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La obra del Espíritu Santo y la obra de los espíritus inicuos

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En las iglesias protestantes, consideran el hecho de curar enfermedades o hablar en lenguas como pruebas de haber recibido el Espíritu Santo. No solo en las iglesias protestantes sino también en la Iglesia Católica, dicen que las lágrimas que derrama la imagen de la Virgen María o la curación de los enfermos es la obra del Espíritu Santo, y evalúan los milagros hechos al momento de seleccionar a un santo.

¿Todos los milagros y prodigios son obras del Espíritu Santo? ¿Cómo podemos distinguir la obra del Espíritu Santo de la obra de los espíritus inicuos? Encontremos las respuestas bíblicas acerca de esto.

Jesús nos pidió que no seamos engañados por los milagros

Los que insisten en que los milagros son la obra del Espíritu Santo, justifican sus razones por el hecho de que Jesús hizo muchos milagros con sus discípulos.

No obstante, Jesús testificó que Él era el Cristo no solo haciendo milagros. Cuando los judíos le pidieron señales milagrosas, solo les habló acerca de la “señal del profeta Jonás” (Mt. 12:39), y dio testimonio de sí mismo través de las palabras de las profecías de la Biblia, diciendo: “Las Escrituras dan testimonio de mí” (Jn. 5:39). Es por eso que las cinco mil personas que comieron hasta saciarse a través del milagro de los cinco panes de cebada y los dos pececillos, y esperaban que Jesús hiciera más milagros, finalmente lo abandonaron y solo los doce discípulos lo siguieron, buscando las palabras de la vida eterna en lugar de los milagros (Jn. 6).

Jesús advirtió que en el futuro muchos falsos Cristos y falsos profetas engañarían a la gente haciendo grandes señales y prodigios.

“Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes.” Mt. 24:24-25

Hasta los falsos Cristos y los falsos profetas pueden hacer grandes señales y prodigios, por tanto un milagro no siempre puede ser la obra del Espíritu Santo. En los tiempos de la iglesia primitiva, los apóstoles dieron testimonio de Cristo a través de la Biblia, y no a través de señales y prodigios. Los cristianos que siguen las enseñanzas de Cristo deben estar interesados en las palabras de la vida eterna, grabando las palabras de Cristo en sus corazones, y no en los milagros.

La obra de los espíritus inicuos a través de las señales y prodigios

La Biblia dice que Satanás y los espíritus inicuos confunden al mundo entero haciendo toda clase de prodigios.

“inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” 2 Ts. 2:9-12

Las señales y los prodigios que se hacen donde no está la verdad, son la obra de Satanás, es decir, la obra de los espíritus inicuos. Satanás también es un ser espiritual, por lo que puede hacer milagros, señales y prodigios, y por medio de estas cosas engañar a las almas. Mientras más se acerque el día del juicio, más trabajará Satanás a través de los milagros y prodigios para engañar a la gente.

“También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, […]” Ap. 13:13-14

Jesús dijo a los que profetizaron en el nombre de Cristo e hicieron muchos milagros, que no podían entrar en el reino de los cielos porque cometieron “maldad” (desafuero).

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” Mt. 7:21-23

En el día del juicio, muchos dirán con confianza delante de Jesús que están calificados para entrar en el cielo porque creyeron en Jesús como el Señor, cumplieron el rol de profetas (líderes de las iglesias) en el nombre de Jesús, echaron fuera demonios en el nombre de Jesús, e hicieron muchos milagros en el nombre de Jesús. Sin embargo, los falsos profetas que engañaron a muchas personas con señales y prodigios, al final serán miserables sin ser reconocidos por Cristo.

Ellos concluyeron que Dios está con ellos porque grandes señales y prodigios aparecieron a su alrededor, aunque no guardaron las leyes de Dios sino los mandamientos de los hombres (Mr. 7:6-9).

La Biblia dice que los falsos profetas, que no siguen la verdad sino que guían a muchos por el mal camino, serán destruidos finalmente.

“Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre.” Ap. 19:20

El lugar donde entrarán los falsos profetas, que engañaban a las personas con señales milagrosas, es el lago de fuego que arde con azufre. Entonces, los que siguen a los falsos profetas al ver los milagros, ¿pueden entrar en el cielo? Tampoco pueden ir al cielo los que siguen a los falsos profetas. Esto se debe a que Jesús dijo que si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán al hoyo.

La obra del Espíritu Santo en la verdad del nuevo pacto

Como hemos estudiado anteriormente, un milagro no siempre es la obra del Espíritu Santo. Entonces, averigüemos cómo trabaja el Espíritu Santo.

Desde los tiempos del Antiguo Testamento, el trono de Dios era el templo. El Espíritu Santo de Dios no mora en un lugar inmundo. Por eso, el templo (santuario) que era limpiado a través de la sangre de varios animales sacrificados, hablando específicamente el propiciatorio encima del arca del pacto que estaba en el Lugar Santísimo, era el trono de Dios. La razón por la que el templo es santo es que el Espíritu Santo de Dios mora allí.

Igualmente, en los tiempos del Nuevo Testamento, el lugar donde Dios mora es el templo. La diferencia con el Antiguo Testamento es que Dios no habita en el templo construido con manos de hombres, sino entre los santos salvos que han llegado a ser el templo.

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; […]” 1 Co. 3:16-17

“¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, […]” 2 Co. 6:16

La razón por la que los apóstoles o los santos de la iglesia primitiva pudieron recibir el Espíritu Santo, fue que los santos mismos eran el templo. ¿Cómo pudieron llegar a ser el templo de Dios? El secreto recae en la Pascua del nuevo pacto.

En efecto, Jesús es Dios, que es el Espíritu Santo, y el cuerpo de Jesús es el templo (Ap. 21:22, Jn. 2:18-22). Por lo tanto, debemos llegar a ser un cuerpo con Jesús, para que el Espíritu Santo de Dios more en nosotros. Acerca de este misterioso secreto, Jesús dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna… en mí permanece, y yo en él…” (Jn. 6:53-58). Las palabras que para los judíos resultaron difíciles de comprender en ese momento, fueron explicadas por Jesús como el nuevo pacto en la cena de la Pascua el día anterior a su captura.

“Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua. […] Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” Mt. 26:19-28

Así como Dios moraba en el templo limpiado con la sangre de los sacrificios de animales, los que estaban encadenados a la muerte debido a sus pecados, deben ser limpiados (recibir el perdón de pecados) a través de la sangre de Cristo que fue sacrificado como el cordero de la Pascua, para llegar a ser el templo del Espíritu Santo. La única manera de que los pecadores reciban la vida eterna llegando a ser un cuerpo con Cristo, además del perdón de pecados, es comer la carne y beber la sangre de Jesús, por lo cual Jesús dio su carne y su sangre a sus discípulos a través de la Pascua.

Las palabras: “¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!”, nos permiten comprender el infinito amor de Jesús, que quería dar vida a sus hijos. Dando el pan de la Pascua, Jesús nos dijo que recordáramos su sacrificio; y dándonos el vino de la Pascua, dijo que esto era el nuevo pacto en su sangre (Lc. 22:14-15, 19-22).

El nuevo pacto es el pacto de vida que Jesús estableció dando su propia carne y su sangre en la Pascua; es la promesa por la cual recibimos la vida eterna llegando a ser un cuerpo con Jesucristo que es la vida, y la preciosa promesa por la cual podemos llegar a ser el templo del Espíritu Santo donde Dios mora, llegando a ser un cuerpo con Jesucristo, que es el templo. La obra del Espíritu Santo aparece a los santos que guardan la Pascua del nuevo pacto, porque el Espíritu Santo de Dios mora en ellos. Ellos testifican valientemente a Cristo por el Espíritu Santo de la verdad (Hch. 2), hacen la obra de predicadores recibiendo diversos dones del Espíritu Santo, y están llenos del amor de Cristo, que es el don más grande del Espíritu Santo (1 Co. 12-13).

Como hemos comprobado hasta el momento, los santos de la iglesia primitiva y los apóstoles tenían el conocimiento correcto acerca del Espíritu Santo. Ellos sabían que el Espíritu Santo mora en el templo santo, y que los santos que están limpios a través de la Pascua del nuevo pacto son expresados como el templo donde mora el Espíritu Santo. Asimismo creían que Jesús, que vino a esta tierra y estableció el nuevo pacto para darles la vida eterna, era Dios que apareció de acuerdo a la profecía, y que los santos que recibieron el nuevo pacto eran el templo.

Basándonos en la verdad de la iglesia primitiva y la fe de los apóstoles, es cierto que el Espíritu Santo no puede morar en medio de los que no tienen la sangre del cordero de la Pascua, y que ahí tampoco puede estar la obra del Espíritu Santo. Por tanto, las señales y prodigios hechos por los que no tienen la verdad de la Pascua, no son la obra del Espíritu Santo. Y es mentira decir que han recibido los dones del Espíritu Santo, porque no guardan la Pascua. Ellos tratan de engañar a muchas almas por el poder de otros dioses y obstaculizar el evangelio de Dios, pero su destino es la destrucción.