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Los secretos contenidos en la voz de mamá

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Un vídeo sobre una bebé que había nacido sorda, escuchando la voz de su madre por primera vez y conmoviéndose casi hasta las lágrimas, se volvió viral. Al escuchar la suave voz de su madre por primera vez con la ayuda de audífonos especiales, la bebé sonrió y también hizo un puchero casi llorando. ¿Recuerda la voz de su madre que escuchó en el útero?

Los fetos pueden oír

Hasta fines del siglo xix, la gente pensaba que los fetos no tenían capacidad auditiva. Sin embargo, en 1925, se comprobó que los fetos pueden oír, cuando el médico alemán Albrecht Peiper descubrió que los fetos reaccionan a la bocina de un auto.

En la cuarta semana de embarazo, empiezan a mostrarse en el embrión las partes donde se formarán las orejas, y el oído interno1 se completa en la semana 24. El sistema nervioso comienza a desarrollarse en la etapa fetal inicial, y en la semana 34 el feto tiene un nervio auditivo, comparable con el de un recién nacido.

1. Oído interno: la parte más interna del oído. El oído interno está formado por tres partes: la cóclea, que es el área auditiva, los canales semicirculares y el vestíbulo que detecta el equilibrio.

Mientras está en el útero de la madre nueve meses, el feto está expuesto a diversos ruidos que se hacen dentro del cuerpo de la madre, como los latidos del corazón, de los órganos y el flujo sanguíneo. El feto también puede escuchar sus propios latidos, que son aproximadamente dos veces más rápidos que los de su madre, y el sonido de sus movimientos fetales. Mientras crece, el feto también escucha los ruidos del exterior, como los automóviles y la música.

Cuando los bebés recién nacidos se asustan y lloran, el sonido estático de un canal en blanco en la televisión los calma y pronto dejan de llorar. Algunos padres dicen que el sonido de las aspiradoras calma a sus bebés, y otros señalan que el crujir de una bolsa de plástico hizo que sus bebés volvieran a sonreír. Esto se debe a que, mientras los ruidos del exterior atraviesan las paredes uterinas de la madre y el líquido amniótico, los ruidos bajos o los sonidos agudos se filtran y solo se transmiten al feto los sonidos graves constantes de baja frecuencia. Debido a estas experiencias dentro del útero, los bebés están más acostumbrados a los sonidos bajos y suaves.

Sentido auditivo y desarrollo del cerebro fetal

La inteligencia se determina dependiendo de qué tan elaboradas se desarrollen las sinapsis para conectar las neuronas en el cerebro. Aproximadamente en el sexto mes de embarazo, el desarrollo del cerebro fetal se acelera hasta producir alrededor de 60 millones de células cerebrales todos los días. Más del 80 % del cerebro fetal ya está completo, y el feto puede escuchar ruidos fuera del útero. Y para el octavo mes de embarazo, comienzan a formarse recuerdos a corto plazo y el feto puede distinguir la intensidad de los sonidos. Incluso pueden saber en qué estado de ánimo está su madre al distinguir la intensidad de su voz. Así, entre los cinco sentidos, la audición se desarrolla más en el útero antes del nacimiento y está estrechamente relacionada con el desarrollo del cerebro fetal.

Los científicos dicen que los diversos estímulos sensitivos de un feto, como ver, oír y sentir, proporcionan energía para el crecimiento de las células cerebrales. Entre ellos, los estímulos de la audición representan más del 80 % del total, y los sonidos o la música influyen en el desarrollo del cuerpo y la inteligencia del feto, no solo en el desarrollo emocional. Los ruidos que experimenta un feto dentro del útero se convierten en la primera estimulación que influye en las células cerebrales a través del órgano auditivo fetal, y los ruidos que ingresan en el cerebro fetal quedan claramente grabados en sus recuerdos y radican en su subconsciencia para toda la vida.

El ruido que más escucha un feto en el útero es el latido del corazón de su madre. El Dr. William Liley de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, realizó un interesante experimento usando un metrónomo. Cuando a los sujetos se les dio un metrónomo y se les pidió que lo ajustaran al ritmo que les gustara, sorprendentemente la mayoría de la gente lo puso entre 50 y 90 veces por minuto. Esto casi coincide con la frecuencia cardíaca humana.

Un bebé deja de llorar cuando se le coloca sobre el pecho de su madre; esto es debido a los latidos del corazón de la madre que él oye a través de su pecho. Este es un ruido familiar que oía constantemente en el útero. Además, si el bebé escucha la voz de la madre cantando una canción de cuna, encuentra consuelo aún más fácilmente.

Entre muchos factores que estimulan la audición, lo que más le gusta al feto es la voz de su madre. La voz tranquila de la madre es un buen estímulo que desarrolla las sinapsis del feto. Los bebés recién nacidos que ni siquiera pueden abrir los ojos, muestran una respuesta hacia la dirección en la que se escucha la voz de su madre, porque recuerdan la voz que escuchaban mientras estaban en el útero. Si también escucharon constantemente la voz del padre mientras estaban en el útero, también mostrarán una respuesta a la voz de él.

Los bebés crecen simpatizando con su mamá

En 2016, los investigadores de la Escuela de Medicina de Stanford analizaron resonancias magnéticas de 24 niños de entre 7 y 12 años para ver qué parte del cerebro se activa cuando escuchan la voz de su madre. El equipo de investigación grabó la voz de su madre y las voces de mujeres desconocidas del mismo rango de edad e hizo que los niños las escucharan. Por objetividad, hicieron que los narradores dijeran palabras al azar que no fueran los nombres de sus hijos. Como resultado, el 97 % de los niños reconocieron la voz de su madre en un solo segundo.

La parte del cerebro que se volvió más activa cuando escucharon la voz de su madre fue la corteza auditiva primaria y la corteza prefrontal. Cuando se estimula la corteza auditiva primaria, mejoran habilidades como las emociones, las habilidades sociales y el reconocimiento facial. La corteza prefrontal es una región del cerebro que reconoce los cambios en el entorno, lo que ayuda a reaccionar a los sonidos circundantes y a recibir nueva información. Además, se conoce que la corteza prefrontal contribuye a mejorar el autocontrol controlando la razón. El autor principal del estudio, el PhD Daniel Abrams, dijo: “Aumentar el tiempo que se pasa con la madre puede ayudar a mejorar las habilidades de comunicación y las habilidades sociales”.

La voz de mamá aceleró la secreción de hormonas que estabilizan las emociones. Seth Pollak, profesor de psicología de la Universidad de Wisconsin-Madison, colocó a 61 niñas de entre 7 y 12 años en una situación estresante en la que tenían que resolver problemas matemáticos, las dividió en tres grupos y realizó un experimento. El primer grupo tuvo una conversación cara a cara con sus mamás durante unos 15 minutos; el segundo grupo vio una película por 60 minutos después de hablar por teléfono con sus madres unos 15 minutos; y el tercer grupo solo vio una película durante 75 minutos sin ningún contacto con sus mamás. Luego, observó los cambios de cortisol que responden al estrés y los cambios de oxitocina, que produce felicidad.

Como resultado del experimento, hubo una gran diferencia entre las niñas que conversaron con su mamá directa o indirectamente y las que no. En cuanto a las niñas que escucharon la voz de su madre, la secreción de cortisol disminuyó rápidamente dentro de los 30 minutos posteriores al examen, y la cantidad de secreción de oxitocinas se mantuvo durante una hora. En el caso de las niñas que vieron una película sin haber hablado con su mamá, la cantidad de secreción de hormonas bajo estrés se mantuvo igual. Esto demuestra que hasta el simple hecho de hablar con su mamá, sin contacto físico, disminuyó el nivel de estrés. Para los niños, la voz de su madre les da más consuelo que cualquier otra cosa.

Los bebés recuerdan claramente las suaves voces de sus madres que escucharon en el útero. Y crecen escuchando esa cálida voz. El poder y la fuerza contenidos en la voz de la madre son realmente asombrosos y misteriosos. La voz de la madre, que siempre estuvo ahí para su hijo desde el comienzo de su vida, contiene el amor maternal con el que solo su hijo puede sentirse consolado.

“para que maméis y os saciéis de los pechos de sus consolaciones; para que bebáis, y os deleitéis con el resplandor de su gloria. […] Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo.” Is. 66:11-13

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.” Jn. 10:27

Referencias
Jeong Gyeong-hee y Park Hyo-mi, Comunicación fetal (en coreano: 태아 커뮤니케이션), Communication Books, 2014
Seo Yu-heon, Una voz tranquila es buena para los fetos (en coreano: 조용한 목소리 태아에 좋다), Donga Ilbo, 2000