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noviembre 18, 2020

¡Una palabra cálida salva a la familia!

Algo pequeño pero lo más grande que puede hacer por su familia es decir una palabra cálida llena de afecto y amor.

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Existen los refranes: “Las palabras no tienen pies, pero viajan rápido”, “Una palabra puede pagar incluso una gran deuda”. Estos muestran lo poderosas que son las palabras. Además, las palabras tienen el poder de controlar la felicidad de una familia. Una palabra puede romper la relación de una familia, y una palabra puede fortalecer el amor familiar.

La manera de hablar de los miembros de la familia, muestra cuán fuerte y pacífico es su lazo familiar. “¿Hay algo que sepas hacer?” “¡Estás en casa todo el día sin hacer nada!” “¡Eres un testarudo!” El amor no puede existir en una familia si sus miembros usan este tipo de palabras, sin considerar los sentimientos de los demás.

Todos quieren una familia cálida. ¿No sería usted muy feliz si una atmósfera cálida llenara su hogar al volver cansado después de trabajar? La manera de elevar la temperatura del hogar es decir palabras cálidas. Sin importar cuánto eleve la calefacción, hará frío dentro de una casa si solo hay silencio en ella, o si los miembros de la familia solo dicen palabras frías y duras y se gritan unos a otros.

Según numerosas encuestas, la mitad de los entrevistados dijo que se comunican con los miembros de su familia menos de treinta minutos al día. Se dice que no tienen tiempo de hablar entre sí aunque viven en la misma casa, pero lo que es más triste es que la conversación de la familia que no dura ni treinta minutos, termina en una discusión. ¡Qué triste es desperdiciar ese precioso tiempo discutiendo!

Esto no significa que siempre sea bueno entablar una larga conversación con su familia. Mientras puedan darse fuerzas y ánimo y confirmar el amor entre ustedes, un corto tiempo es suficiente. “Confío en ti”, “Está bien, esas cosas pasan”, “Mamá y papá son felices debido a ti”. Estas expresiones elevan la temperatura del hogar. Vitaliza el ambiente familiar y a la familia también.

El abuso verbal es violencia

El uso de palabras duras está traspasando los límites de la razón. Los adolescentes no piensan lo que dicen, y usualmente dicen groserías. Hay muchas personas que renuncian a sus trabajos por el abuso verbal que reciben de sus jefes o clientes. Incluso en los medios de comunicación, se comparten palabras groseras fácilmente sin pensar, y la situación empeora en el mundo cibernético, en donde el anonimato está garantizado.

Patricia Evans, experta en comunicación, señala: “El abuso verbal es una manera de mostrar que uno está por encima del otro. No es visible como el abuso físico, pero proporciona un mayor dolor. La víctima se siente confundida y su autoestima colapsa poco a poco”. Es un error tratar de mostrar superioridad a través de palabras agresivas o lenguaje ofensivo. Ese modo de hablar podría hacer sumisa a la otra persona exteriormente, mas no por dentro; el otro jamás admitirá de corazón que el orador es superior a él.

La razón por la que las personas tienen miedo de cometer errores es que les da miedo el resultado de dichos errores, pero también se debe a que no quieren escuchar a otras personas decir: “¿Ni siquiera puedes hacer eso apropiadamente?” “¿Qué puedo esperar de ti?” “No debí confiar en ti”. Se sienten cohibidos porque estas palabras hirientes son lo primero que pasa por sus mentes. Aunque haya sido su error, se sentirán atacados por palabras como esas, y también tendrán una sensación de repugnancia, y pensarán: “¡Ni siquiera es un error grave!” “¿Y tú? ¡Veré qué tan bien haces ese trabajo!”.

Los niños que crecen escuchando palabras ofensivas de sus padres, tienden a desviarse. Incluso los adultos son fácilmente sacudidos por comentarios agresivos, ¿así que cuánto más se verán sacudidos los niños por ellos? Aun cuando un comentario agresivo está envuelto con una excusa pretenciosa como: “¡Este consejo es por tu propio bien!”, si produce estrés al que lo escucha, no hay más que efectos negativos. ¿Alguna vez ha pensado: “Somos una familia. Sé que no quiere escucharlo pero, ¿quién más se lo dirá?”? Con este sentido de responsabilidad, ¿ha señalado sus errores sin prestar atención y les ha causado estrés? Si ha señalado algo, debe hacerlo con palabras cálidas para que no se sientan heridos. Es en ese momento cuando pueden sentir que su consejo es de amor y preocupación y esa calidez puede hacerles cambiar.

Las groserías o cualquier comentario que denigre la apariencia de alguien, un comentario que menosprecie las habilidades de alguien e insultar el carácter de alguien, son todos violencia. Es un atajo para debilitar y enfermar a su familia. ¡Qué bélico sería si hubiera una pila de armas de fuego, cuchillos y bombas dentro de una casa! El abuso verbal puede ser un arma y uno tendrá que pagar el precio por usarla. El abuso verbal hace del orador una víctima, igual como de quien escucha. Nuestro cerebro no distingue si lo que sale de nuestra boca es para uno mismo o para alguien más. El cerebro toma esas palabras ofensivas que estaban destinadas para alguien más, también como para uno mismo.

Nuestra vida es muy corta incluso solo para decir buenas palabras. Una vida contaminada por palabras como: “Es tan frustrante”, “Es irritante” o “Estoy cansado de esto”, no puede ser feliz. Controle sus hábitos lingüísticos y la manera en que habla cuando converse con su familia.

El poder de una palabra amable

Un hombre de más de treinta años estaba sentado con sus piernas colgadas sobre el Ha’penny Brigde en Dublín, Irlanda. Tenía lágrimas en el rostro, listo para terminar con su vida. Entonces Jamie, un joven de 16 años, lo vio mientras cruzaba el puente, se acercó a él y preguntó: “¿Está bien?”. Ya que el joven seguía conversando con él, el hombre se trasladó a un lugar más seguro y cambió de opinión. Tres meses después, el joven recibió un mensaje de texto del hombre que había querido suicidarse. En el mensaje decía que su esposa estaba embarazada, y que decidió llamar al bebé “Jamie”. El hombre dijo que las simples palabras “¿está bien?” salvaron su vida y que aún resuenan en su cabeza todos los días.

El futbolista Park Ji-sung, que es llamado héroe del fútbol en Corea, contó algo que le dijo Hiddink, el entrenador del equipo, cuando sufrió una lesión y estaba sentado solo en los vestidores. Lo que Hiddink le dijo fue: “Tienes un espíritu fuerte. Con ese espíritu, definitivamente te convertirás en un gran futbolista”.

Él no es la única persona cuya vida cambió gracias a una palabra. El valor de una palabra cálida no puede reemplazarse con nada. Las palabras: “Gracias por trabajar duro por nuestra familia”, pueden levantar los hombros caídos del esposo. Y las palabras: “Eres más hermosa que cualquier actriz”, pueden quitar las arrugas de cualquier esposa. “Mamá, papá, los amo”, “Los amo, hijos míos”, hacen que los padres y los hijos sean las personas más felices en el mundo.

Una palabra amable guía a una persona enojada a la calma. Cuando alguien de su familia está enojado, si usted dice palabras agresivas como: “¡Estás exagerando!”, “¿Por qué te desquitas conmigo?” o “¿Qué fue lo que hice?”, es como echar gasolina al fuego. En este caso, es mejor escuchar y sentir empatía con la persona que está molesta, diciendo: “Lo siento”, “Te ves muy enojado por ello” o “¿Quieres decirme por qué estás molesto?”, y escuchar lo que tengan que decir. Entonces se calmarán fácilmente.

Los mejores padres son aquellos que dicen buenas cosas a sus hijos, y no necesariamente los que les dan ropa bonita y los envían a una buena escuela. El mejor esposo es el que dice palabras amables a su esposa, y no necesariamente el que hace mucho dinero. La mejor esposa es también la que da energía a su esposo con palabras amables. Una palabra amable tiene el poder de la vitalidad. Irradie ese poder con su familia en su vida diaria.

Durante el tiempo del Holocausto, había una niña y su hermano menor en un tren que iba hacia el campo de concentración de Auschwitz. Cuando se dio cuenta de que su hermano había perdido sus zapatos, se enojó y le dijo: “¡Ni siquiera puedes cuidar bien tus zapatos! ¿Qué sucede contigo?”. Eso fue lo último que le dijo, y nunca más se volvieron a ver. La hermana sobrevivió, mas su hermano no, y susurró mientras salía del campo de concentración: “De hoy en adelante, solo diré palabras de las que no me avergüence si llegan a ser lo último que diga en mi vida”.

Nuestra vida es impredecible. Piense en la última palabra que le dijo a su familia hoy. ¿Fue algo bueno como para ser la última palabra pronunciada, algo de lo que no se arrepentirá aunque se separe de su familia ahora y por siempre?

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