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abril 30, 2019

Nyanong Koung, desde Lincoln, NE, EE. UU.

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Desde que comencé mi vida de la fe en una iglesia, busqué la sabiduría en las palabras de Dios y estudié la Biblia para conocer a Dios cada vez que tenía tiempo. Pero a veces había partes que no tenían sentido para mí. Entonces, seguía orando a Dios para que me ayudara a entender la Biblia, creyendo en las palabras: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3).

Realmente creía que Jesús es Dios que vino en la carne, y fui bautizada en una iglesia. Pero ellos no estudiaban la Biblia a fondo. Solamente hablaban sobre el amor y ser una buena persona. Quería comprender más sobre las palabras de la verdad, así que continué estudiando por mí misma. Sin embargo, empecé a sentirme frustrada al no ser capaz de entender la voluntad de Dios. No sabía ni cómo recibir el perdón de pecados. Al sentirme culpable por pecar contra Dios, le rogué que me ayudara a llevar una vida piadosa.

Pronto, me trasladé a una nueva iglesia con la esperanza de encontrar personas que fueran entusiastas con respecto a las palabras de Dios. En esa iglesia, me sentía contenta de escuchar un discurso inspirador, pero todavía me sentía perdida. Aunque creía que Jesús murió en la cruz para quitar nuestros pecados y salvarnos, no comprendía por qué muchos cristianos que habían sido salvos del pecado, seguían pecando. A pesar de lo angustiado y deprimido que estaba mi espíritu, creí vagamente que ya tenía la salvación.

Oré fervientemente a Dios para poder comprender las palabras de la Biblia con claridad. Entretanto, por la gracia de Dios, llegué a conocer a algunos amigos que asistían a la Iglesia de Dios. La verdad que escuché primero fue la Madre Jerusalén. El estudio bíblico fue totalmente distinto a cualquier otro que hubiera tenido. Estaba tan sorprendida que concerté reuniones para estudiar cada semana. El orador se aseguró de que no tuviera malentendidos sobre lo que me preguntaba. Después de estudiar cada semana, recibí una nueva vida en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y me convertí en hija del Padre y la Madre celestiales.

Iba a la iglesia todos los días y estudiaba la Biblia, ya que había estado buscando desesperadamente la verdadera iglesia. El Padre y la Madre celestiales nos dan muchos regalos, por ejemplo: todos los Libros de la Verdad y los sermones que me ayudan a entender lo profundo de Dios, la revista Elohista que comparte las hermosas fragancias de Sion de todas partes del mundo, la revista Hogar Feliz que nos ayuda a construir el carácter y tener hogares felices, y el sitio web de la Iglesia de Dios lleno de Cánticos Nuevos y sermones vivificantes que siempre me animan espiritualmente.

“Ustedes son mi única preocupación”, expresó la Madre celestial que vino a la tierra, dejando el trono del cielo, para salvarnos a quienes estábamos destinados a morir. Escuchando sus palabras, comprendí profundamente lo mucho que la Madre celestial nos ama. Doy sinceras gracias a la Madre celestial por siempre animarnos con una sonrisa a pesar del dolor que sufre.

Podemos recibir el perdón de pecados y la vida eterna y aprender las enseñanzas de Dios en la santa Sion que Dios estableció con la sangre de su sacrificio. Ahora puedo seguir el camino de vida que nuestro misericordioso Dios ha creado para nosotros. Es por la gracia de Dios que se nos permitió entender la naturaleza divina de Dios, en especial la verdad sobre nuestra Madre, quien nos da la vida eterna.

Ahora que he encontrado la verdad que había estado buscando fervientemente y he conocido al Padre y la Madre espirituales, realizaré diligentemente la obra del evangelio con la esperanza del cielo. Haré todo lo posible para arrepentirme y encontrar a nuestros hermanos y hermanas perdidos.

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