
“Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” Josué 1
n obediencia a la voluntad de Dios, Josué asumió la misión de Moisés, y estaba por cruzar el Jordán, guiando al pueblo de Israel. A fin de entrar en la tierra prometida de Canaán, tenían que cruzar el río Jordán. Pero como era la estación de la cosecha, la estación lluviosa, el Jordán solía desbordarse.
“Todo el pueblo debe seguir a los sacerdotes, y los sacerdotes deben llevar el arca del pacto y pasar delante del pueblo. Cuando alcancen la ribera de las aguas del Jordán, vayan y deténganse en el río. Verán que el arca del pacto del Señor de toda la tierra pasará el Jordán delante de ustedes. Dios hará cosas sorprendentes entre ustedes.”
Como Josué había ordenado, los sacerdotes que llevaban el arca del pacto se dirigieron primero al Jordán. Tan pronto como llegaron al Jordán, sus pies tocaron la ribera de las aguas y el agua que venía desde arriba se detuvo. Se detuvo como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que estaba al lado de Saretán, y las aguas que descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron. Entonces, el fondo del río quedó completamente expuesto.
Los sacerdotes que cargaban el arca del pacto estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco. A través de esto, todos los pueblos de las fronteras de Canaán llegaron a conocer el poder de Dios y los reyes de los amorreos y cananeos nunca más tuvieron la valentía de enfrentar a los israelitas: sus corazones se derritieron de miedo (Jos. 5:1).
¿Quiénes no sentirían temor en una situación donde hay un río desbordándose frente a ellos? No obstante, ¿habría ocurrido la sorprendente obra de Dios si los sacerdotes hubieran dudado de cruzar el Jordán por temor, o si solo hubieran esperado que Dios dividiera el río?
Ahora estamos a la ribera de la Canaán celestial. Aunque hay muchas dificultades delante de nosotros, no debemos vacilar ni dudar de guiar nuestros pasos a la predicación del evangelio. Con nuestra Madre celestial, que es la realidad del arca del pacto, en nuestros corazones, vayamos valientemente. Entonces el camino a las bendiciones inimaginables de Dios estará abierto para nosotros.