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La familia celestial y el amor

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Entre mucha sabiduría y conocimiento que son esenciales para nuestra vida, las enseñanzas más valiosas y graciosas están contenidas en la Biblia, que es la palabra de Dios. La Biblia dice que es sumamente importante conocer a Dios, para tener la fe firme en Él, tener la esperanza hermosa y eterna; y que lo que más necesitamos es la virtud del amor.

El amor es lo que necesitamos más que cualquier otra cosa en nuestra vida de la fe y en nuestra vida terrenal. Cristo vino a esta tierra para buscar a sus hijos y soportó el sufrimiento de la cruz. El motivo más importante que lo llevó a hacer esto, también fue el amor. En la Biblia dice que somos nada si no tenemos amor y que lo más importante es el amor. Pensemos de nuevo profundamente sobre el significado de estas palabras.

El amor cambió a una suegra y a su nuera

En un pueblo vivían una suegra y su nuera, la cual había contraído matrimonio con su único hijo. Todos los días la nuera tenía una gran discusión con su suegra. Un día, esta nuera fue al anciano más sabio de la ciudad y le dijo lo mucho que odiaba a su suegra.

—Realmente la odio mucho. Ella me regaña por todo lo que hago y siempre dice algo en contra de mí cada vez que tengo una pequeña conversación con mi esposo. Creo que nunca estaremos en paz en nuestra relación hasta que ella muera. ¿Hay alguna forma?

Entonces el anciano dijo:

—Tengo una excelente idea. ¿Le gustaría seguirla? Este es un plan secreto que ha sido enseñado por mucho tiempo. Nunca debe decírselo a nadie. ¡Debe guardar esto solo para usted! ¿Puede hacerlo?

La nuera le pidió que le dijera rápidamente alguna manera que hiciera que su suegra muriera pronto. Entonces el anciano le dijo el plan secreto.

—El primer mes debe asar castañas y dárselas a su suegra en cada comida. Y para el siguiente mes debe darle pastel de arroz cuando sienta hambre entre las comidas. Y luego, al tercer mes, asegúrese de darle arroz blanco y carne en cada comida, aunque sea difícil de conseguir. Haga esto por tres meses y luego vea lo que sucede con su suegra en los siguientes diez días. Si usted sigue este plan secreto durante cien días, su suegra definitivamente morirá.

A la nuera no le parecía que su suegra fuera a morir con esto; sin embargo, decidió seguir el plan ya que el anciano del pueblo le había dicho que este plan había sido enseñado por mucho tiempo. Luego el anciano le dijo que se asegurara de hacerlo siempre con todo su corazón.

—Si usted quiere que este método tenga éxito, tiene que hacerlo con todo su corazón. Si le responde a su suegra, o si actúa bruscamente contra ella, esto no hará efecto. Y aunque ella le diga algo realmente duro, nunca se enoje. ¡Debe ser muy educada y bondadosa con ella!

Ese día la nuera asó castañas con mucha sinceridad y se las dio a su suegra de una forma amigable. Cuando la suegra vio cómo había cambiado sorprendentemente su nuera que solía ser brusca y grosera, pensó que estaba muy extraña, durante el primer mes. Al mes siguiente, la nuera siguió el plan dándole a su suegra pastel de arroz que raramente comía, excepto en las grandes fiestas nacionales de Corea. Además, no le respondía ni se enojaba, ni actuaba rudamente contra ella. La nuera siempre era amable y cortés.

Los dos primeros meses pasaron de la misma manera. Entonces la suegra empezó a arrepentirse de los duros momentos que había hecho pasar a su nuera que estaba siendo muy bondadosa. Así, naturalmente comenzó a tratar a su nuera más suavemente. Ya que trataba a su nuera cálidamente, la nuera sentía mucho cariño de ella como si fuera su propia madre. De esta manera pasó el tiempo, y la relación entre la suegra y la nuera llegó a mejorar.

Pasaron tres meses. A medida que se llevaban mejor, la nuera comenzó a sentir temor de que su suegra muriera en pocos días. Entonces fue a toda prisa en búsqueda del anciano del pueblo.

—No sabía que mi suegra siempre se enojaba conmigo por lo mal que yo la trataba. Ella es una buena persona pero yo no vi su lado bueno. En lugar de eso, seguí tratándola mal siguiendo un camino equivocado. Pero realmente no era su culpa; probablemente toda la culpa fue mía. Ahora ya casi están por cumplirse los cien días desde que empecé este plan secreto. Si continuamos con este plan, ella morirá. Por favor enséñeme alguna forma secreta para salvarla. No puedo dejar que mi buena suegra muera por mi equivocada forma de pensar.

Diciendo esto, la nuera pedía desesperadamente al anciano sabio del pueblo la manera de salvar a su suegra. Luego él respondió con una sonrisa.

—Su suegra ya murió hace mucho tiempo.

La nuera entró en confusión y preguntó:

—¿De qué está hablando? Esta misma mañana le di arroz y carne. ¿A qué se refiere cuando dice que ella ya está muerta?

—La suegra que usted odiaba ya murió, y solo la suegra que usted ama está viva ahora.

El mayor de todos es el amor

Incluso el conflicto entre la suegra y la nuera, que es conocido por ser muy difícil de resolver, pudo ser resuelto a través del amor. Si el anciano del pueblo le hubiera dicho a la nuera un perverso plan secreto en vez de mostrarle la manera de servir a su suegra con amor y devoción, cuando ella llegó a él con una malvada mentalidad, incapaz de reprimir su ira instintiva, su suegra realmente habría muerto y ella habría sido infeliz por el resto de su vida.

Las peleas y las discordias ocurren cuando no hay amor. Sin embargo, si vencemos el odio con amor, igual que la suegra y la nuera de la historia, podemos llegar a ser más armoniosos, y nuestros corazones se llenarán de felicidad y alegría.

Los creyentes en Dios debemos tener fe, esperanza y amor. Pero Dios nos ha enseñado que el mayor de estos tres es el amor.

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.” 1 Co. 13:13

Es a través del amor que podemos lograr que otros e incluso nosotros mismos estemos felices. Es por eso que Dios dice que el amor es necesario entre los miembros de una familia, más que cualquier otra cosa, y este amor es la mejor cosa para todos los seres humanos.

Dios amó tanto a sus hijos que soportó hasta el gran sacrificio de la cruz. El cargó con nuestros pecados, sufrió y murió por nosotros. Este es el amor de nuestro Padre y nuestra Madre celestiales que han hecho de nosotros lo que somos ahora. Es por esta razón que debemos tratar de compartir el amor que hemos aprendido de Dios con nuestra familia física y espiritual, y sembrar el amor de Dios en los corazones de todas las personas que nos rodean.

Veamos a nuestros familiares físicos y a todas las personas que están a nuestro alrededor con ojos de compasión. Aunque sus padres, o esposo, o esposa tengan diferentes opiniones que ustedes y traten de impedir lo que necesitan hacer, no se sientan enojados con ellos. Si ustedes hacen lo mejor por servir a sus padres, con todo su corazón, aunque sean sus propios padres o suegros, sus corazones se ablandarán. Y si aman a su esposo o esposa con todo su corazón, él o ella se conmoverá por su gran amor.

No hay nada más fuerte que el amor, todo lo demás es relativo. Por lo tanto, si primero tratamos a los demás con amor, sus corazones se volverán a nosotros. De esta manera, finalmente podremos guiarlos al camino de la salvación. Esto nos permite poner en práctica el amor espiritual y el amor físico a la vez. No puede haber nada mejor que esto. Finalmente todo se somete al amor.

Debemos grabar en nuestros corazones el amor por nuestra familia espiritual y también por nuestra familia física. También tenemos que servir a nuestros padres con sinceridad. Además, debemos dedicarnos a servir a nuestros Padres espirituales, Dios Padre y Dios Madre. Analicémonos y veamos si estamos estrechamente conectados a nuestro Padre y a nuestra Madre celestiales, y a nuestros hermanos espirituales, con el anillo del amor vinculado por la fe, o si hemos sido indiferentes con nuestra amada familia espiritual.

Aunque hemos venido a esta tierra, la ciudad de refugio espiritual, como pecadores del cielo, si aprendemos la mentalidad y el deseo de Dios e imitamos el amor de Dios, podremos crear un pequeño cielo incluso en esta ciudad de refugio. No solo debemos limitarnos a sentir alegría en este cielo, sino que debemos compartir nuestra alegría con los que están a nuestro alrededor, guiándolos a Sion para que todos lleguemos al eterno reino de los cielos con alegría y felicidad, como los verdaderos mensajeros del amor.

Hagamos un cambio a través del amor

Hay un dicho: “El hogar es el reino del padre, el mundo de la madre y el paraíso de los hijos”. La razón por la que el hogar puede ser un lugar hermoso, es porque está lleno de una cuidadosa consideración y amor entre los miembros de la familia.

Los miembros de la familia celestial también deben estar unidos en amor. A través de la Biblia, aprendamos el amor que Dios nos ha enseñado y grabémoslo en nuestro corazón.

“El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos. […] Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” 1 Jn. 2:9-17

Si el odio se apodera de nosotros aunque decimos que estamos en la luz, todavía estamos en la oscuridad. Dios derrite toda nuestra escoria de maldad y nos refina para finalmente convertirnos en personas llenas de amor. Sin embargo, mientras tengamos odio en nuestro corazón, que es lo contrario al amor, cambiar nos tomará mucho más tiempo. Cuando cambiemos nuestros corazones removiendo el odio y llenándolo de amor, renaceremos completamente como hijos de Dios.

Si aún no hemos cambiado completamente nuestra naturaleza, debemos renovarnos ahora y cambiar completamente por medio de la palabra de Dios. Al pensar en Dios que nos ha mostrado su inmenso amor y se ha sacrificado por nosotros, sus hijos, podemos expulsar el odio hacia los demás y estar unidos en amor. Tratemos de hacer de cada lugar donde están los miembros de Sion y la verdad del nuevo pacto, “un lugar siempre lleno de alegría y risas”.

“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.” 1 Jn. 4:16-21

Debemos tener la actitud del amor; no es correcto que digamos cosas que puedan quitar la esperanza en el cielo de nuestros hermanos de Sion, o cometer actos irreflexivos que puedan hacer que se quejen o se lamenten. Tenemos que ayudarnos uno a otros para edificar nuestra fe, diciendo a los demás palabras llenas de gracia, para que cualquier palabra que digamos o cualquier pensamiento que tengamos, nos pueda traer bendición. Ser considerados con nuestros hermanos en cada una de nuestras palabras y comportamientos es el amor de los miembros de la familia celestial, que viene de la fe.

Dios nos ha dado la Pascua del nuevo pacto para que podamos amarnos unos a otros

Todos nosotros tenemos una misma fe y servimos al mismo Dios, nuestro Padre y nuestra Madre. Todos somos miembros de la familia celestial que se han hecho un cuerpo recibiendo la misma sangre a través de la Pascua del nuevo pacto. Es por eso que Dios nos ha enseñado a los miembros de la familia celestial, a amarnos unos a otros.

“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.” 1 Co. 10:16-17

Aquí, la copa que es la comunión de la sangre de Cristo y el pan que es la comunión del cuerpo de Cristo, se refieren al pan y el vino de la Pascua del nuevo pacto. A través de la Pascua, hemos participado de la carne y la sangre de Cristo. Ya que hemos heredado la carne y la sangre de Cristo a través del nuevo pacto, todos somos hermanos, y Dios nos pide que nos amemos unos a otros.

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” Jn. 13:34-35

Dios dijo que Él nos dio un mandamiento nuevo que es el nuevo pacto para permitirnos amarnos unos a otros. Ya que esta enseñanza de amor es dada solo a los que se han convertido en hijos de Dios a través de la Pascua, el pueblo de Sion que guarda el nuevo pacto son los que pueden practicar el amor verdadero. Cuando practiquemos el amor que hemos aprendido de Dios, muchas personas sabrán que somos los discípulos de Cristo.

En esta sociedad industrializada, la mayoría de las personas están tan ocupadas en su vida diaria que no pueden permitirse disponer de tiempo para preocuparse por los demás. Aunque las personas de este mundo no saben cómo dar amor ni cómo ponerlo en práctica, debemos hacer que las personas que nos rodean sean aún más felices a través del amor, y sembrar más amor en este mundo, para que la enseñanza de amor que hemos aprendido de Dios Padre y Dios Madre pueda brillar mucho más. Como miembros fieles de la familia de Sion, difundamos muchas fragancias de Sion a las personas de nuestro alrededor y demos un ejemplo lleno de gracia.

A través de las enseñanzas del Padre y la Madre, miremos a nuestro alrededor una vez más, a nuestra familia y a los que nos rodean. En nuestra casa no solo pensemos en nuestras propias dificultades o penas, sino seamos considerados con los demás; cada esposo necesita pensar cuánto ha considerado a su esposa que se dedica a formar una familia feliz y a criar a los hijos, igualmente cada esposa con su esposo que trabaja diligentemente para el hogar. También debemos examinarnos para ver si hemos prestado suficiente atención a nuestros padres que viven lejos de nosotros. Si los tenemos, entreguémosles nuestro amor y cuidémoslos. Empezando con un pequeño acto de bondad, pongamos en práctica nuestro amor. Además, necesitamos ver si hemos sido fríos con nuestros familiares, parientes, vecinos o con las personas de nuestro alrededor.

Por supuesto, debemos poner en práctica el amor que da felicidad física, pero lo que debemos poner en práctica finalmente es el amor más grande, que produce la alegría de la salvación y la bendición del cielo. Por eso, tenemos que guiar a nuestros seres amados a la vida eterna. Pensando en cuánto esfuerzo y sacrificio han hecho nuestro Padre y nuestra Madre celestiales para salvarnos, siempre démosles gracias por su amor y llevemos el hermoso fruto del amor verdadero guiando al cielo a todas las personas de nuestro alrededor, como miembros de la familia celestial.