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Comidas preparadas por mamá

Kim Jeong-ha, desde Anyang, Corea

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“¿Qué cenaré esta noche?”

Esto es lo que persiste en mi mente desde que salgo del trabajo hasta que entro en la cocina. Desde que cambié de trabajo y empecé a vivir sola, tuve que invertir mi tiempo en cosas en las que no había puesto mucha atención. Una de ellas es cocinar para mí.

Una noche, no pude comer hasta tarde. No quería una comida muy elaborada ni las mismas guarniciones que había comido el día anterior. Busqué algo en la alacena para comer y encontré una lata de kimchi salteado. Me vino a la mente un menú sencillo y fácil de preparar. Era arroz frito con kimchi. Quería disfrutar de un plato delicioso, así que busqué la receta en la Internet. Empecé a cocinar de inmediato porque tenía todos los ingredientes necesarios en casa y la receta era sencilla.

Primero, puse aceite en la sartén y corté las cebolletas que había puesto en el congelador. Cuando comencé a sofreír suavemente las cebolletas para hacer aceite con ellas, el aceite salpicaba por todas partes como un petardo. Gradué el nivel del fuego a toda prisa, pero el sonido de la humedad de las cebolletas al encontrarse con el aceite era ruidoso. Rápidamente puse el atún y lo revolví, agregando salsa de soja. Pero la salsa de soja hirvió de repente y comenzó el segundo espectáculo de petardos; fue más bien un bombardeo. Sorprendida, apagué la estufa, pero el bombardeo dejó marcas negras en toda la cocina.

Cuando la sartén se enfrió, casi me rindo y solo mezclé kimchi salteado, pimiento rojo en polvo y otros ingredientes, agregando arroz cocido. El plato final que hice era muy diferente a las fotografías en Internet. Incluso tenía miedo de probarlo, así que primero comencé a limpiar la cocina.

Desde las paredes de azulejos hasta el fregadero, limpié una y otra vez, lavando el paño de cocina varias veces. Fue solo después de que la cocina volvió a su estado original que pude comer algo. Cuando vi la hora, había pasado aproximadamente una hora y media desde que comencé a cocinar. El arroz frito con kimchi frío sabía mejor de lo que pensaba, quizá a causa del hambre.

Cuando estaba a punto de comer, recordé la petición de papá de llamarlo con frecuencia. Entonces hice una llamada telefónica.

—Papá.

—Oh querida. ¿Cenaste?

Tuve que decir que sí. Como era demasiado tarde para cenar, sabía lo que me dirían si decía que estaba por hacerlo. Podía escuchar a mi madre y mi hermana hablando y riendo desde el teléfono. Sentí que estaba en el mismo espacio. Pero en el momento en que colgué, volví a mi habitación. El arroz frito con kimchi frío se veía demasiado pobre, en comparación con el plato tibio que mi madre me preparaba.

—Mamá también debe de haber experimentado un espectáculo de petardos en la cocina —pensé.

—¿Ella también cocina platos para nuestra familia, pasando por bombardeos inesperados? -pensé.

Ahora contemplo los trabajos de mi madre que estaban escondidos en su mesa de comedor. Aunque no reconocemos sus esfuerzos, cada vez dedica su tiempo y cuidado a la preparación de las comidas en silencio. No obstante, yo solía descansar o hacía lo que quería. Daba por descontados sus esfuerzos y disfrutaba de las comidas después de pagarlas con un simple “gracias”.

Si hubiera sabido que poner la mesa era tan difícil, me habría sentado a ella apenas mi madre me llamara para cenar. Incluso debí haber disfrutado de platos ordinarios sin quejarme. ¿Por qué no lo hice antes?

Extraño las comidas preparadas por mi madre. No, extraño a mi madre, que prepara comidas caseras con su amor.