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Redescubrimiento de la mano humana

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Charles Bell, cirujano británico, dijo asombrado: “Debemos confesar que es en esto donde tenemos la consumación de toda la perfección instrumental”. Immanuel Kant, filósofo alemán, consideraba esto como “la parte visible del cerebro”; y Jacob Bronowski, matemático, biólogo y divulgador científico británico, alabó esto como “el borde cortante de la mente”. ¿Qué cosa es esto?

Es la mano humana. En realidad, ya que la mano está muy cerca de nosotros como parte de nuestro cuerpo, no llama mucho la atención. Sin embargo, si tan solo nos pusiéramos manoplas, no podríamos usar con facilidad los dedos para la mayoría de actividades, lo cual nos incomodaría, y entonces sentiríamos la importancia de la mano.

El mundo sin manos

Sin manos, no solo sería incómodo experimentar el mundo. Si no tenemos manos, los campos que requieren usar las manos tales como la música, el béisbol y el baloncesto, desaparecerían y no podríamos tocar los instrumentos que requieren el delicado movimiento de las manos. La ropa no tendría botones ni cremalleras, y los anillos no se necesitarían más. El problema más grande es que sería imposible mantener la civilización actual, que es el logro de la humanidad hasta la fecha.

Los sistemas de numeración, los cuales permitieron el avance de la civilización humana, también se originaron de las manos. Los antropólogos consideran que el sistema de numeración decimal (base 10), el más usado, el cual se puede encontrar en todo el mundo, se originó de los diez dedos. Además, es el punto de vista predominante que el sistema duodecimal (base 12)1 y el sistema sexagesimal (base 60)2, empezaron contando las falanges de los dedos restantes con el pulgar.

1. El sistema duodecimal es un sistema de numeración posicional de base doce. Por ejemplo, una docena de lápices se refiere a doce lápices, y un año tiene doce meses.

2. El sistema sexagesimal es un sistema de numeración de base sesenta. Por ejemplo, se utiliza para medir el tiempo; una hora se divide en sesenta minutos, y un minuto en sesenta segundos.

Cinco dedos, la consumación de la perfección

¿Cómo es la estructura de la mano, que ha hecho una gran contribución al desarrollo de la civilización humana? Las manos de un embrión humano tienen forma de paleta. Pronto, las células entre los dedos desaparecen y se forman diez dedos. Usualmente abrimos y cerramos las manos más de 25 millones de veces durante nuestra vida. La fuerza de agarre promedio para hombres es de 50 ㎏, y para mujeres de 30 ㎏.

La mano está conformada por 8 huesos en la muñeca, 5 en la palma y 14 en los dedos. El número de huesos en ambas manos suma un total de 54, los cuales abarcan el 25 % de los 206 huesos humanos. Y 25 articulaciones que conectan los huesos y muchos ligamentos y músculos nos permiten hacer 58 tipos de movimientos diferentes; incluso un movimiento simple requiere de una sofisticada coordinación entre las partes de la mano.

En la punta de nuestros dedos, hay uñas que están formadas por células endurecidas que contienen una proteína fibrosa producida en el cuerpo de manera natural. Las uñas ejercen una función importante en la manipulación de objetos pequeños, ya que protegen las terminaciones sensibles de nuestros dedos mientras los sostenemos. Gracias a las huellas dactilares en las yemas de nuestros dedos, podemos sostener objetos de forma segura con una fuerza de fricción apropiada. Mientras la superficie de la yema de los dedos crece, el número de receptores sensitivos también se incrementa y así podemos hacer trabajos más delicados.

El anatomista Bernhard Albinus caracteriza el pulgar como la mano menor, e Isaac Newton dijo una vez: “A falta de otra prueba, el dedo pulgar por sí solo me convencería de la existencia de Dios”. Es que nuestras manos son muy delicadas y especiales. En comparación con los primates (como los grandes simios o monos), los humanos tenemos un pulgar oponible a los otros dedos 2,5 cm más largo. Gracias a este pulgar más largo e independiente, los humanos podemos sostener firmemente objetos con diferentes formas. Pero si el pulgar fuera más largo que el dedo medio, sería difícil manipular objetos detalladamente aunque sí sería posible sostenerlos.

La función más precisa de la que solo la mano humana es capaz, es tocar la yema del pulgar con la yema del índice. En el caso del chimpancé, la yema del pulgar puede tocar la yema del índice pero es inestable y le es imposible manipular cosas delicadamente, porque su índice es muy largo. Comparado con los animales, los humanos podemos hacer el máximo contacto entre las yemas de estos dos dedos e incluso ajustar sus superficies. Así, cuando manipulamos un objeto pequeño, podemos controlar minuciosamente la fuerza o cambiar las direcciones libremente.

Cuando tocamos el piano o escribimos con el teclado, los cinco dedos pueden moverse libremente gracias a las articulaciones flexibles de los nudillos. Por cierto, ¿por qué tenemos cinco dedos? El investigador británico Chris Hays afirmó en su respuesta a la revista New Scientist del 12 de mayo de 2001: “Cinco es el número mágico”. Si los animales tuvieran más de cinco dedos, manifiesta él, los otros huesos de sus extremidades se distorsionarían. No hay animal que tenga seis o más dedos. El sexto dedo del panda, o falso pulgar, es simplemente un sesamoideo radial prolongado, un hueso de la muñeca modificado. Y las diferentes longitudes de los dedos humanos nos permiten hacer varios movimientos. Si apretamos el puño levantando el dedo meñique, podemos sentir que la fuerza se debilita. Esto prueba que cuando usamos los cinco dedos, podemos tener más fuerza y ejecutar operaciones delicadas. Así, los cinco dedos nos muestran la consumación de la perfección.

La mano, una parte del cerebro

Las desarrolladas funciones motoras de la mano son posibles por los sistemas de control neuronal contenidos en las vías sensoriales y motoras del sistema nervioso, las cuales están conectadas desde el cerebro hasta los músculos de la mano. Ya que las señales cerebrales pasan directamente a los músculos de la mano, el cerebro mismo controla los músculos de los dedos. Lo que es más, ya que la proporción del área cortical dedicada a los movimientos de los dedos es del 30 % de todo el cerebro, las palabras “la mano es una parte del cerebro” encajan exactamente.

La mano en actividad hace desarrollar el cerebro. El doctor alemán Thomas Elbert, afirmó en la revista Nature que el área cortical dedicada a los movimientos de los dedos de quienes leen braille es más amplia. Esto confirma que el cerebro se reorganizó para recibir la información provista por la mano. Esto implica que la acción de cerrar y abrir las manos puede ayudar al desarrollo cerebral del bebé.

La mano, otro ojo

La sensación del agua fría vertiéndose sobre la mano…¡La palabra “AGUA” escrita en la palma! Este fue el momento en el que Helen Keller entendió el lenguaje por primera vez. Para ella, que era incapaz de ver u oír, su mano era otro ojo. Tocando objetos con las manos y entendiendo las palabras escritas en su palma, se comunicaba con el mundo.

Estos milagros pueden ocurrir porque los corpúsculos de Meissner3 se encuentran agrupados debajo de la cresta de la punta de los dedos. Debido a esto, podemos gozar de un tacto más diverso y preciso con la mano que con cualquier otra parte del cuerpo. Además, como la mano se encuentra en el extremo del brazo que es largo, podemos buscar en lugares apartados y distinguir objetos incluso en la oscuridad, sintiéndolos con la mano en lugar de los ojos.

3. Los corpúsculos de Meissner son un tipo de terminaciones mecanorreceptoras. Son un tipo de terminaciones nerviosas en la piel que son responsables de la sensibilidad para el tacto suave. Se concentran más en la piel gruesa glabra, especialmente en la yema de los dedos.

Así, nuestras manos son maravillosas pero vivimos sin reconocer este hecho. Al ver a los elefantes en un zoológico alimentándose con la trompa, gritamos de emoción; al ver a los pandas tomando el bambú con las patas delanteras, los admiramos. No obstante, tenemos poco interés en la capacidad de nuestras manos. Aunque escribimos en la computadora y utilizamos teléfonos inteligentes todo el día, hasta olvidamos el hecho de que dependemos totalmente de nuestras manos.

Edward, el protagonista de la película El joven manos de tijera, es un hombre artificial que tiene tijeras en vez de manos. Como tenía manos de tijera, no podía acariciar las mejillas de sus seres queridos ni abrazarlos con fuerza. Esto sucede no solo en esa película sino también en la realidad. A pesar de todos los avances de la ingeniería y la tecnología informática, aunque los robots más modernos tienen manos y dedos a semejanza de los hombres, no pueden tomar objetos ni controlarlos con tanta destreza como lo hace la mano del hombre. La mayor dificultad que tienen los científicos e ingenieros para crear un robot humanoide perfecto es reproducir una mano humana perfecta. La mano perfecta, una obra maestra del Creador, está muy cerca de nosotros.

Fuentes
John Russell Napier, Russell H. Tuttle, Hands, Princeton University Press, 1993
James Le Fanu, Why Us?: How Science Rediscovered The Mystery Of Ourselves, Pantheon, 2009