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Querencia

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Heungbu y Nolbu, una antigua novela coreana, contiene conocimientos científicos de las aves migratorias. Esta novela trata sobre un buen hombre llamado Heungbu, que cuida de una golondrina bebé que se quebró la patita al caer de su nido a tierra. La pequeña golondrina emprende un largo viaje en otoño, y la siguiente primavera vuelve a Heungbu con una semilla, que crece hasta convertirse en calabaza llena de piedras preciosas en su interior.

El instinto de los animales de salir de su hábitat o de donde desovan a lugares lejanos y regresar a su lugar de origen, se llama querencia. Como se muestra en la novela Heungbu y Nolbu, la golondrina tiene una notable querencia. Hace unos años, un experto en aves colocó anillos con códigos en las patas de diez golondrinas para experimentar su capacidad de orientación. La siguiente primavera, para su sorpresa, seis de las diez golondrinas regresaron con exactitud a sus nidos originales.

Las aves migratorias tienen diferentes lugares para la reproducción y el invierno. Sin embargo, no buscan nuevos lugares para la cría o para pasar el invierno todo el tiempo. En cambio, siempre recorren las mismas rutas con una capacidad de localización excepcional. Las aves como las golondrinas, cucos, garcetas y ruiseñores pasan el invierno en el sudeste asiático o el sur de China, y vuelan a Corea en primavera y se reproducen allí. Por el contrario, aves como las cercetas de Baikal, los gansos y las grullas de corona roja se reproducen en las regiones del norte de Manchuria y Siberia, vuelan a Corea en otoño y pasan el invierno allí. En el pasado, la gente no sabía sobre la migración de las aves, por lo que solían pensar graciosamente que las aves se escondían en el suelo en el invierno. No fue sino hasta el siglo XX cuando se descubrió el secreto de la migración de las aves a través de anillos o transmisor de radio por satélite o radar.

Las palomas, aunque no son aves migratorias, también son famosas por encontrar el camino a casa con precisión desde lugares distantes. En el tiempo en que no se habían desarrollado los medios de comunicación, la gente enviaba y recibía cartas usando palomas como mensajeras, aprovechando su querencia. Las palomas también se mencionan en la Biblia. Después de que Noé escapó del diluvio, envió una paloma para ver si el agua había retrocedido, y la paloma regresó al arca con una hoja de olivo en el pico.

El salmón es uno de los típicos peces migratorios. Los salmones nacen en agua dulce, pero pasan la mayor parte de su vida en el mar. Luego regresan a la corriente en la que nacieron para desovar. Por el contrario, las anguilas, nacidas en el mar, viven la mayor parte de su vida en agua dulce, pero finalmente regresan al mar para desovar. Después de la eclosión, las anguilas bebé regresan con precisión a los ríos donde vivían sus madres.

Los animales domésticos como los perros y gatos también tienen el instinto de querencia. En Corea, un perro de Chindo que fue vendido a una ciudad, recorrió más de 300 km durante siete meses para volver a casa. En EE. UU., un gato que se perdió mientras viajaba con su dueño, regresó a su casa que estaba a 321 km de distancia después de dos meses; cuando el gato llegó a casa, sus patas estaban cubiertas de sangre y sus garras casi habían desaparecido. Las abejas y las hormigas también tienen instinto de querencia; las hormigas excretan sustancias químicas llamadas feromonas1 y regresan a casa mediante su olor.

1. Feromona: sustancia química liberada por un animal, que afecta el comportamiento o la fisiología de otros miembros de la misma especie. Hay feromonas de grupo de abejas y feromonas de hormigas que guían el camino.

La distancia no es importante para regresar a casa. Algunas aves y peces viajan distancias relativamente cortas, pero muchos viajan una larga distancia. Las mariposas monarca viajan 5000 kilómetros de los Estados Unidos a México, con sus alas diminutas y delicadas. Entre los colibríes, que son las aves más pequeñas midiendo 5 cm de longitud, algunos recorren hasta unos 850 km en un viaje.

Las aves migratorias viajan miles o decenas de miles de kilómetros para ir a casa. Las cercetas de Baikal vuelan 4000 km de Siberia a Corea del Sur para pasar el invierno. El ave que viaja la distancia más larga es el charrán ártico que vive en el Ártico; esta ave abandona el Ártico para hacer un viaje a la Antártida y regresa cada año. Cada ida y vuelta es de unos 70 000 km de longitud. La distancia que viaja durante su vida de unos treinta años es igual que ir y regresar de la Tierra a la Luna tres veces. Los salmones también nadan decenas de miles de kilómetros hasta el Océano Pacífico y vuelven al lugar donde nacieron.

Todavía no se sabe con claridad cómo las aves y los peces viajan con precisión distancias tan largas sin mapas ni brújula ni GPS. De acuerdo con los resultados de las investigaciones, parece que utilizan las constelaciones, la Luna o el Sol como índices direccionales, o encuentran características geográficas distintivas, o el olfato, o reciben ayuda de una fuerza invisible llamada campo magnético terrestre.

Aunque tienen un sentido y una capacidad excepcionales, solo unos pocos logran regresar a casa a salvo. La probabilidad de que los salmones regresen al curso del río donde nacieron es solo del 1 %. Algunos son devorados por peces o aves más grandes mientras crecen, además el camino a casa no es nada fácil; tienen que evitar los ataques de sus enemigos y nadar por fuertes cascadas y sortear obstáculos como las rocas. También hay innumerables dificultades y obstáculos durante la migración de las aves. Necesitan mucha energía para viajar una larga distancia. Si no encuentran comida en su camino, se agotan y mueren. Asimismo, ya que no tienen la capacidad de predecir el tiempo, a veces pierden la vida debido a cambios meteorológicos como tormentas, ventiscas, niebla y lluvias copiosas. Sin embargo, no dejan de viajar para volver a casa. No importa lo lejos que tengan que viajar, no importa cuántos obstáculos enfrenten, continúan su camino a casa.

Los animales con instinto de querencia hacen una preparación minuciosa y se ayudan mutuamente para ir a casa. Cuando los salmones llegan a la desembocadura del río, necesitan tiempo para adaptar su cuerpo a la vida en agua dulce. La mayoría de los peces viven solo en agua dulce o en agua salada, pero los peces que viajan al mar y al agua dulce de un lado a otro, como el salmón y la anguila, necesitan adaptarse a los cambios de salinidad. Si observamos cómo un repollo fresco se empapa cuando está salado, podemos entender el cambio ambiental causado por la diferencia de salinidad. Para superar este cambio ambiental, los salmones y las anguilas pasan por un proceso fisiológico de adaptación llamado osmorregulación en agua salobre2 durante mucho tiempo, para que puedan desovar.

2. Zona de agua salobre: zona donde el agua dulce y el agua de mar se mezclan libremente. Tiene una amplia concentración de sal entre 0,5 y 30 ‰, y sufre cambios drásticos, dependiendo del clima o de las precipitaciones. (Generalmente, al agua por debajo de 0,5 ‰ de concentración de sal se le llama agua dulce, y al agua que supera el 30 ‰ se le denomina agua de mar.)

En cuanto a las aves migratorias, almacenan grasa —que les sirve de combustible— en sus cuerpos, antes de volar una larga distancia. Después de ingerir más alimentos de lo habitual, transforman el exceso de nutrientes en grasa y la acumulan en sus cuerpos. Los playeros rojizos, que viajan unos 30 000 km al año, duplican su peso durante diez días antes de la migración. Los ruiseñores, que son aves migratorias de Suecia, acumulan grasa —el combustible para volar, al igual que un automóvil se llena de combustible— en Egipto justo antes de cruzar el Sahara, que está a 1500 km de longitud, para llegar a África Central y del Sur.

Las aves migratorias vuelan en forma de V, dependiendo del aleteo de cada ala, de modo que pueden volar lejos con poca fuerza; cuando el ave que está en la parte delantera aletea en la formación en V, el ave que está detrás puede utilizar el flujo de aire creado por el ave que está delante y flotar en el cielo durante mucho tiempo con aleteos más pequeños. Un experimento muestra que las aves que vuelan en una formación de V utilizan entre 11 y 14 % menos energía, en comparación con las aves que vuelan solas.

La razón por la que la vida de los animales con instinto de querencia parece especial, es que el significado de hogar también es, sin lugar a dudas, grandioso para el hombre, el señor de toda la creación. Los estudiantes extranjeros y los inmigrantes añoran sus países de origen, y a veces sufren de nostalgia. Las personas desplazadas, que no pueden ir a su pueblo natal aunque quieran, pasan toda su vida llorando en su interior.

La humanidad ha estado intentando durante mucho tiempo descubrir la razón por la que los animales buscan sus hogares. Sin embargo, hemos comprendido muy poco acerca de esto. Solo lo explicamos como la capacidad con la que nacen, es decir, su instinto. Significa que naturalmente se dirigen a casa así como a un bebé no se le enseña a succionar la leche, sino que simplemente lo hace. ¿Por qué es que muchos animales y seres humanos tienen este instinto de querencia?

“Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehová.” Jer. 8:7

“pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; […]” He. 11:15-16