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noviembre 21, 2019

Una causa escrita en contra de Cristo: “ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS”

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Nosotros, el pueblo de Dios que mora en la verdad, somos conscientes de que Jesús fue sacrificado en la cruz como un rescate para el perdón de los pecados que cometimos en el cielo.

Entonces, ¿qué clase de pecados cometimos en el reino de los cielos? Averigüemos cuáles fueron nuestros pecados, que causaron que fuéramos expulsados del cielo, a través del sacrificio de rescate de Jesús.

Cuando Jesús estaba colgado en la cruz, una causa escrita se puso sobre su cabeza, en la que se leía: “EL REY DE LOS JUDÍOS”.

“Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS.” Mt. 27:37

Cuando Jesús nació, la región de Judea estaba bajo el control del rey Herodes, nombrado por el Imperio Romano. Pero cuando Jesús predicaba el evangelio, Judea estaba regido por un gobernador que había sido enviado desde Roma. Por eso, no había rey sino César, el Emperador Romano. Si alguno decía ser rey, significaba que había cometido traición contra el Imperio Romano.

En realidad, cuando los sumos sacerdotes y los ancianos trataron de acusar a Jesús, eran bastante conscientes de que no podían acusarlo por razones religiosas. Entonces, para culpar a Jesús de traición, estuvieron alertas para atraparlo, por eso pudieron acusarlo, diciendo: “Él está fomentando disturbios entre los judíos, diciendo ser el rey de los judíos”. Por esa razón enviaron a sus discípulos, junto con los herodianos, cuando trataron de probar a Jesús.

“Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: […] Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?” Mt. 22:15-17

Los judíos dijeron esto porque tenían la siguiente intención: si Jesús les decía que pagaran tributos al emperador romano, se quejarían de él por ser un agente del Imperio Romano, y si les decía que no pagaran tributos al emperador romano, lo acusarán de ser traidor contra Roma haciendo que los herodianos dieran testimonio contra él. Pero Jesús conocía su malicia y dijo lo siguiente:

“Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.” Mt. 22:18-22

Pilato, un gobernador romano, también preguntó a Jesús si él era el rey de los judíos cuando estuvo delante de él.

“Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?” Jn. 18:33

Después de preguntar a Jesús, Pilato no pudo encontrar ninguna base para formular un cargo contra él. Sin embargo, tuvo que pensar en el riesgo político que sufriría si no castigaba a Jesús.

“Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone. Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata.” Jn. 19:12-13

Pilato era consciente de que si no castigaba a Jesús, los judíos ciertamente expandirían este malvado rumor: “El gobernador está refugiando a un traidor”. Ya que sabía que su vida política podría estar en peligro si ese rumor se expandía a todo el Imperio Romano, decidió seguir la demanda de los judíos.

Finalmente Jesús fue sentenciado a muerte después de ser falsamente acusado de traición contra Roma por los judíos. Por eso, pusieron sobre su cabeza una oración escrita con el cargo contra él: “ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS”. No fue porque nuestro Cristo no tuviera poder que fue ejecutado por los soldados romanos. Él enfrentó todos los sufrimientos a fin de cumplir cada profecía referente a él escrita en la Biblia.

“¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?” Mt. 26:53-54

Jesús murió crucificado, la cual era la forma más severa de ejecución de los romanos. Fue sentenciado para ser crucificado por nuestros pecados, siendo acusado de traición. Esto nos muestra qué clase de pecados cometimos en el cielo antes de ser lanzados a esta tierra.

Así como descendimos a esta tierra después de cometer traición en el cielo, Jesús también fue ejecutado bajo el cargo de traición y nos salvó a nosotros, los injustos. Es por eso que nuestros pecados son descritos como “pecados que merecen la muerte”. Ya que Dios ha perdonado nuestros pecados que merecen la muerte, ¿cuántas gracias debemos dar a Dios?

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” Is. 53:4-6

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