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mayo 19, 2020

Si desecha la codicia, puede llenarse de felicidad

— Compararse usted con los demás y demasiada codicia traerán infelicidad. Si quiere ser feliz, esté contento.

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En el día de Año Nuevo, la gente responde de diferentes maneras a las preguntas sobre sus deseos para el nuevo año, sin embargo, su deseo final siempre es el mismo. Es llevar una vida feliz. El criterio de la felicidad varía dependiendo de la gente. Algunas personas piensan que pueden ser felices si tienen mucho dinero, otras piensan que pueden ser felices si tienen mucha fama, y otras creen que tener poder les dará felicidad.

Sin embargo, el millonario Jay Gould dijo antes de morir: “Creo que soy la persona más miserable del mundo”. El emperador Napoleón, que conquistó Europa, confesó: “Solo tuve seis días en mi vida en los que fui realmente feliz”. Jimmy Carter, el expresidente de los Estados Unidos, respondió a la pregunta sobre el día más feliz de su vida: “He dejado la Casa Blanca, y ahora soy más feliz disfrutando”. Muchas personas persiguen el dinero, la fama y el poder para llegar a ser felices. Sin embargo, las personas que poseyeron estas cosas dijeron que no sintieron felicidad a través de ellas. Es realmente irónico.

Un hecho claro es que las condiciones de la felicidad no proceden de las condiciones externas. La felicidad está dentro del corazón. Es por eso que la felicidad es algo que no se puede perder ni robar.

La codicia causa más codicia

Érase una vez una pareja trabajadora y diligente que vivía en una pequeña aldea. Un día, el esposo compró una gansa en el mercado con el dinero que había ganado vendiendo cereales. Despertaron la mañana siguiente y vieron que la gansa había puesto un huevo de oro. Gracias a la gansa que ponía un huevo de oro cada mañana, la pareja se volvió rica, y no necesitaban trabajar más. Sin embargo, la pareja se volvió codiciosa y comenzó a quejarse: “¿Cómo es que esta gansa tonta no pone más de un huevo al día?”.

Entonces a la esposa se le ocurrió una idea. Ella dijo: “¡Si abrimos el vientre de la gansa, encontraremos muchos huevos de oro ahí!”. El esposo estuvo de acuerdo con ella, y terminaron cortándole el vientre a la gansa. Sin embargo, no había nada en su interior, y la pareja quedó destrozada por la muerte de la gansa.

Como esta pareja necia de las Fábulas de Esopo, la codicia de la gente no tiene fin. Cuanto más tienen, más quieren. Uno de los saludos que las personas comparten en estos días es: “¡Hágase rico!”. No es difícil ver que la relación de una familia se rompe debido a su codicia por las cosas materiales. Los hermanos van al tribunal por asuntos de herencia, y muchas personas cometen crímenes inmorales contra sus padres por dinero.

Algunos dicen que trabajan muy duro para hacer dinero para la felicidad de sus hijos. Creen que cuanto más tienen, mejor pueden criar a sus hijos, y que cuantos más lujos den a sus hijos, el futuro de estos será más feliz. Todos los padres quieren hacerlo todo por sus hijos, y les dan solo las mejores cosas. Sin embargo, usted no necesita desanimarse si no puede hacerlo. Cuando sus hijos crezcan y maduren, comprenderán su corazón y reirán junto con usted, pensando en los antiguos y buenos recuerdos de su infancia. Lo que los niños realmente necesitan heredar no es la riqueza, sino un corazón agradecido incluso en las pequeñas cosas, de modo que hagan que su prójimo y ellos mismos se sientan satisfechos y felices.

La felicidad desaparece cuando se compara con los demás

¿Qué atleta cree que se sentiría más feliz, el que ganó una medalla de plata o el que ganó una medalla de bronce? ¿No debería sentirse más feliz el que ganó la medalla de plata? Sin embargo, un estudio realizado por la psicóloga social Victoria Medvec, expuso que los atletas que ganaron medallas de bronce estaban más felices que los que ganaron medallas de plata. Los medallistas de bronce estaban felices simplemente por recibir el honor de subirse al podio en vez de no ganar ninguna medalla, mientras que los medallistas de plata no estaban satisfechos con sus medallas porque pensaban que habían perdido la medalla de oro por una pequeña diferencia. Esto significa que perdieron la alegría al compararse con los medallistas de oro.

Compararse con los demás siempre le hará sentirse subestimado e insatisfecho. Si siente celos cuando algo bueno le pasa a sus conocidos, será doloroso para usted. Si solo se concentra en las apariencias, riqueza y habilidades de los demás, no podrá verse a sí mismo ni ver la verdadera naturaleza de los miembros de su familia.

Si solo compara a los miembros de su familia con los de otras familias y piensa: “El esposo de mi amiga la ayuda con las tareas domésticas”, “Sus padres le compran lo que ella desea”, “El hijo de mi amiga es muy inteligente”, etc., entonces se sentirá descontenta con sus familiares. Una persona feliz se siente contenta con lo que tiene. El que se siente contento con su vida no es una persona sin ninguna voluntad ni esperanza, sino que es alguien que no se siente influenciado por los demás o por el medio ambiente, hallando su propia felicidad y recorriendo ese camino alegremente.

Tratar de cambiar a un miembro de la familia de la manera que desea, también es codicia

¿Puede cambiar a los miembros de su familia? Por supuesto, no me refiero a cambiarlos por otras personas, sino a cambiarlos como desea que sean o hacerles vivir como desea que vivan. La respuesta es no. En conclusión, tal intento no tiene sentido. Todos tienen diferentes gustos, hábitos y maneras de hablar. Como dice el refrán: “Genio y figura hasta la sepultura”, el carácter de un hombre se forma desde su infancia, o tal vez nace con eso. Por lo tanto, tratar de cambiar a alguien de la manera que desea, es solamente codicia, y solo le traerá más conflictos si no se deshace de esa codicia.

Muchos padres dan unilateralmente a sus hijos una excesiva educación sin escuchar sus opiniones, o controlan cada detalle de ellos, incluso las cosas que ellos mismos deben decidir, y quieren que obedezcan su voluntad. Esa codicia de los padres hace que sus hijos sean infelices. Algunos padres ni siquiera permiten que sus hijos se casen, debido a que la persona con quien quieren casarse no satisface sus requisitos o condiciones. Todo lo que los padres necesitan hacer es apoyar a sus hijos a cultivar su propia vida. Enfatizar esto y animarlos a ser responsables es la manera de ayudarlos.

Como esposo o esposa, no debe odiar a su cónyuge solo porque no sigue su voluntad. Debe tratarlo con un corazón generoso. Aunque vea en su cónyuge cosas desagradables que no reconocía antes, no se arrepienta ni se reproche con pensamientos como “¡estaba cegado de amor en ese momento!”, sino trate de verlo con ojos de afecto y consideración. Entonces podrá ver más virtudes que defectos.

Todos sueñan con una familia ideal. Un padre gentil, una madre sabia, hijos bondadosos que se aman entre sí, una nuera amable, un yerno confiable… Sin embargo, así como ningún hombre es perfecto en este mundo, no todos los miembros de la familia pueden ser perfectos ante sus ojos. Los miembros de la familia no son personas que pueda elegir como si escogiera un artículo cuando va de compras. Una familia comparte una relación de sangre y amor. Por lo tanto, es necesario reconocer a los miembros de la familia tal como son.

¿Qué puede ser más feliz que ser amado por alguien a quien ama? Aquellos a quienes ama más y por quienes más desea ser amado, deben ser los miembros de su familia. Así que, por favor no intente cambiar según su deseo a los miembros de su familia, a quienes ama mucho, sino esté agradecido de que estén con usted, y esté gozoso de que puedan ayudarse unos a otros, sobreviviendo en este mundo duro.

Alguien dijo: “La felicidad es mirar las flores del campo. Sin embargo, la gente piensa que la felicidad es cortar aquellas flores y tenerlas en sus manos. Es por eso que la felicidad empieza a marchitarse en cuanto la toman”. Si ahora siente infelicidad, verifique si está intentando tomar las flores del campo. Esté agradecido de poder ver que las flores se mueven por el viento, y esté contento de estar con personas con quienes pueda compartir su fragancia. Entonces, una flor más hermosa brotará en su corazón. Es la flor que no se marchita, llamada “felicidad”.

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