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julio 15, 2020

El sonido de victoria del evangelio resuena en Papúa Nueva Guinea

Lucille Langiri, desde Sídney, Australia

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Mi patria es Papúa Nueva Guinea, un país que tiene más de 600 islas, más de 800 idiomas locales, animales desconocidos, selvas primitivas, cultura única y biodiversidad.

Desde que recibí la verdad mientras vivía en Australia, lo que más quería hacer era difundir la bendición de la salvación a mi familia que amaba mucho a Dios en mi país de origen. Con mucho entusiasmo volé a Papúa Nueva Guinea y prediqué la verdad, pero el resultado fue decepcionante. Como su orgullo por su fe en el cristianismo era grande, sus ideas fijas impedían que conocieran la verdad. No tuve más alternativa que volver a Sídney, conteniendo mi tristeza.

Con el tiempo, la luz de la esperanza se vio poco a poco en Papúa Nueva Guinea, donde solo había oscuridad espiritual: mi hermano menor y su esposa cambiaron sus corazones para convertirse en hijos de Dios Elohim cuando vinieron a Sídney. Regresaron a Papúa Nueva Guinea y guardaron su fe leyendo los Libros de la Verdad y escuchando las fragancias de Sion a pesar de la dificultad y el sufrimiento. Su paciencia en medio de las aflicciones hizo que surgieran mi esperanza y mi valor para la obra del evangelio en Papúa Nueva Guinea.

“¡Algún día, todos en Papúa Nueva Guinea comprenderán la verdad!”

A medida que el evangelio se difundía en otros países insulares alrededor de Australia como Samoa y Tonga, y se anunció la misión de predicar a siete mil millones de personas, mi sueño del evangelio en Papúa Nueva Guinea se grabó con más claridad.

Mientras visitaba mi país varias veces y predicaba el evangelio para cumplir mi sueño, se formó un equipo misionero de corto plazo a Papúa Nueva Guinea. Estaba muy agradecida con los miembros de Sion que se estaban preparando para la misión de corto plazo con pasión. Los miembros del equipo misionero se enfrentaron con grandes y pequeñas dificultades antes de partir hacia Papúa Nueva Guinea, pero todos eran apasionados por el evangelio, sin vacilar.

Finalmente, volamos durante una hora y diez minutos de Sídney a Brisbane, y otras tres horas y media de Brisbane a Port Moresby, la capital de Papúa Nueva Guinea. Tan pronto como llegamos allí, nos dirigimos al Cuartel de la Policía de Bomana, que estaba a quince minutos en automóvil desde el aeropuerto, donde yo había crecido y mi padre trabajaba como oficial de policía, para predicar a mis amigos y vecinos. Mi hermano menor se nos unió a la predicación de corto plazo a pesar de su apretada agenda.

La predicación comenzó en serio al día siguiente. Al escuchar que había llegado un equipo misionero de corto plazo, muchas personas vinieron a vernos, porque mi prima Bernadette y mi amiga Jean, quienes se conmovieron con la palabra cuando vine anteriormente a Papúa Nueva Guinea y les prediqué, habían predicado diligentemente la verdad a las personas de su alrededor. Sorprendidas por la segura palabra de Dios, nos pidieron que también predicáramos la verdad a sus familias, así que no pudimos salir de los cuarteles de la policía. Entonces recordé la última vez en que tuve que regresar a Sídney, dejando en Papúa Nueva Guinea a Bernadette y a Jean, cuya fe todavía era inmadura. Preocupada por ellas, les dije con lágrimas: “Por favor, esperen un poco hasta que regrese”. Llegó el momento y cosechamos juntas las gavillas de alegría.

Los miembros del equipo misionero de corto plazo deben de haber estado cansados debido a su apretada agenda, pero predicaron con todas sus fuerzas. Mi hermano menor, que había esperado durante mucho tiempo para que se estableciera Sion, acumuló recompensas celestiales alegremente, interpretando lo que decía el equipo misionero. Mi corazón se llenó de alegría indescriptible.

En cuestión de días, quince almas renacieron en Dios Elohim. En el Día de Reposo, guardamos el primer culto, rebosando de gracia, en la sala de conferencias de un hotel. El martes, que fue un día antes de la partida del equipo misionero de corto plazo, los hermanos y hermanas nuevos nos sirvieron comida tradicional para agradecernos por enseñarles la verdad y participaron en el culto del Tercer Día que se guardó en la casa de mi padre esa noche.

El hermano Moisés se quitó el collar con una cruz en cuanto entendió la palabra de Dios de no adorar ídolos, y el hermano Emanuel se arrepintió verdaderamente de haber recorrido un camino equivocado durante mucho tiempo después de distinguir la verdad de la falsedad a través de la Biblia, y guio a su familia al Dios verdadero. Los hermanos y hermanas nuevos no eran sacudidos por los obstáculos de las falsas iglesias, sino que abrían valientemente la Biblia y les mostraban la verdad. ¡Qué aliviada estaba! Abordé el avión para Sídney muy feliz, imaginando el camino del evangelio que estos hermanos y hermanas recorrerían en Dios.

Si me preguntan cuál fue el momento más feliz de mi vida, no necesitaría pensarlo dos veces; diría que fue el momento en que conocí a la Madre celestial en persona; nada sería más feliz que ese momento en esta tierra. Sin embargo, mientras buscaba a nuestros hermanos y hermanas perdidos y los alimentaba con la palabra con todo mi corazón en Papúa Nueva Guinea, pude sentir la misma felicidad que tuve cuando estuve con la Madre en Corea. Entonces comprendí que el amor fraternal también es un regalo de felicidad que la Madre nos ha dado.

Doy gracias a Dios Elohim por concederme las bendiciones que no se pueden comprar con dinero. Se podría haber logrado un mejor resultado si Dios hubiera elegido a alguien más, pero Él me eligió a mí, que soy imperfecta en muchos aspectos, y me encomendó la misión, para que aprendiera y comprendiera muchas cosas y me convirtiera en una gran obrera del evangelio. Aprendí la importancia de la unidad de los miembros del equipo misionero de corto plazo, y el valor de la predicación de mi hermano menor y su esposa, y de las hermanas Bernadette y Jean.

Grabaré en mi corazón mi misión y las bendiciones de Dios, y predicaré diligentemente la verdad en mi circunstancia dada para que este entendimiento y emoción no se borren. Oraré continuamente y ayudaré a la obra del evangelio en Papúa Nueva Guinea hasta que todas las personas aquí escuchen la verdad. Papúa Nueva Guinea realmente ama a Dios y la palabra de la Biblia. No importa cuán ocupados estén, si alguien les predica la palabra de la Biblia se detienen y escuchan. No puedo esperar hasta regresar y predicarles la palabra.

Creo que esta misión de corto plazo fue un cohete luminoso de la obra del evangelio que se llevará a cabo en gran medida en Papúa Nueva Guinea. Mi corazón palpita cada vez que imagino siquiera un poco qué tipo de obra realizará Dios allí, como el día que partí a la primera misión de corto plazo. ¡Miembros de la familia celestial! ¿No tienen curiosidad por el futuro de Papúa Nueva Guinea?

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