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La octava Lección de la Madre

“Si elogiamos a los hermanos, los elogios volverán a nosotros mismos.”

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Hay un proverbio: “Si las palabras que salen son hermosas, las palabras que entren también lo serán”. Este proverbio muestra bien las características de las palabras. Las palabras tienen un gran poder y son como un eco. Si elogiamos a los demás, los elogios volverán a nosotros mismos. Si criticamos a los demás, ellos también nos criticarán. Esta es la razón por la que la Madre nos enseñó: “Si elogiamos a los hermanos, los elogios volverán a nosotros mismos”. Si recordamos esta enseñanza y nos elogiamos y animamos unos a otros, incluso en cosas pequeñas, los elogios y el ánimo volverán a nosotros. Además, Dios, que recuerda todo, nos elogiará y nos dará bendiciones.

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.” Mt. 7:12

También debemos recordar que Dios se complace cuando los hermanos están unidos en Sion (Sal. 133:1-3). ¿Cómo pueden los miembros de la familia espiritual compartir amor y unirse entre sí? Si nos elogiamos y animamos con amor, podemos unirnos.

Ya que somos pecadores, cometemos errores y, a veces, hablamos o actuamos incorrectamente. Sin embargo, si frecuentemente exponemos y señalamos los errores de los hermanos, Sion nunca tendrá la unidad que a Dios le agrada. Cuando vemos los errores o deficiencias de los hermanos, tenemos que recordar que nosotros también somos pecadores imperfectos en muchos aspectos, y debemos elogiarlos, cubriendo sus carencias. Si lo hacemos, Sion puede ser perfecta en unidad y Dios estará complacido. Elogiemos a nuestros hermanos y seamos hijos de Dios unidos y bendecidos por Dios.

Preguntas de reflexión
¿Cuál es la octava Lección de la Madre?
Hablemos de lo que debemos hacer cuando vemos los errores de nuestros hermanos.