WATV.org is provided in English. Would you like to change to English?

Mi primer amor hasta el final

Yun Hyeon-suk, desde Incheon, Corea

695 Vistas

Ya que nací como segunda hija, nunca imaginé que tendría que asumir el papel de primogénita.

Sin embargo, cuando tenía quince años de edad, mi hermana mayor, que era mucho mayor que yo, se casó y yo tenía que cuidar de mis cuatros hermanos menores.

Por aquel entonces, la situación económica de mi familia empeoró, así que tenía que encargarme incluso de las tareas domésticas en lugar de mis padres que siempre trabajaban; apenas regresaba de la escuela, dividía los quehaceres del hogar entre nosotros y apresuradamente los terminaba. Cargaba a mi último hermano, que era diez años menor que yo.

Muchos adolescentes vagaban, pero yo ni siquiera tenía tiempo para eso. Aun cuando pasé los veinte años, la situación no mejoró. Tenía que trabajar en más de dos lugares y con esa ganancia necesitaba apoyar a mis hermanos menores para que fueran a la universidad y se casaran. A medida que ellos crecían, las cosas salían un poco mejor, pero aún tenía que ganar dinero sin descansar en lugar de mis padres ancianos.

Aunque siempre estaba ocupada, curiosamente sentía como que algo me faltaba; me preguntaba por qué había nacido en la tierra para vivir con tanta dificultad. Pensaba que quizá Dios respondería a mis preguntas.

Ya sabía que la palabra de Dios era buena, leyendo la Biblia que mis amigos me regalaron cuando estaba en la escuela. Sin embargo, ya que no conocía su profundo significado, siempre tenía sed de las palabras. Leía muchos libros religiosos y de filosofía para saciar mi sed, pero no ayudó en nada.

Cuando mi curiosidad sobre el origen del alma alcanzó su punto máximo, buscaba cualquier iglesia cerca de mi trabajo y asistía a ella. Allí, estudiaba la Biblia cada noche, deseando encontrar la razón de vivir. Pasaba un momento divertido con los miembros, pero la sensación de vacío aún quedaba en lo profundo de mi corazón.

Frustrada, decidí orar a Dios por la madrugada durante tres días. Oraba ansiosamente a Dios para que me ayudara a entender su palabra y a convertirme en su verdadera hija. En el tercer día, fui a la peluquería de mi hermana mayor y allí conocí a una joven a quien había visto un par de veces y me había dado una buena impresión. Aquel día, nos hicimos amigas mientras conversábamos cambiando de estilo de peinado. Al día siguiente, me encontré con ella después del trabajo y cenamos juntas, y la seguí a la Iglesia de Dios donde ella asistía.

Estudiando la Biblia en la Iglesia de Dios, me sorprendió aprender la verdad que nunca antes había oído ni visto. Cuando confirmé mediante la Biblia que debemos guardar el Día de Reposo, hasta se me puso la piel de gallina al pensar que había estado guardando el culto dominical, que era ridículo ante los ojos de Dios.

El siguiente día era el Día de Reposo. Recibí una nueva vida sin dudar y me convertí en hija de Dios. Sion se sentía como el reino de los cielos. Como había deseado, estudié plenamente la palabra de Dios, y mis ojos se abrieron poco a poco. El día que aprendí sobre el mundo espiritual, lloré mucho. Dios respondió a mi vieja pregunta.

“Ahora veo. Es por eso que mi vida ha sido tan dura”.

Todo el tiempo que había pasado era para encontrarme con Dios. Si no hubiera vivido con dificultad, no habría buscado a Dios.

Todos los seres humanos pecaron en el cielo y están viviendo dolorosamente día tras día en esta tierra. En nuestra vida, lo único significativo sería encontrarnos con Dios.

La felicidad que sentía después de comprender al verdadero Dios estaba más allá de las palabras. Como entendí que mis Padres espirituales se sacrificaron para salvar a esta pecadora, no podía contener las lágrimas en cada culto.

Cuando el amor de Dios me llegó al corazón, supe claramente qué debía hacer. Ya que Dios vino a esta tierra por mí, pensaba que tenía que vivir para Dios desde el momento en que lo comprendí. Deseaba cumplir la misión del evangelio con todo mi corazón para transmitir el amor de Dios a tantas personas como fuera posible.

Después de mudarme a la ciudad de Gimpo, logré mi sueño gradualmente. En el nuevo campo, predicaba apasionadamente a quienquiera que encontraba, deseando que el amor de los Padres celestiales llegara a su corazón. Y después de casarme, me esforcé con mucho esmero por formar una familia en la fe. En Sion, consideraba cualquier trabajo como una bendición, y hacía todo lo posible por embellecer el templo de Dios. También compartía el amor fraternal con los hermanos, como la familia celestial. Al ver mis esfuerzos, Dios me recompensó con abundantes frutos.

Sion rebosaba de los miembros de la familia celestial. Nuestra iglesia se expandió a otra área de Gimpo, y a menudo íbamos a Ganghwa, Incheon, con algunos hermanos que trataban de arar el nuevo campo del evangelio.

Unos años más tarde, me mudé a Ganghwa donde se estableció un nuevo templo cuando la iglesia de Gimpo se expandió por segunda vez. Había muchas oportunidades de recibir bendiciones, y esa área estaba llena de buenos frutos que esperaban a Dios.

Una pareja mayor, a quienes prediqué el evangelio cuando estaba en Gimpo, recibieron a Dios unos años después de que empecé a predicarles.

En el momento en que los conocí, estaban muy decepcionados de los miembros de las iglesias protestantes, por lo cual les resultó más difícil abrir su corazón. Pero les gustaba oír las palabras de Dios, así que siempre les mostraba los versículos de la Biblia.

Dudaban en venir a Dios. No obstante, cuando los visité antes de la Pascua el siguiente año después de establecerse Sion en Ganghwa, estaban esperándome, diciendo que estaban dispuestos a recibir a Dios.

“¡Gracias al Padre y a la Madre celestiales!”.

Estas fueron las primeras palabras que dijeron después de nacer como hijos de Dios. En aquel momento, sentí profundamente el amor de Dios que desea salvar incluso un alma más sin abandonarla, independientemente de cuántos años demore.

Cuando el evangelio comenzó en Ganghwa, los miembros eran menos de cuarenta. Sin embargo, a través de las fiestas de otoño, recibimos la bendición de ampliar el templo, y el corazón de todos los miembros ardía aún más. Yo estaba muy contenta de ser parte de la obra del evangelio dirigida por Dios. Trabajando para el evangelio, aprendí a amar y poner en práctica la obediencia, y también pude fortalecer mi fe para buscar solo a Dios.

Hay una postal que siempre guardo en mi diario. Tiene una frase que deseo grabar en mi corazón.

“Mi primer amor hasta el final”.

Lo veo cada vez que tengo oportunidad de recordar el momento feliz en que aprendí el origen de mi alma al conocer al Padre y la Madre celestiales.

Recorriendo el camino del evangelio, a veces enfrentaba dificultades. Salvar un alma es más fácil de decir que hacer. Cada vez que encontraba a las almas que no me seguían según mi deseo, se me rompía el corazón y me sentía frustrada al obtener un pequeño resultado a pesar de haber puesto todo mi corazón en predicar.

Sin embargo, cada vez que superaba una crisis, siempre me seguía una bendición, como el momento en que conocí al verdadero Dios al final de mi ardua juventud.

Ahora deseo mirar solo a Dios. Es como lo que sentía cuando di el primer paso en la fe. Cada vez que tardaba en comprender, y me impacientaba y pasaba un momento difícil, creo que lo que Dios deseaba recordarme era “mi primer amor”.

Cuando conocí a Dios, no deseaba nada; estaba muy contenta por el solo hecho de haber conocido al Padre y la Madre celestiales. Nunca olvidaré mi primer amor y resolución de vivir únicamente según la voluntad de Dios, considerándolo todo en mi vida. Obedeceré la voluntad de Dios y mantendré mi primer amor hacia mis Padres celestiales hasta el final.