció de que todos se arrodillaran ante él, por lo cual empezó a confiar en su propio poder y fuerza y en el número de su pueblo, en lugar de confiar en Dios. Por eso, cuando peleó contra los filisteos, se desesperó y no pudo vencerlos.

La fuerte fe de David se requiere también en estos últimos días. Ahora estamos peleando contra los espíritus malos, a los cuales debemos vencer. Necesitamos una fe igual de firme para la victoria. Aunque no tengamos muchos conocimientos, y seamos débiles, no tenemos por qué preocuparnos. Cuando confiemos absoluta y únicamente en el gran y poderoso Dios, seremos grandes y fuertes como David lo fue, venceremos al diablo y guiaremos a muchas almas a la justicia.

Los que confían en Dios serán un pueblo fuerte

La Biblia dice que el más pequeño de nosotros vendrá a ser mil, y el menor, un pueblo fuerte. No debemos olvidar que esta profecía se cumplirá por nuestra fuerte fe en Dios.

Cuando nuestros enemigos oyeron nuestro grito, temblaron de miedo no porque fuéramos muchos, sino porque comprendieron que Dios, el Espíritu y la Esposa, estaban con nosotros.

Analizando otra historia, estudiemos cómo el menor puede ser un pueblo fuerte.

『Jehová dijo a Josué: No temas ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, a su pueblo, a su ciudad y a su tierra.』Jos. 8:1

Después que Dios les diera estas palabras de aliento, los israelitas pudieron atacar Hai y vencer. Y cuando los israelitas atacaron Jericó, Josué y sus soldados, que eran como langostas, vencieron a aquellos hombres de gran estatura, pues Dios estaba con ellos.

El mundo tembló cuando Josué y su ejército aparecieron. Ya que habían oído del poder de Dios, quien había hecho rendirse al ejército egipcio, quien había guiado al pueblo de Israel dividiendo el Mar Rojo, y quien había alimentado y vestido a numerosos israelitas los 40 años que vivieron en el desierto, temieron a aquellos con los que estaba aquel gran Dios.

Y conocemos bien la fama de Gedeón. Cuando él y sus 300 hombres lucharon contra los 135 mil madianitas, ¿acaso se fiaron de su cantidad y de su sabiduría? No. Ellos pudieron vencer porque confiaron solamente en Dios y obedecieron sus mandamientos. Con la sabiduría y el poder de Dios, pudieron lograr una gran victoria y ser alabados por todos los pueblos.

Los héroes de la Biblia, como David, Josué y Gedeón, tienen algo en común: ninguno se fió de sus condiciones físicas, sino que confiaron solo en Dios el Creador y creyeron en la ayuda que les daría. Gracias a su confianza en ese grande y poderoso Dios, un grande y fuerte poder capaz de asustar al mundo salió de ellos, y sus nombres se escribieron en la Biblia como héroes.

Así también fueron muchos guerreros de la verdad, como los apóstoles Pablo y Pedro, quienes predicaron el evangelio del nuevo pacto hasta la muerte. Ellos también confiaron únicamente en Dios. Puesto que juzgaron que era correcto obedecer a Dios y no a los hombres, se jactaron de Cristo y de su verdad, predicándola con audacia y resistiendo a los inicuos blasfemos.

Dios quiere que digamos“sí” a lo que es correcto, y“no” a lo incorrecto. Él espera que con este coraje venzamos toda la persecución, las pruebas y las blasfemias de este mundo.

Un dominguillo posee un peso de equilibrio que le permite volver a levantarse aunque alguien lo sacuda. Al igual que el dominguillo, nosotros debemos tener un peso de equilibrio en nuestras mentes: Dios, para que volvamos a estar derechos y venzamos todo tipo de presión externa.

Confiemos en Dios, quien es grande y poderoso

Aunque nuestro enemigo el diablo ponga trampas y planee engaños, movilizando a hombres poderosos, el Dios de grande y fuerte poder está con nosotros y nos guía. ¿A qué le temeremos y qué nos hará vacilar? Dios es nuestra fortaleza y nuestro escudo. Debemos estar muy orgullosos de hacer la obra del evangelio con la fuente de tan grande poder.

Dios es el capitán que controla y guía el barco de Sion. En nuestro viaje podría haber una pequeña oleada ocasionada por algún tifón; sin embargo, nuestro barco de Sion continuará el viaje más rápidamente hacia el reino de los cielos, nuestro destino.

『[…] y me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.』Hch. 1:8

Nosotros somos los testigos del nombre nuevo de Jesús, que es el Salvador en esta última época. Confiamos absolutamente en Dios, y llevaremos a cabo nuestra misión de predicar a Cristo hasta el último día. En nuestra vida diaria debemos iluminar este oscuro mundo con la luz del evangelio, y sazonarlo como la sal.

『Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones […]; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.』Mt. 28:16-20

Cuando proclamamos a Dios, llegamos a comprender que no podemos hacer nada si confiamos en nuestra propia sabiduría y habilidades. Si predicáremos el evangelio para jactarnos de nuestros propios conocimientos y sabiduría, el fruto del evangelio caerá pronto. En el instante en que pensamos que podemos hacerlo por nosotros mismos, el Espíritu de Dios nos deja.

Debemos poseer la misma fe que Josué y Caleb, así como la de David y Pablo. Cuando entendamos que el evangelio se predica gracias al poder de Dios, y confiemos en él, venceremos la persecución y las calumnias para expandir al mundo la fragancia de Cristo, como se expande la mirra. Entonces este mundo no será digno de nuestra fe.

Ellos se ocupan en difamarnos, considerándonos herejes; no tienen lugar para lo nuevo y verdadero. Cuando llevemos muchos frutos del Espíritu Santo, nos amemos unos a otros en Sion y vivamos de acuerdo a la palabra de Dios, los estaremos venciendo.

Cuanto más sopla el viento, más vuela una cometa. Del mismo modo, cuanto más sopla el viento de la persecución, más se predica el evangelio. No debemos cometer la tontería de no dar gracias a Dios aun cuando nos brinda buenas condiciones y muchas bendiciones, pues estaríamos considerando lo bueno como un desierto seco y desolado. Aunque hayamos recibido una condición difícil, debemos dar gracias a Dios y considerarla un Edén. Así como el apóstol Pablo hizo florecer el evangelio y cosechó su fruto, espero que todos nosotros seamos alabados en el cielo como héroes de la Biblia.

Siempre que el apóstol Pablo viajaba a algún país para predicar el evangelio, se decía a sí mismo y a sus compañeros en la obra:“Seamos autores de un nuevo comienzo; este es un buen lugar para comenzar”. Dondequiera que él iba, el evangelio crecía y se extendía. Pablo hizo discípulos en muchas naciones y les enseñó a obedecer las palabras de Cristo, lo cual le permitió ser abundantemente bendecido.

Nosotros también seamos autores de un nuevo comienzo. Confiando en Dios, que es grande y poderoso, prediquemos su palabra dondequiera que vayamos.

Así como la alarma de un reloj nos despierta y levanta aunque nos molesta, las dificultades y la persecución ante nosotros, despiertan nuestras almas dormidas y aceleran el evangelio. ¡Hermanos y hermanas, confiemos solo en Dios, y llegaremos a ser tan grandes y poderosos que pelearemos la buena batalla del evangelio y venceremos a este mundo!

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