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Dos dulces rosquillas de arroz

Kim Seo-hyeon, desde Seúl, Corea

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Camino a casa después de la reunión del área de estudiantes en la iglesia, de repente recordé a mi mamá y la llamé.

—Mamá, estoy regresando a casa después de la reunión.

—¡Ya veo! Seohyeon, por cierto…

—¿Sí?

—¡Realmente quiero comer rosquillas de arroz dulces!

Diciendo que estaba bien, colgué y miré en mi bolso. Encontré un billete de un dólar arrugado y algunas monedas. Pensando que al menos podría comprar una rosquilla, entré en la panadería. Afortunadamente, apenas pude comprar dos rosquillas. Con la simple idea de pensar cuánto iba a disfrutarlas mi mamá, mis pasos eran ligeros. Finalmente le entregué las rosquillas a mi mamá.

—Mamá, aquí están.

—Oh, ¿en verdad?

—Sí, pero solo pude comprar dos por falta de dinero.

—¡Gracias, Seohyeon!

Al compartir las rosquillas con mi mamá, hablamos alegremente. Por la influencia de mi mamá, a quien le encantan las rosquillas de arroz, yo también las comía con frecuencia. Pero ese día, sabían más deliciosas que cualquier otro día. Aunque solo comimos dos rosquillas, mamá y yo las disfrutamos mucho, sintiéndonos felices. Probablemente fue debido al amor contenido en ellas. Ese día estaba muy agradecida por el hecho de tener una familia con la cual compartir incluso algo pequeño.