WATV.org is provided in English. Would you like to change to English?

El orden de Melquisedec y la ley del diezmo

2680 Vistas

Dios, que ama a la humanidad, nos ha dado la Biblia como guía para nuestra salvación. Los sesenta y seis libros de la Biblia, que Dios escribió a través de muchos profetas en el Antiguo y el Nuevo Testamento, contienen todas las leyes y ordenanzas que el pueblo de Dios debe observar y el amor de Dios para bendecir y salvar a su pueblo.

Todas las reglas del nuevo pacto, como el bautismo, el Día de Reposo, la Pascua y la regla del velo, son leyes de vida que el pueblo de Dios debe seguir y observar absolutamente. Una de ellas es el diezmo. Algunas personas consideran erróneamente el diezmo como una donación a la iglesia; sin embargo, no debe considerarse simplemente como un material mundano, sino como una ley de la verdad que afecta significativamente nuestra salvación.

La correlación entre la ley de Dios y la salvación de la humanidad

La voluntad de Dios que estableció muchas leyes y reglas y las escribió en la Biblia es para finalmente concedernos la salvación.

“Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.” Os 8:12

En la ley está contenido el gran amor de Dios para guiar a su pueblo al reino de los cielos. Jesús estableció el nuevo pacto hace dos mil años en el aposento alto de Marcos con el propósito de redimir a su amado pueblo de sus pecados.

“Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.” Lc 22:19-20

Jesús estableció el nuevo pacto a través de su sangre, diciendo que era por nosotros. Sin embargo, ¿qué nos sucederá si no entendemos el amor de Dios, sino que consideramos todas las leyes y reglas del nuevo pacto que Dios estableció para nosotros como cosa extraña?

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad [‘ustedes, que violan las leyes de Dios’, NTV].” Mt 7:21-23

“De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.” Mt 13:40-43

Las personas que ignoran y violan las leyes de Dios escritas en la Biblia, como el Día de Reposo y la Pascua, nunca podrán entrar en el cielo. Si alguien considera las leyes que Dios estableció para la salvación de la humanidad como cosa extraña y no las observa, se alejará cada vez más del cielo.

El diezmo es una ley de Dios

El diezmo también está estrechamente relacionado con nuestra salvación. Dios estableció la ley del diezmo para que siempre podamos poner nuestra esperanza en el cielo y avanzar hacia el reino celestial.

Dios creó todas las cosas. En realidad, todo lo que usamos y disfrutamos en la tierra es un préstamo de Dios. Ofrecer el diezmo a Dios es el acto de reconocer que Dios es el Dueño de todas las cosas y también una expresión religiosa de entrega de nuestro corazón a Dios, más allá de lo material.

Podemos encontrar el origen del diezmo en la obra de Abraham.

“Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.” Gn 14:18-20

Abraham se encontró con Melquisedec en su camino de regreso después de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que estaban con él, y de rescatar a su sobrino Lot. Entonces Melquisedec, sacerdote de Dios, sacó pan y vino y bendijo a Abraham. Luego Abraham, nuestro antepasado de la fe, le dio la décima parte de todo en agradecimiento.

Esta historia es una sombra para hacernos saber que Cristo, la realidad de Melquisedec, debe aparecer y bendecir a la humanidad con la vida eterna a través del pan y el vino del nuevo pacto, y que aquellos que creen en Cristo y lo siguen son los descendientes espirituales de Abraham y deben dar el diezmo completo a Dios. Esta práctica del diezmo de Abraham se había transmitido de generación en generación. En el tiempo de Moisés se codificó la regla del diezmo y los israelitas dieron a los hijos de Leví sus diezmos, que fueron ofrecidos a Dios según el orden de Aarón.

“Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová.” Lv 27:30

“Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión.” Nm 18:21

Algunas personas insisten en que no es necesario practicar el diezmo porque la ley fue abolida en los tiempos del Nuevo Testamento. No obstante, Jesús enseñó a las personas que deben practicar el diezmo incluso en los tiempos del Nuevo Testamento.

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.” Mt 23:23

“Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.” Mt 22:20-21

Jesús enseñó repetidamente que debemos dar el diezmo a Dios, lo que es de Dios. Dios nuestro Salvador nunca abolió la ley del diezmo, ni en la época del Padre, ni en la del Hijo, ni en la del Espíritu Santo. Incluso hoy en día, en la época del Espíritu Santo, debemos cumplir plenamente la ley del diezmo en obediencia a la santa voluntad de Dios.

Las bendiciones de Dios contenidas en el diezmo

Dios nos ordenó que le demos la décima parte de todo lo que le pertenece. En la ley del diezmo está contenido el amor de Dios que quiere bendecir a quienes practican el diezmo.

“Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos? ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. […] Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.” Mal 3:7-12

Dios prometió que derramará bendición sobre todos los que practican el diezmo hasta que sobreabunde, incluso diciendo: “Probadme ahora en esto”. Podemos confirmar este hecho a través de los casos de Abraham y Jacob, los antepasados de la fe, quienes fueron bendecidos por Dios cuando practicaron el diezmo.

La Biblia dice: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. A través de esta verdad, podemos entender que el diezmo es una regla que garantiza bendiciones para quienes la practican. Además, es una forma de que aquellos que se han alejado de Dios regresen a Él. Por el contrario, aquellos que ignoran la ley del diezmo cometen el pecado de robar las cosas sagradas de Dios y terminan abandonando sus brazos de amor.

Después del viaje de los israelitas por el desierto, en su marcha hacia Canaán, la nación de Israel no pudo ser bendecida por Dios y fue derrotada en la guerra debido al pecado de Acán, que había robado las cosas sagradas (Jos 7:1-26). Este incidente histórico es una advertencia para nosotros que en estos días estamos esforzándonos en todos los ámbitos de la vida para cumplir rápidamente la evangelización mundial.

Los santos, que esperan la salvación en la época del Espíritu Santo, no deben violar la ley del diezmo. Si todos los santos aprecian las leyes de Dios y las guardan, la obra de la evangelización mundial continuará según lo planeado.

“Y acontecerá que cuando anuncies a este pueblo todas estas cosas, te dirán ellos: ¿Por qué anuncia Jehová contra nosotros todo este mal tan grande? ¿Qué maldad es la nuestra, o qué pecado es el nuestro, que hemos cometido contra Jehová nuestro Dios? Entonces les dirás: Porque vuestros padres me dejaron, dice Jehová, y anduvieron en pos de dioses ajenos, y los sirvieron, y ante ellos se postraron, y me dejaron a mí y no guardaron mi ley;” Jer 16:10-11

“Puse también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad al sonido de la trompeta. Y dijeron ellos: No escucharemos. Por tanto, oíd, naciones, y entended, oh congregación, lo que sucederá. Oye, tierra: He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras, y aborrecieron mi ley.” Jer 6:17-19

Si ofrecemos el diezmo a Dios, podemos llevar buenos frutos del evangelio que no caerán antes de su tiempo señalado y todas las naciones nos llamarán bienaventurados. Dios ha preparado estas tremendas bendiciones para nosotros y nos ha ordenado practicar la ley del diezmo. No debemos ignorar las severas palabras de Dios de que aquellos que desobedecen y abandonan su ley terminarán recibiendo los desastres y el castigo.

Recibamos bendiciones celestiales haciendo las cosas que Abraham hizo

Dios es el dueño del universo y considera la Tierra como una gota que cae del cubo. ¿A Dios le hará falta algo, para necesitar algo de nosotros? A Dios le preocupaba que su pueblo amado perdiera su ciudadanía celestial, desviándose por las posesiones materiales. Por esta razón, estableció la ley del diezmo para mantener nuestros corazones mirando al cielo.

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” Mt 6:19-21

“He aquí, por tercera vez estoy preparado para ir a vosotros; y no os seré gravoso, porque no busco lo vuestro, sino a vosotros, pues no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos.” 2 Co 12:14

El diezmo es la ley de Dios para los que llevan una vida de la fe solo mirando al cielo, para que puedan recibir las bendiciones y la herencia del glorioso reino de los cielos. Comprendiendo esto, entreguemos nuestro corazón a Dios a través de nuestro diezmo completo. Ninguno de nosotros debe perder neciamente las bendiciones eternas considerando como cosa extraña las leyes que Dios estableció para llevarnos al cielo, aferrándose a las cosas terrenales que se desvanecerán.

Dios apareció como Melquisedec para nuestra salvación y nos bendijo con la vida eterna a través del pan y el vino de la Pascua. Ofreciendo nuestro diezmo completo a Dios, volvamos nuestro corazón a Él. Todos nosotros hagamos lo que hizo Abraham, que practicó fielmente el diezmo y fue bendecido por Dios, y establezcamos el reino de Dios en todo el mundo cumpliendo la obra de la evangelización mundial lo antes posible.