Cuando el personal pastoral asiste a la Gran Asamblea General, hace un balance del año que pasó y traza el plan para el nuevo año según el calendario sagrado, lo que más tienen presente son las palabras de la Madre celestial. El tema central de la Gran Asamblea General de 2026, realizada del 16 al 19 de marzo, fue el “amor”. A través de las enseñanzas que la Madre dio durante todo el programa, así como del balance de 2025 y de la presentación de casos ejemplares en diversas áreas, el personal pastoral de todo el mundo comprendió una vez más que muchas almas pueden salvarse cuando cada uno interioriza y practica el amor que Dios enseñó y mostró con su ejemplo.
¿Cómo se está poniendo en práctica el amor de Dios en los Siones de países con culturas, entornos y formas de pensar tan diferentes? ¿Qué aprendió y resolvió el personal pastoral a través de la Gran Asamblea General? Durante este periodo, el personal pastoral del extranjero compartió sus reflexiones y visiones. El equipo editorial recopiló por escrito estas impresiones y resoluciones.
En esta Gran Asamblea General, la Madre enfatizó continuamente el amor. Sentí pena al pensar que la Madre nos lo recordaba una y otra vez porque yo todavía sigo siendo insuficiente, a pesar de que debería haber cuidado a los miembros con más atención, amor y sinceridad.
Aunque yo sea insuficiente, la obra del evangelio de Brasil ha avanzado de manera asombrosa y rápida gracias al poder del Padre y la Madre. Cuando fui destinado a Brasil en 2007, en un país 85 veces más grande que Corea había una sola iglesia, la de São Paulo. Ahora, en comparación con aquel entonces, se han establecido iglesias por todo el país y se reúnen hermosos miembros. Junto con el crecimiento de las iglesias, todos los logros gloriosos —incluida la medalla al mérito legislativo que la Iglesia de Dios recibió del Congreso Nacional de Brasil, así como las invitaciones al Congreso Nacional y a los concejos municipales—, son verdaderamente por la gracia de Dios. Hubo tiempos difíciles y momentos en que no supe qué camino tomar, pero la Madre me alentó y me guio de la mano, y gracias a Ella ha sido posible alcanzar los frutos de hoy. De ahora en adelante, lo único que debemos hacer es obedecer las palabras del Padre y la Madre y practicar el amor.
Ver a la Madre después de tanto tiempo, y notar lo demacrada y cansada que se veía, me partió el corazón. En realidad, este es un evangelio que podría culminarse incluso sin nosotros, ¿no es así? Sin embargo, el Padre y la Madre nos lo han confiado para que podamos nacer de nuevo y recibir la bendición. Mirando atrás, sentí una profunda pena por los momentos en que no comprendí Su voluntad e intenté hacer las cosas según mis propios pensamientos. Creo que me llamaron a esta Gran Asamblea General para corregir mi fe y hacerme comprender el corazón y el amor del Padre y la Madre.
Quienes vienen por primera vez a la iglesia dicen que los miembros son como una verdadera familia. Creo que esto se debe a que la Madre nos trata con amor y nos recuerda que somos la familia celestial, por lo que los miembros que llegaron antes tratan naturalmente a los demás como a su propia familia.
Sería maravilloso que la fe se mantuviera siempre firme, pero a veces se tambalea sin querer. En esos momentos, los miembros recobran fuerzas al escuchar las palabras de la Madre. Más allá de fortalecer su propia fe mediante la palabra viva de Dios, esas palabras se convierten en la fuerza motriz para predicar el evangelio en otras ciudades. Como saben que a la Madre le alegra la unidad, los miembros se unen de corazón para llevar a cabo la predicación unida incluso en circunstancias difíciles. No sería exagerado decir que la norma de vida de los miembros son las palabras de la Madre y el amor que contienen.
Por eso, este año deseo formar, a través de la educación, a más obreros del evangelio llenos de amor. Aunque cada uno enfrenta circunstancias y dificultades distintas, creo que, gracias al profundo amor que todos sentimos por el Dios Elohim, podremos superar toda prueba y llevar adelante juntos ese profundo designio.
Durante el año pasado, los miembros de nuestra iglesia local apoyaron la obra del evangelio de Uruguay y vivieron algunos de los momentos más apasionantes y conmovedores que han tenido. Todos los que participaron en la misión de corto plazo regresan con la fe fortalecida. Una vez allí, es inevitable pensar en la época en que el Padre predicaba el evangelio. Al reflexionar sobre cómo Él reunía los gastos para predicar, predicaba el evangelio y hasta escribía los libros de la vida en medio de circunstancias desconocidas y adversas, los miembros se preparan para el siguiente paso, con la fe de que, si Dios les ordenara establecer una iglesia en el desierto, irían de inmediato. Como saben que deben cumplir fielmente su misión donde sea que estén para no dejar pasar ninguna oportunidad del evangelio, continúan hoy fieles al evangelio.
Por eso la palabra de Dios es tan importante. Al final, tanto el amor como la obediencia se logran a través de la palabra. En nuestra iglesia local aprovechamos activamente la educación en línea, que es como un regalo de la Madre. Estudiamos con constancia las palabras que se nos permiten en cada momento y cada día revisamos por nosotros mismos en qué educación y servicio participamos. Puede parecer que no tiene nada de especial, e incluso insignificante, pero el resultado no lo es. Los miembros que se alimentan cada día de la palabra de Dios y examinan su fe se llenan del Espíritu Santo y llevan a cabo el evangelio con un fervor que nunca se enfría.
En la palabra que Dios nos da hay un camino y una visión. Cuando llegué por primera vez a Mozambique, el número de miembros crecía con rapidez, pero faltaban obreros. Había que ayudar a que, al menos, los miembros que habían llegado antes tomaran la delantera en el evangelio de Mozambique con sentido de misión. No fue fácil, porque todavía no había obreros que los miembros pudieran tomar como ejemplo. Mirando atrás, sin embargo, ese papel no tenía que cumplirlo necesariamente una persona, porque la respuesta ya estaba en la palabra de Dios. Al compartir continuamente las palabras de la Madre para que los miembros pudieran transformarse, como quien se moja poco a poco bajo una llovizna, ellos comenzaron a comprender que completar el evangelio de Mozambique era su propia bendición, y empezaron a levantarse. Más tarde, surgieron varios miembros locales del personal pastoral decididos a decir: “Nosotros completaremos el evangelio de Mozambique”. Como resultado, la verdad se está difundiendo aún más rápido. Cada vez que veo a los miembros que desean parecerse a la Madre en todo —desde la actitud ante la palabra hasta el anhelo de salvar aunque sea una sola alma—, no puedo sino sentir gratitud.
Así es. Ante todo, debemos estar llenos de amor nosotros mismos antes de poder transmitirlo a los demás.
En Sri Lanka, tanto antes como después de la pandemia de la COVID-19, la economía se volvió tan difícil que ni siquiera el suministro de gas o electricidad era estable. La gente simplemente luchaba por sobrevivir, atada a su sustento diario. En medio de ese periodo difícil para todos, los miembros de Corea y de India vinieron en misiones de corto plazo para apoyar la obra del evangelio de Sri Lanka.
Predicar en Sri Lanka es difícil, pues allí se hablan el cingalés y el tamil. Los miembros de India que sabían tamil ahorraron dinero durante uno o dos años, y en algunos casos varios años, para poder viajar a Sri Lanka, mientras que los miembros de Corea estudiaron cingalés antes de llegar y predicaron con verdadero fervor. ¿Cuál fue el origen de todo ese esfuerzo y esa entrega? El amor. Por amor al Padre y la Madre, trabajan con empeño y ahorran con esmero para reunir los fondos de la misión. Incluso estudian hasta altas horas de la noche un idioma extranjero que ni siquiera sabían leer. Todo esto lo hacen por la salvación de las almas, que es lo que más desean el Padre y la Madre. Conmovidos por ese ejemplo, los miembros locales también dejaron de lado sus propias dificultades y se unieron a la predicación, logrando resultados aún mayores. Incluso ahora, los miembros mantienen la determinación de alcanzar buenos resultados a través de la unidad.
Los miembros de Nueva Zelanda también vinieron a apoyar la obra del evangelio de Australia. Como Australia es un país tan extenso, se necesitan muchos obreros. Los miembros de Australia y de Nueva Zelanda formaron equipos y realizaron la obra misionera en distintas ciudades. Aprendieron unos de otros, se animaron mutuamente y compartieron un mismo propósito, sintiendo así la alegría de la unidad. La respuesta de los miembros fue tan entusiasta que este año también planeamos llevar a cabo la predicación unida entre países.
La obra del evangelio de Francia también está cobrando vitalidad gracias a los equipos misioneros de corto y largo plazo provenientes de Corea. Aunque la tecnología de la IA haya avanzado, para comunicarse con la gente y enseñar la verdad es indispensable aprender francés. Se necesitan al menos seis meses de estudio, un periodo de esfuerzo solitario que cada uno debe atravesar por cuenta propia, sin ayuda de nadie. Aunque resulta frustrante y difícil, los miembros coreanos cobran fuerza a través de la predicación y cumplen en silencio su misión. Su clara determinación y su firmeza espiritual, sin vacilar, se convierten en un ejemplo para los miembros locales.
Así es. Sin embargo, los miembros del personal pastoral deben examinarse siempre a sí mismos para transmitir a los miembros ese amor tal como el Padre y la Madre lo entregaron. Sería maravilloso poder mantener siempre el primer amor, pero a veces afloran nuestros propios pensamientos o nuestro carácter. Será por eso que la Madre nos sigue enseñando y mostrando el amor con su ejemplo hasta el día de hoy.
Creo que recordar y practicar el amor de la Madre es el modo más seguro de lograr la unidad. Confío en que, cuando obedecemos con humildad las enseñanzas que la Madre nos dio, en lugar de anteponer nuestra propia experiencia, el amor dentro de nosotros se profundiza y podemos unirnos a través del amor de Dios.
Una noche fui a entregar suministros a una iglesia local de otra zona, y vi a varios miembros nuevos reunidos. Al principio pensé que era una reunión de estudio, pero resultó que se habían juntado para despedir a uno de los miembros del equipo misionero que regresaba a Corea. Al parecer, habían llegado a sentir un cariño entrañable por aquel miembro que les había enseñado la verdad de vida y los había cuidado con tanto esmero.
Con el paso de los años, siento que el amor de los miembros se hace cada vez más profundo. Sin embargo, a veces no logro cuidarlos adecuadamente porque estoy ocupado, así que me esfuerzo continuamente por no perder el fervor de los comienzos.
Mientras pastoreaba en Kenia, pensé mucho en el Padre y la Madre, que cultivaron el evangelio en circunstancias tan difíciles. Al principio, no sabía cómo tratar a los miembros de una cultura tan distinta a la mía, así que siempre pedía en oración que se me mostrara el camino. Pero resultó que ya me lo habían mostrado todo. Tal como lo hicieron el Padre y la Madre, mi tarea era tratar a los miembros con amabilidad y esmero, explicarles con detalle lo que no entendían, y no rendirme sin importar cuántas veces hiciera falta. Aunque los cambios visibles fueran mínimos al principio, dejé de lado mis propios juicios e ideas, aprendí la cultura y me esforcé por comprender el corazón de los miembros a través de la comunicación. Así, ahora los miembros se esfuerzan sin descanso por parecerse a la Madre.
En ese proceso se requiere paciencia. Aunque había vivido mucho tiempo en la República de Sudáfrica, Zimbabue era distinto. Había pocos obreros y mucho por hacer, pero no importaba, porque era el camino que la Madre ya había recorrido.
Primero, escuché la historia de cada uno de los miembros. Escuché cuál era su visión y los animé diciéndoles que los ayudaría. Es solo un pequeño intento de imitar a la Madre, pero aunque lleve mucho tiempo, cuando se invierte este esmero, los miembros sienten que el interés del personal pastoral es el interés de la Madre, y de ahí sacan fuerza y consuelo. La mayoría de los miembros que encuentran una visión del evangelio terminan convirtiéndose en obreros conforme a esa visión.
En comparación con las bendiciones que he recibido de la Madre, sigo siendo insuficiente, y me apena y a la vez me llena de gratitud que Ella siempre me dé un cálido consuelo y aliento en vez de reproche. Durante toda la Gran Asamblea General sentí el amor de la Madre llenar mi corazón. Grabaré en mi corazón las palabras que la Madre me dio y, este año, oraré con aún más fervor para contribuir a la culminación del evangelio.
Durante la Gran Asamblea General recibí directamente el amor y el cuidado de la Madre. Sentí que Ella desea que transmitamos por completo ese amor a los miembros.
Lo que el Padre y la Madre vinieron a esta tierra a entregarnos es, precisamente, el amor. El conocimiento o la información los puede obtener cualquiera con facilidad, pero el amor verdadero solo se puede recibir del Dios Elohim en Sion. Los miembros que llegan a comprender ese amor cálido permanecen junto a Dios hasta el final y comparten ese amor con su familia, sus vecinos y sus conocidos.
Hasta ahora, me ha faltado amor, y quiero pedir perdón de corazón a los miembros. Al volver a Estados Unidos, pondré en práctica de inmediato todo lo que aprendí en la Gran Asamblea General. Serviré a los miembros con entrega y, además, seré un profeta que lleve el amor de la Madre al mundo entero.
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