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agosto 5, 2020

Con el corazón y las manos de la Madre

Tejendra Gautam, desde Katmandú, Nepal

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Alrededor del mediodía del 25 de abril de 2015, un terremoto de 7,8 grados de magnitud sacudió Nepal. De repente, todo empezó a temblar, y parecía que el cielo se estaba cayendo y el suelo se hundía. Los miembros que estaban guardando un pacífico Día de Reposo se sorprendieron por el violento movimiento; se aferraron a las columnas o barandillas, y algunos perdieron el equilibrio y cayeron. Nunca supe lo aterrador que podía ser un terremoto hasta ese día.

Cuando el movimiento se detuvo, salimos a ver los alrededores. Gracias a Dios, casi no había daños en el edificio de la iglesia, y los miembros estaban todos a salvo. Pero muchos lugares, incluyendo el centro de Katmandú, habían quedado en ruinas, los edificios se derrumbaron inevitablemente, y un sinnúmero de personas estaban sepultadas bajo los escombros. Como las réplicas continuaban, los sobrevivientes fueron presas del pánico.

Los miembros de Sion también estábamos en una gran conmoción, pero nos animamos unos a otros y pusimos manos a la obra porque era muy urgente buscar a los sobrevivientes y restaurar la ciudad. Nuestro trabajo principal fue retirar todas las partes peligrosas de los edificios derrumbados para que no hubiera daños secundarios. Demoliendo completamente las paredes colapsadas, quitando los ladrillos rotos, haciendo caminos mediante la limpieza de los escombros… Nuestro trabajo continuaba. También armamos tiendas de campaña para las personas que habían perdido sus hogares, les proporcionamos alimentos y limpiamos las calles para que no hubiera epidemias.

Cuando estábamos haciendo la limpieza, trabajando en el polvo bajo el sol abrasador, nuestros rostros se ensuciaron tanto que no podíamos ni reconocernos. Aunque los miembros debían de estar muy cansados por el duro trabajo, llegaron de nuevo al lugar de restauración el día siguiente. Aunque les decía que descansaran un poco, ellos sonreían y decían: “No estoy cansado. Vendré nuevamente mañana”.

En realidad, aquí la mayoría de los miembros no eran acomodados. Sin embargo, soportaban los sacrificios para ayudar a la gente que estaba sufriendo por el gran desastre que nunca antes habían experimentado. Se parecían a la Madre que se sacrifica con amor por sus hijos en lugar de cuidar de sí misma.

La gente debe de haber sentido los sinceros esfuerzos de nuestros miembros. Como las noticias acerca de nuestros sinceros servicios voluntarios se difundieron por todas partes, la gente nos daba la bienvenida cada vez que salíamos a la calle para trabajar con nuestros chalecos amarillos. Algunos nos traían bebidas y bocadillos, y cuando estábamos tomando un descanso, algunos nos permitían sentarnos a la sombra. Incluso la policía elogió nuestro duro trabajo. Cada vez que escuchábamos un elogio, dábamos gloria a Dios.

Parece que tomará mucho tiempo restaurar Nepal al estado en que se encontraba. Lo que necesitamos hasta entonces es amor. Para restaurar la ciudad y abrazar a las víctimas heridas, los miembros nepaleses no dejaremos de poner en práctica el amor de la Madre. Oramos ansiosamente para que el pueblo de Nepal tenga esperanza y valor a través del amor de la Madre.

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