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Las bendiciones concedidas a través del amor

Kim Hye-ji, desde Anyang, Corea

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Mi familia es muy unida y franca entre sí. Mis padres me tratan siempre como mis amigos, y siempre estamos brillantes y activos cuando estamos juntos. Mis amigas que tienen hermanos mayores dicen que a menudo discuten, no obstante yo siempre mantengo una buena relación con mi hermano mayor.

Probablemente por esa razón mi familia fue lo primero que me vino a la mente cuando recibí la verdad a través de mi amiga cuando estaba en la secundaria. Ya que acababa de mudarme de una zona rural a una ciudad, me preocupaba que pudiera conocer malos amigos, pero los miembros de Sion eran tan amables que me hicieron pensar: “No sabía que todavía había gente como estos miembros”. Las palabras de la Biblia eran muy claras. Todos mis temores e interrogantes como: “¿Por qué nací en este mundo y qué va a ocurrir después de la muerte?”, fueron todos contestados.

Quería que mi amada familia se enterara de estas buenas palabras y de Sion llena de amor. Sin embargo, la respuesta de mi familia fue indiferente. Incluso antes de que terminara de hablar, mis padres se opusieron a mi fe: “¿Cómo puede ser posible que una familia que cree en el budismo acepte una iglesia?”. Mi hermano estaba de mi lado al principio, pero después de escuchar a su alrededor comentarios difamatorios sobre nuestra iglesia, cambió de opinión y dijo: “Puedes ir a cualquier iglesia, pero no a la Iglesia de Dios”. Todos fueron tan firmes que no pude seguir hablando.

Pasaron algunos años, y me gradué de la escuela. Prediqué el evangelio a mis amigos con los que a menudo me encontraba y a mis compañeros de trabajo. Trabajando más duro para el evangelio con los hermanos y hermanas de Sion, me llené de entusiasmo para guiar a mi familia a la verdad. Me sentía aún más ansiosa cada vez que veía a otros miembros de la familia de Sion estudiar la palabra o compartir conversaciones, junto con sus padres, hermanos y hermanas, o volver juntos a casa.

Me armé de valor y traté de predicar la palabra nuevamente a mi familia, pero sus corazones todavía estaban bien cerrados, como una puerta asegurada. Mis padres aún estaban en contra de mi fe y mi hermano mayor todavía tenía un punto de vista negativo.

Me sentía triste por mis padres, y especialmente por mi hermano; porque el tiempo que podíamos pasar juntos era mucho menos que antes de que se alistara en el ejército. Lo único que podía hacer era orar. Oraba para que él entendiera el amor de Dios en el ejército y se sintiera consolado allí, porque la vida militar debe de ser dura.

Sin embargo, era una oración imprecisa. Parecía poco probable que pudiera escuchar a otra persona cuando ni siquiera quería oír a su propia hermana, y parecía imposible que escuchara la verdad cuando se encontraba en la base militar que era un espacio muy limitado. Sin embargo, continué orando porque nada es imposible cuando Dios nos guía.

Pasó mucho tiempo, y mi hermano había tenido licencias en varias ocasiones. Luego me llamó y me hizo saber que iba a tener una de nuevo. Dado que la Exhibición Literaria y Fotográfica “Nuestra Madre” iba a realizarse en una Sion cercana, lo invité a la exposición. Parecía que le interesaba asistir, pero dijo que no podía presentarse porque tenía muchas citas durante su licencia. Sin embargo, cuando en realidad salió de permiso, las cosas cambiaron; algunas de sus citas se cancelaron, así que tuvo tiempo para venir a la exhibición.

Desde el momento en que fui a Sion con él con una buena sensación y mientras observaba la exposición, sentí que estaba soñando. No podía creer que mi hermano estuviera en Sion, la cual no le agradaba, y que estuviera junto a mí, viendo los escritos y fotografías que contenían el amor de Dios.

Observando cada escrito y fotografía, mi hermano se conmovió por una historia en especial sobre una madre valiente que abrazó a su hijo para protegerlo de ser picado por decenas de abejas; él tuvo una experiencia similar. Mi hermano trató de ocultar su emoción, pero terminó derramando lágrimas.

Después de la exposición, comentó: “Volvamos aquí con papá y mamá”. Quedé sorprendida. No sabía que se emocionaría tanto, pero eso no fue todo. Mientras estábamos sentados en la cafetería, un miembro mostró a mi hermano la Biblia y le pidió que guardara la Pascua y recibiera la bendición del cielo. Entonces exclamó: “¡Yo ya guardé la Pascua!”.

Pensé que había oído mal. Mientras estábamos consternados, mi hermano nos contó lo que pasó en el ejército.

Sucedió cuando terminaba su entrenamiento de reclutas. Lo destinaron a una base en Gwangju, donde el líder del pelotón y algunos militares eran miembros de la Iglesia de Dios. Durante su estancia con ellos que eran amables y rectos, pudo deshacerse de su impresión negativa de nuestra iglesia. Luego tuvo la oportunidad de abrir su corazón de par en par y recibir la verdad; fue a través de las Universiadas de Gwangju.

Como se trataba de un evento internacional llevado a cabo en su región, fue enviado allí para apoyar. Allí, vio a los alentadores de nuestra Iglesia de Dios que animaban a los atletas con pasión en cada partido. Dijo que se sintió muy conmovido por los hermanos y hermanas que apoyaban unánimes a los atletas que venían de países lejanos a pesar de que debían de estar cansados. Él pudo deshacerse de sus malos estereotipos por completo. Y fue a una Sion cercana con los miembros militares que son miembros de nuestra iglesia, y se convirtió en hijo de Dios.

Afirmó que desde entonces había estado rindiendo culto y estudiando la palabra en una Sion cercana cada mes. ¡Qué agradecida estaba! Cada vez que oía una historia llena de gracia de que alguien había recibido la verdad en el ejército, sinceramente deseaba que mi hermano fuera uno de ellos. A fin de salvar a mi hermano, Dios preparó a los profetas que le entregarían su amor, y le permitió ser testigo de la hermosa unidad de nuestros hermanos y hermanas, para que su corazón congelado se derritiera. Dios es verdaderamente el amor mismo.

Al ver cómo fue guiado mi hermano a la verdad, comprendí lo importante que es el amor para salvar un alma. En realidad, sentía lástima por mi hermano camino a la exposición. Pensaba que estaba más cerca de él que cualquier otra persona y que sabía todo de mi hermano, no obstante, era la primera vez que salía con él, y realmente no sabía lo que le gustaba. Aunque creía que lo amaba, no mostré mucha atención a las pequeñas cosas con respecto a él. Me avergoncé de mí misma. Es natural preocuparse por la gente que quiero, pero solo deseaba que supiera lo que había en mi mente sin hacer ningún esfuerzo.

Doy gracias a Dios por trazar un plan para la salvación de mi hermano y trabajar para su consecución en lugar de culparme por mi falta. También quiero expresar mi agradecimiento a los hermanos de Sion que están en la misma base que mi hermano. No olvidaré que todas estas bendiciones comenzaron de los hermanos que se esforzaron con un corazón sincero para salvar un alma a pesar de su difícil vida militar.

Yo también me esforzaré más por practicar el amor que Dios y los hermanos mostraron a mi hermano. Aunque las personas rechacen la verdad y se alejen de ella en este momento, no me daré por vencida sino que seguiré predicando las palabras adecuadas para sus almas con esmero. Entonces sus mentes que están firmemente cerradas se abrirán y sus corazones congelados se derretirán. A veces, me siento agobiada para predicar la palabra y pierdo valor, pero nunca dejaré de recorrer el camino del evangelio, porque la persona a quien no me atreva a predicar podría ser el hijo, la hija, el hermano o la hermana de alguien que realmente quieren salvar. Ellos pueden ser los hijos a quienes los Padres celestiales han estado buscando desde hace miles de años.