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Cuando comienza el Año Nuevo, el saludo “¡Que reciba muchas bendiciones!” se escucha por todas partes. Incluso aquellos que no suelen decir tales palabras se desean bendiciones unos a otros en esta época del año.
Los miembros de la familia de Sion nos saludamos diciendo “¡Dios los bendiga mucho!” todos los días, no solo en un día específico. En la Biblia, las palabras se comparan con las semillas. El saludo “¡Dios los bendiga mucho!” no es una frase de cortesía rutinaria, sino que se convierte en una semilla que crece y, sin falta, da frutos de bendición. Espero que compartan abundantemente este hermoso saludo para que tanto el que habla como el que escucha puedan recibir bendiciones.
Examinemos juntos las enseñanzas de la Biblia para ver qué clase de personas son verdaderamente bendecidas por Dios y de qué manera podemos compartir las bendiciones de Dios con la humanidad.
Dios reconstruyó Sion, que por mucho tiempo había estado en ruinas, y allí otorgó su bendición (Sal 102:16, 133:1-3). Las personas bendecidas por Dios son, precisamente, el pueblo que habita en Sion.
“a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya. Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones. Y extranjeros apacentarán vuestras ovejas, y los extraños serán vuestros labradores y vuestros viñadores. Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Jehová, ministros de nuestro Dios seréis llamados; comeréis las riquezas de las naciones, y con su gloria seréis sublimes. […] Y la descendencia de ellos será conocida entre las naciones, y sus renuevos en medio de los pueblos; todos los que los vieren, reconocerán que son linaje bendito de Jehová.” Isaías 61:3-6, 9
Espiritualmente, Sion es el lugar donde se guardan las fiestas solemnes de Dios (Is 33:20-24). El día de reposo, la Pascua y todas las demás fiestas que Dios nos ha enseñado están conectadas con sus bendiciones. Dios estableció las fiestas con el propósito de que recibamos bendiciones.
La Biblia dice que los hijos de Sion serán llamados sacerdotes de Dios y ministros de Dios. En la época del Antiguo Testamento, el sacerdote era la persona que oficiaba en el santuario de Dios y tenía el deber de ejecutar los sacrificios sagrados. Esto significa que las personas que guardan las fiestas de Dios, y que siguen y cumplen sus leyes y decretos, serán reconocidas como descendientes benditos de Dios.
“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel” Éxodo 19:5-6
Dios prometió que si obedecemos su palabra y guardamos su pacto, seremos su pueblo escogido, sobresaliendo entre todas las naciones, y nos convertiremos en un reino de sacerdotes. Si es un reino de sacerdotes, en esa nación debe haber ciertamente sacrificios; es decir, la adoración ordenada por Dios. Aquellos que tienen los decretos, leyes y estatutos que Dios ha plantado en sus corazones serán reconocidos por Dios como sacerdotes y como un reino de sacerdotes (Is 51:7).
El sacrificio que Dios nos ha ordenado, es decir, el culto espiritual, se refiere a la verdad del nuevo pacto.
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. […] Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” Jeremías 31:31-34
Dios ha puesto sus leyes, decretos y estatutos en el interior del pueblo celestial. Si cumplimos correctamente todas las leyes, decretos y estatutos que Dios nos ha dado, vendrán sobre nosotros todas las bendiciones que Él ha prometido.
“Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da. Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán. […] Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.” Deuteronomio 28:1-14
¿Cómo podemos saber si somos personas bendecidas? La evidencia es que ahora mismo estamos guardando y cumpliendo los mandamientos de Dios registrados en la Biblia. Si guardamos bien los mandamientos de Dios, sin duda seremos bendecidos al entrar y al salir, y seremos seres excelentes sobre todas las naciones. Que todos los pueblos de la tierra teman al pueblo santo de Dios significa que llegarán a sentir un profundo respeto y reverencia por ellos.
Tal como profetizó Jeremías, Jesús vino a esta tierra hace dos mil años y abrió el camino de la bendición al establecer la verdad del nuevo pacto para la humanidad (Lc 22:7-20). En el nuevo pacto que Cristo estableció con su sangre se encuentra la bendición de Dios, mediante la cual somos bendecidos tanto al entrar como al salir.
Los decretos del nuevo pacto, como el día de reposo y la Pascua, no son una imposición para obligarnos a guardar los cultos los 365 días del año. Su propósito es que, al guardar cada decreto, recibamos siempre las bendiciones de Dios a su debido tiempo. En pocas palabras, significa que guardemos el día de reposo para recibir la bendición prometida en él, y que guardemos la Pascua para recibir la bendición contenida en ella.
Sin embargo, a lo largo de la edad oscura de la religión, los tiempos y la ley de Dios fueron cambiados. Como resultado, hoy en día muchas iglesias guardan el domingo como día de adoración en lugar del día de reposo, que es el estatuto de Dios, y celebran la Navidad como el nacimiento de Jesús en lugar de la Pascua. Al desaparecer la verdad del nuevo pacto en la Tierra, ya no quedó nadie digno de recibir la bendición de Dios ni existió un reino de sacerdotes.
“Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor.” Ezequiel 34:11-15
“[…] y los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron, y los limpiaré; y me serán por pueblo, y yo a ellos por Dios. Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán un solo pastor; y andarán en mis preceptos, y mis estatutos guardarán, y los pondrán por obra. Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre.” Ezequiel 37:23-25
Como no había un pastor que guiara correctamente a las ovejas, y según la profecía de que Dios mismo vendría como pastor, Cristo vino por segunda vez en el nombre de David y nos enseñó uno a uno cuáles son los decretos y estatutos de Dios. Al restaurar todas las reglas de la verdad del nuevo pacto, incluyendo la Pascua y el día de reposo, transformó la Tierra en un mundo que puede recibir bendiciones.
“Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.” Miqueas 4:1-2
Se dijo que en los últimos días Dios proclamará y nos enseñará el camino de la vida, es decir, su ley, en el monte de Jehová, que es el monte de Sion. Esto significa que en la última época Dios vendrá a esta tierra manifestado en la carne para otorgar directamente la verdad de la salvación a la humanidad. Las bendiciones de Dios vendrán sobre el pueblo de Sion que actúe conforme a esa enseñanza.
En esta época, Dios ha venido como el Espíritu y la Esposa para restaurar la verdad del nuevo pacto y abrir el camino de la bendición. Actualmente, la única iglesia en todo el mundo que guarda debidamente las leyes, decretos y estatutos de Dios, conforme a sus enseñanzas, es la Iglesia de Dios Sociedad Misionera Mundial.
Si es así, no hay duda de que nosotros somos las personas más bendecidas entre los 8000 millones de habitantes del mundo. El hecho mismo de que la ley de Dios esté dentro de nosotros a través del nuevo pacto es una gran bendición. Debemos conocer el valor de tan inmensa bendición. La gente del mundo no sabe qué es lo más precioso y valioso en el reino de los cielos, pero aquellos que escuchan atentamente y ponen por obra la palabra de Dios, al ir al cielo, comprenderán que este era verdaderamente un tesoro de gran valor.
Jacob obtuvo la bendición después de pasar por innumerables dificultades. Por haber tomado la primogenitura y la bendición, se ganó el odio de su hermano y tuvo que huir a la casa de su tío Labán. Al regresar a casa después de veinte años, antes de llegar a su tierra natal, Jacob luchó con un hombre en el vado de Jaboc. En ese momento, Jacob se aferró a él diciendo: “No te dejaré, si no me bendices”. Incluso en medio del intenso dolor de tener el encaje del muslo descoyuntado, nunca soltó su mano, insistió con tenacidad y finalmente recibió la bendición de Dios, obteniendo el nombre de “Israel”, que significa “el que lucha con Dios y vence”. Detrás de esto estaba su fe, la cual conocía el valor de la bendición. De la misma manera, hoy en día, las bendiciones preparadas por Dios se otorgarán a aquellos que comprenden el valor de los decretos de Dios, los aprecian y los guardan.
Dios ha establecido la verdad del nuevo pacto para bendecirnos, y ha fundado la Iglesia para guiarnos por el camino de la bendición. Asimismo, nos ha encomendado la predicación con el propósito de ayudar a quienes aún no conocen la verdad, para que despierten a través de la palabra del agua de la vida y también puedan ser bendecidos. La predicación consiste en compartir las bendiciones de Dios con todas las personas del mundo. Somos portadores de bendiciones que transmiten a cada hogar la bendición de la Pascua —mediante la cual los desastres pasan de largo y se obtiene el perdón de los pecados y la vida eterna—, así como la bendición del día de reposo, que nos permite participar del descanso y la santidad de Dios. Por lo tanto, el mensaje que anunciamos es el “evangelio”, es decir, una noticia verdaderamente dichosa.
Si guardamos y cumplimos la palabra de Dios, seremos bendecidos al entrar y al salir; por lo tanto, el pueblo del reino de sacerdotes no debe conformarse con ser bendecido solo a nivel individual. Si uno tiene algo bueno, ¿no es una reacción humana natural querer compartirlo con los seres queridos? Por esta razón, Dios también vino a esta tierra, nos mostró el ejemplo de predicar y nos encargó que anduviéramos haciendo el bien a todas las personas del mundo a través de la predicación.
Por supuesto, en el proceso de proclamar el evangelio podemos experimentar sufrimientos o dificultades temporales. A veces nos encontramos con personas que rechazan o difaman el evangelio porque no conocen las bendiciones contenidas en los mandamientos de Dios. Sin embargo, la palabra prometida por Dios no cambia y se cumple tal como fue dicha. Aunque el camino de la predicación del evangelio a veces se sienta tan difícil como un desierto, al final comprenderemos que todo ese proceso fue el camino por el que Dios nos guio para bendecirnos finalmente.
“Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. […] que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal; que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien” Deuteronomio 8:1-16
Dios nos convierte en su pueblo santo, al cual todos los pueblos de la tierra verán, temerán y respetarán. Piensen por un momento en cuán grandioso será el resultado en el reino de los cielos por este único actoque realizamos en la Tierra al predicar el evangelio a una persona para que reciba la bendición.
Nosotros, que éramos pecadores del cielo, no estábamos en una posición digna de recibir bendiciones. Sin embargo, por medio de las leyes, decretos y estatutos del nuevo pacto, Dios perdonó todos nuestros pecados y nos estableció como descendientes benditos y como un reino de sacerdotes, colocándonos en la gloriosa posición de poder esparcir las bendiciones por todo el mundo.
Ahora, salgamos hacia el mundo llevando la verdad del nuevo pacto. Con el anhelo de que los 8000 millones de habitantes de la humanidad se conviertan en descendientes benditos de Dios, cumplamos nuestra misión como el reino de sacerdotes. Al final, la gloria de un sacerdocio real que brilla por la eternidad nos estará esperando en el reino de los cielos. ¡Que reciban muchas bendiciones hoy también, y espero que compartan abundantemente esas bendiciones con todos los pueblos!
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